Por: Martín G. Piñeiro.
(Galiciae).- La creciente incorporación de las algas a la gastronomía ha abierto en los últimos años una oportunidad de negocio para el sector marisquero gallego, que ha visto en estos vegetales marinos una fuente de ingresos hasta hace poco limitada a mero complemento de las economías familiares, cuando se recogían y vendían para la industria cosmética o la experimentación médica.

 

En 2004 llegaron a las lonjas gallegas las primeras especies y desde entonces, las algas han dejado más de 190.000 euros en las arcas de los mariscadores de a pie. A esta cantidad hay que sumarle otra mucho mayor, la generada por las industrias que se han especializado en este mercado y que en Galicia son, principalmente, cuatro: Algamar, Ceamsa, Lou y Porto Muíños.

La costa gallega es la mayor huerta submarina del sur de Europa, aunque hasta hace poco tiempo las más de 600 especies que se pueden encontrar en el litoral de Lugo, A Coruña y Pontevedra pasaran desapercibidas para la industria.

Falla el engranaje
Aún así, la recolección de algas por parte de mariscadores y empresas en Galicia apenas aporta 500 toneladas a una industria que procesa unas 6.000 al año. Es decir: Galicia debe importar el 90% de las algas que necesita pese a tener en su costa la mayor despensa de España. La principal culpable de esta situación es la Compañía Española de Algas Marinas S.A. (Ceamsa), la única que no envasa para consumo sino para producir espesantes industriales.

Es la principal importadora de algas de la comunidad, ya que las compañías de conservas y envasado Lou, Algamar y Porto Muíños se autoabastecen con lo que produce la costa gallega.

Una vez más, en la comunidad falla el engranaje central. Hay materia prima de primera calidad, como en muchos otros campos del sector primario, pero ésta no se explota, pese a los recientes esfuerzos de algunas  compañías de crear polígonos de cultivo de algas en la costa, como el que tiene Agrogalicia en Merexo (Muxía) y donde ya se han extraído numerosas toneladas este año. Porto Muíños también tiene instalaciones similares en Lorbé y en Sada (A Coruña).

Las principales compañías del sector también tienen que salir de Galicia cuando se trata de comprar simiente, siendo Santander y Francia sus principales abastecedores. En estos polígonos se cultivan principalmente especies ya diseñadas para ello e introducidas en el mercado nacional desde Japón en los últimos años. Los exponentes más claros son el wakame o el kombu de azúcar, muy apreciados en la gastronomía.

Planes de explotación
Sin embargo, el litoral gallego cuenta con numerosas especies aptas para el consumo humano, la industria cosmética e incluso la medicinal, apartado este último al que se dedica en exclusiva otra compañía de la comunidad, la Central Galaica de Plantas Medicinais, que tiene 20 días entre junio y septiembre para recorrer el litoral de Lugo y A Coruña en busca de las especies que necesita, según el plan de explotación de la Consellería de Pesca.

Conservas Porto Muíños es la compañía con más días de recolección, con 180 entre enero y diciembre en todo el litoral gallego. Le sigue de cerca Algamar, con 166 días de enero a agosto y también en toda la costa. Conservas y Ahumados Lou dispone también de todo el territorio gallego para la extracción de algas, pero sólo en 40 días entre mayo y agosto, según lo establecido por Pesca.

Mención aparte merece la Compañía Española de Algas Marinas S.A (Ceamsa), una de las más antiguas en el sector –nació en 1967– y que recoge en 96 días de marzo a octubre en varias zonas limitadas de Galicia. Ceamsa, a diferencia de las empresas conserveras que envasan los vegetales marinos, usa diferentes familias de algas para elaborar carragenatos, un aditivo que se usa en la industria cárnica, láctea y como espesante para gominolas, helados y productos de droguería.

Eso si, Ceamsa echa mano de especies muy concretas de algas: Chondrus crispus, Eucheuma cottonii, Eucheuma spinosum y varias familias de Gigartinas, e importa la mayor parte de su producción.

A la actividad extractora de estas cinco industrias se suman en Galicia los permisos de explotación de 18 cofradías de pescadores y dos sociedades cooperativas pesqueras. Son las de A Coruña, Sada, Camariñas,, Camelle, Corcubión, Espasante, Lira, Muros, Ribeira, Aldán- Hío, O Grove, Portonovo, Raxó, Bueu, Pontevedra, Marín, Lourizán y Cangas, junto a las sociedades Mergulladores de Fisterra y Mardelira.

Lento, pero seguro
Aunque por el momento la actividad económica vinculada a la extracción de algas pasa desapercibida, todos son conscientes de su potencial. Las algas "son un producto que cotiza al alza" y que está de moda "por su valor gastronómico y su imagen ecológica", aseguran desde Porto Muíños.

Esta compañía vio la oportunidad de negocio en 1998 y desde entonces no ha parado de investigar y perfeccionar los procedimientos de extracción,envasado y sobre todo, márketing, el más importante.

El objetivo que se había propuesto entonces la compañía era “incluir las algas en la dieta habitual de los consumidores como un alimento más, como una verdura”. Porto Muíños es un claro ejemplo del boom experimentado por este mercado al alza en la comunidad. En 1998 su producción anual era de 1.000 kilos, situándose hoy en cifras superiores a las 1000 toneladas de siete variedades diferentes.

De todas formas, en Algamar, donde procesan 200 toneladas al año, reconocen que el mercado crece, “pero lentamente”. “Por lo menos ahora a la gente ya le suena que es algo comestible”.

Un producto apto para casi todo
El mercado de las algas tiene, como todos, aspectos favor y en contra. El más negativo es que de una producción de alga fresca al producto final, tras pasar por el proceso de deshidratado, se pierde mucho dinero y mucha rentabilidad.

Por contra, su gran virtud es la versatilidad  de este producto, apto para casi todo. La aplicación más conocida es la del consumo humano. Existen más de 200 especies aptas para comer, siendo Japón (81 especies) el principal mercado.

Pero las algas también se aplican en tierras como fertilizantes, primero de forma tradicional y ahora a nivel industrial. En la industria cosmética, farmacéutica y alimentaria también se emplean como espesantes, ficocoloides y gomas industriales (confituras, gominolas, batidos, desodorantes, conservantes, tintas, insecticidas, etc).  Por último, su aplicación  medicinal avanza, como en aplicaciones contra el herpes.

Fuente: http://www.galiciae.com