Santo Domingo (El Comercio). El  norte de Manabí y el  sur de Esmeraldas  se llenan de piscinas de camarón. Hace más de un año, los productores reactivaron las antiguas instalaciones y han obtenido algunas cosechas del crustáceo.

 

Es una muestra de la recuperación del sector camaronero, cuya producción ha llegado a niveles parecidos a los de 1998, antes del aparecimiento de la enfermedad de la mancha blanca. Según la Cámara Nacional de Acuicultura, en el 2006 se produjeron 264 millones de libras de camarón.
 
Nilfrides Vidal está atento al trabajo en  las piscinas desde hace más de un año, cuando  lo contrataron como ayudante. Él controla el trabajo de los siete empleados de la camaronera reactivada.

Los hombres retornaron a  las piscinas después de cuatro años, cuando las piscinas se cerraron definitivamente  por el virus. Las piscinas se abandonaron y casi nadie se atrevía a sembrar  para no quebrar. Los desempleados debieron dedicarse a otras actividades: ganadería, agricultura...

Pero las cosas cambiaron a finales del 2005 e inicios del 2006. Los laboratorios iniciaron investigaciones y mejoraron la genética del camarón. “Además de combatir la enfermedad, que nos llevó a la quiebra, aprendimos de ella.  Ahora sabemos cómo ser productores”, señala Luis Cevallos, camaronero de Pedernales.

Cerca del mar, en  Chamanga (sur de Esmeraldas), hay más de 100 hectáreas que están a cargo de Vidal. Entre las piscinas, en los pequeños espacios libres,  se levantan las casas de madera de los empleados, quienes tienen una forma muy peculiar de comunicarse: usan petardos. “Cuando ocurre algo se prende uno y enseguida nos reunimos”, cuenta.

Además de los empleados,  las camaroneras tienen un administrador, un biólogo y un capataz, para ser más productivas. “Debemos vigilar cualquier cambio: el clima, la lluvia, la salinidad y los niveles de supervivencia”, expresa Dilque Barreiro, administrador de una  camaronera.

Con todos los cuidados que se realizan, la producción se acerca a los niveles de 1997 y 1998. En esos años se obtenía entre 25 y 30 quintales de camarón por hectárea. Actualmente, los 140 productores de esa  jurisdicción obtienen de  20 a 25 quintales por ha.

El crustáceo llega a pesar hasta 12 gramos, el ideal para la exportación. El valor por cada uno bordea 1  dólar y los costos de producción por hectárea son  de  500 dólares. “Ahora esperamos que el precio se incremente y alcance los  de 1997 cuando  era de 2, 50 por cada camarón de 12 gramos”, detalla
Cevallos.

“Para  ello tuvimos que recuperar los suelos y el agua, pues estaban saturados de químicos. Eso fue por  los químicos que  se utilizaron contra  la mancha blanca”.

El negocio se reactiva

Por cada hectárea  se siembran 70 000 larvas, de las que se espera que sobreviva el 50 por ciento, para obtener ganancias. El millar de larvas cuesta un dólar.

Los meses de mayor  exportación van de febrero a abril y de junio a octubre. En esos meses se espera un incremento del precio del camarón.

En la zona de Pedernales,  Cojimíes y Muisne existen alrededor de 16 000 hectáreas de piscinas camaroneras, de las cuales el cinco por ciento todavía  no se  ha rehabilitado.

Los camaroneros  decidieron diversificar sus inversiones y se interesaron en la ganadería y algunos productos agrícolas.

Fuente: http://www.elcomercio.com