(La Voz de Galicia).- A mediados del siglo pasado, la ostra era una especie de cultivo habitual en las rías gallegas. Se daba, según los expertos, hasta en 800 puntos de la costa de Galicia, cuando hoy apenas se encuentra en cien. Y en muy poca cantidad.

 

Las que se subastan en lonja salen de Bueu, Barallobre, Noia, Cambados y tres o cuatro sitios más. El resto, se cultivan en bateas en varios puntos de la comunidad. La sobreexplotación, por un lado, y la importación masiva de semilla y larvas de ostra de países como Francia -que sigue siendo la principal proveedora de cría a Galicia- que introdujeron también nuevas patologías están detrás de la drástica merma de las poblaciones naturales de ostra gallega. Eso es, al menos, lo que sostiene José Luis Sánchez López, director del Instituto de Acuicultura de la Universidade de Santiago, que coordina un proyecto de investigación que pretende devolver al cultivo de esta especie el esplendor que tuvo antaño. Para ello él y su equipo intentan optimizar la producción de semilla de la variedad autóctona y, después, cultivarla en los arenales.

Parece fácil, pero no lo es tanto. «El problema radica en el déficit de conocimiento que hay, por lo que urge conocer en que condición se deben poner los progenitores para optimizar el desarrollo de la producción; a través de la disposición de larvas fuera de su ciclo natural », explica Sánchez López en un comunicado.

Y en eso se encuentra el equipo, intentando conseguir larvas de ostra en cantidad y calidad suficiente en otoño y en invierno, además de en primavera y en verano que es el ciclo biológico natural. Para lograrlo, están investigando cuáles son las mejores condiciones físicas para la reproducción, estudiando la cantidad de luz necesaria, la temperatura y la alimentación.

El proyecto cuenta con la colaboración de la empresa Inprocar, la compañía que los parquistas de Carril tienen en Ribeira para producir cría de almeja. En este sentido, el coordinador del proyecto subrayó la importancia de contar con el apoyo de Inprocar, pues permite realizar experimentos a escala real y no solo en el ámbito del laboratorio, pues «no se refleje la situación y los problemas reales».

Otro de los retos que tiene por delante el equipo es el de estudiar y poder controlar las poblaciones bacterianas asociadas a los cultivos de ostra. Y es que uno de los grandes problemas en los criaderos de moluscos son las muertes masivas por patógenos bacterianos: «La mortalidad es elevada y se desconoce las causas, debido a la falta de un estudio sistémico », señala Sánchez. También intentan aumentar la supervivencia larvaria en los criaderos.

El equipo que intenta recuperar el cultivo de este molusco participa en un proyecto empresarial comunitario en el que también toman parte Noruega, Francia y España, este último a través de la Cofradía de Noia, que construye el criadero más importante de Galicia.

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es