Por Francisco Marín
(El Mostrador).- Es el principal antecedente que tiene Estados Unidos sobre los problemas de la salmonicultura chilena y lo firma Stepehen K Ellis. En él se hace un lapidario balance que da cuenta de las grandes mortalidades provocadas por el ISA, de la excesiva manipulación de los peces y de la “ausencia total” de las medidas de bioseguridad necesarias para evitar las enfermedades y su propagación. Evidencia de esto sería la carencia de tecnología y laboratorios en suelo chileno que permitan detectar el mortífero virus que devasta a los salmones.

 

La salmonicultura chilena vive una crisis profunda. Expresión de esto es que la transnacional noruega Marine Harvest (MH), está cerrando sus plantas y centros en nuestro país. La razón son las enormes pérdidas operacionales que tiene en Chile y que están afectando seriamente sus resultados globales. Las acciones de MH –que se cotizan en la bolsa de Oslo- tuvieron el año pasado una merma de un 27%, según señala el balance de esta empresa que es la primera productora mundial de salmónidos, siendo también la principal de Chile.

La crisis de MH no es un caso aislado. Las acciones de las dos salmoneras chilenas que cotizan en la bolsa de Santiago, Multiexport (en la bolsa es Multifood) e Invertec (Ivermar), registran un descenso de más de un 40% en los 4 primeros meses de este año. El precio de la libra de salmón chileno, que el 2006 valía 4 dólares, el 2007 se cotizaba a un dólar. Sólo este año las salmoneras han despedido a 4.800 trabajadores y MH anunció para junio 1.200 nuevos despidos.

El borde costero de la décima región está siendo testigo de cómo los otrora bullentes centros de engorda de salmónidos (CES), son abandonados tal como ocurriera con las salitreras de la pampa nortina desde fines de los años veinte del siglo pasado. En el Estuario de Reloncaví más de la mitad de los 31 CES son hoy sólo estructuras flotantes. Mainstream ha cerrado sus centros en Calbuco, Quellón y Achao. Esta tendencia se reproduce en toda la décima región, donde se produce –o producía- el 70% del salmón chileno hasta el 2007.

La razón de este descalabro: las inmensas mortalidades fruto del imparable avance del ISA (anemia infecciosa del salmón) y de la plaga de piojos de mar (caligus sp), que están arrasando los CES de la décima y undécima regiones. Y lo peor está por venir.

El informe Ellis

La compleja situación de la industria salmonera está siendo atentamente monitoreada por los países consumidores entre los que destaca Estados Unidos, el mayor importador de salmones chilenos. El año pasado los retornos por ventas de salmones a este país fueron de 862 millones de dólares, lo que representó un 35 por ciento de los envíos totales del pescado.

En este contexto es que se da la visita de la FDA a Chile. Su delegación llegó a Chile el 19 de abril y tiene programado estar un mes en el país. Uno de sus objetivos principales será evaluar los sistemas de producción de la industria salmonera y verificar que se adecuen a las exigencias de la acuicultura de Estados Unidos.

La visita de la FDA se da un mes después que el New York Times publicara -el 27 de marzo pasado- el reportaje titulado “Virus del salmón pone en tela de juicio métodos pesqueros chilenos”. Esta nota dio cuenta al gran público estadounidense de los estragos provocados por el ISA, el enorme daño ambiental ocasionado por la salmonicultura chilena y la contaminación con antibióticos de los salmones producidos en Chile. Cuatro días después de aparecida esta publicación, Safeway -una de las tres cadenas de supermercados más grandes de Estados Unidos con 1775 locales- anunció que suspendía la compra de salmones chilenos.

La posición de las salmoneras chilenas en Estados Unidos se torna aún más grave si se considera que el gobierno norteamericano tiene en su poder, desde agosto del año pasado, un informe del Servicio de Inspección y Sanidad Agropecuaria, del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (APHIS, USDA, por sus siglas en inglés). Este informe, que hasta ahora no había sido divulgado por la prensa, es firmado por Stepehen K Ellis. Se titula “Riesgos y factores que inciden en la propagación del ISA en Chile”. Fechado el 24 de agosto de 2007, hace un lapidario balance de la situación sanitaria de la salmonicultura chilena.

Antes de partir con el fondo de su exposición, Ellis se preocupa de denunciar que la jefa de acuicultura de Sernapesca, Alicia Gallardo, no lo recibió. Y que nadie de esta repartición respondió sus preguntas. Respecto del fondo, el mencionado informe da cuenta de las grandes mortalidades provocadas por el ISA; de la excesiva manipulación de los peces; de lo cerrado –con poca circulación de corrientes- de los sitios marinos donde se encuentran muchos centros. Asimismo, expresa que “la resistencia de los piojos de mar al benzoato de emamectina está ampliamente extendida. La infestación –señala Ellis- se ubica entre los 200 y 400 caligus (piojos de mar) por pescado en casos extremos”.

El reporte señala que hay una “ausencia total” de las medidas de bioseguridad que necesariamente deben ser usadas para evitar las enfermedades y su propagación. Evidencia de esto sería la carencia de tecnología y laboratorios en Chile que permitan detectar el ISA. Esto es corroborado por el biólogo experto en salmonicultura Héctor Kol, quien a este respecto señaló que “para detectar el ISA mandan los salmones con síntomas de la enfermedad a Canadá y allá hacen el diagnóstico”.

Otra muestra de los problemas de bioseguridad, que según Ellis existen en la salmonicultura nacional, es que en Chile no hay “estandarizacion de los servicios ofrecidos por Sernapesca para los diagnósticos de laboratorio”. Esto significa que los laboratorios ocupan distintas técnicas de análisis, por lo que la inspección de un mismo salmón puede dar resultados distintos si se hace en más de un laboratorio.

La APHIS/USDA (que es el equivalente al SAG de Chile), en su reporte, también señala que “no hay separación de reproductores”. Kol lo explica: “Esto se refiere a que no están separadas las ovas que se compran en el extranjero de las que se producen en Chile”. Agrega el biólogo chileno: “Sin hacer esas separaciones es muy difícil seguir una trazabilidad, o sea el origen de la enfermedad ¿de donde vino, de Noruega, o se produjo en Chile?”. El Informe Ellis critica también el manejo de las aguas residuales de las plantas de proceso.

Este documento es el principal antecedente que tiene Estados Unidos sobre los problemas de la salmonicultura chilena. “El artículo del Times -que no menciona la existencia del paper- lo que hizo fue agitar las aguas de la opinión pública norteamericana y reforzar la decisión del gobierno de Estados Unidos de enviar a la FDA a Chile”, asegura Kol. En este contexto, la inspección de la FDA inevitablemente tendrá como uno de sus principales objetivos certificar, corregir o eventualmente desmentir lo planteado por la APHIS/USDA.

Antibióticos en la industria

Bastaría que los funcionarios de la Agencia de Administración de Alimentos y Fármacos (FDA, por su sigla en inglés), emitieran un informe que describiera los tipos, cantidades y formas de administración de los antibióticos usados en la salmonicultura chilena, para provocar el cierre del mercado norteamericano. Esto porque el uso que de estos se hace en Chile contraviene numerosas normas sanitarias existentes en el país del norte.

En la salmonicultura norteamericana, por ejemplo, sólo se permite el suministro de antibióticos a través de inyecciones. En la salmonicultura chilena los antibióticos se usan disueltos en los alimentos. Esto tiene como consecuencia una gran pérdida o disolución de estos en el medio acuático y la consiguiente contaminación de la fauna silvestre.

Hay más: desde 2006 existen estudios que con absoluta claridad demuestran que en la salmonicultura chilena se usan antibióticos prohibidos en Estados Unidos. Uno de estas investigaciones es “Antibióticos y Acuicultura en Chile”, del doctor en microbiología y académico del New York College, Felipe Cabello (Revista Médica de Chile, Nº 132, 2006). Allí se señala que entre los 16 tipos de antibióticos que se usan en Chile, hay 14 que están prohibidos por la acuicultura norteamericana. Entre ellos hay algunos que pertenecen a la familia de las quinolonas, que son la última generación de antibióticos existentes en el mundo. Las quinolonas están estrictamente restringidas para el uso humano en Estados Unidos. Esto, debido a que su uso en la producción de alimentos genera resistencias a enfermedades, no sólo en los animales tratados sino también entre sus consumidores.

Una investigación de la Fundación Oceana, dada a conocer en julio de 2006, reveló que el 40 por ciento de los peces silvestres testeados en el Estuario de Reloncaví contenían antibióticos que con certeza provenían de la industria salmonera. Por otra parte, Fundación Pumalín y Ecoceanos dieron a conocer, el 28 de abril pasado, un estudio realizado por el Instituto de Farmacia de la Universidad Austral, que detectó dos tipos de antibióticos de la familia de las quinolonas en salmones que se venden en supermercados y ferias de la Región de los Lagos. Se trata de flumequina y ácido oxolínico, en concentraciones de 16,1 y 15,2 partes por billón (ppb) respectivamente. En sólo uno de los casi 600 centros de cultivo existentes en Chile, se ocuparon -durante el 2006- más antibióticos que los usados en toda la producción de salmónidos en Noruega en el mismo lapso. Nos referimos al centro Punta Tres Cruces, ubicado en el Estuario de Reloncaví, comuna de Cochamó, que ocupó 789 kilos de antibióticos para producir 700 toneladas de salmón. En Noruega se usaron aquel año 600 kilos de estos químicos en toda su producción.

Esta información del centro Punta Tres Cruces, fue extraída de la propia Declaración de Impacto Ambiental presentada por su propietaria, Trusal. Aparece citada en el estudio “Efectos ambientales y económicos de la salmonicultura intensiva en el Estuario de Reloncaví” (marzo, 2007) (www.conapach.cl/salmones ), dirigida por Héctor Kol, por encargo de la Confederación Nacional de Pescadores Artesanales de Chile.

El hecho que la FDA no haya detectado estos químicos en los cargamentos que ingresan a Estados Unidos, se podría adjudicar a falencias en los sistemas de detección utilizados por esta organización encargada de la verificación de los estándares de calidad de los alimentos que se consumen en Estados Unidos.

En este sentido es importante mencionar que el 2007, Chile exportó a Estados Unidos 118 mil toneladas de salmón. La FDA sólo tomó 40 muestras, que según diversos estudiosos de la materia consultados por este medio, serían insuficientes para detectar los antibióticos ocupados en la producción de salmónidos. Pero no sólo las muestras son insuficientes sino que también lo son los tipos de químicos buscados. Hasta el 2006 la FDA sólo controlaba la ivermectina, pesticida que nunca se ha utilizado en la salmonicultura chilena, por lo que su búsqueda es y era poco útil. Desde el 2007 las indagaciones se ampliaron a la flumequina, ácido oxolínico, cristal violeta y verde malaquita (estos dos últimos son funguicidas). Esta información fue proporcionada el 4 de abril pasado por la propia FDA a Pure Salmon (campaña internacional por la producción limpia de salmón).

La directora de la campaña de acuicultura de Pew Environment Group, Andrea Kavanagh, solicitó públicamente a la FDA, el 17 de abril pasado, que realice un muestreo mucho más grande a las partidas de salmón chileno que llegan a Estados Unidos y efectúe pruebas a un rango más amplio de antibióticos y químicos.

Puede descargar el informe Ellis aquí .


Fuente: http://www.elmostrador.cl