Por: Beatriz Michell y Alejandra Carmona
La Nación


Un científico noruego dio a conocer su hipótesis a representantes de SalmonChile, pero esta información quedó guardada entre cuatro paredes. Según él, todo apunta a que fue una empresa noruega la que introdujo la enfermedad que tiene de un hilo a la industria naranja, pero ni autoridades ni salmoneras buscan culpables sino cómo salvar la situación.

 

Técnicos de las seis empresas salmoneras más importantes del país se reunieron meses atrás en Puerto Montt. Frente a ellos, se proyectaba el PowerPoint del científico noruego Are Nylund, una eminencia en el tema del virus ISA a nivel mundial. Después de estudiar años, el biólogo encargado del grupo de investigación en patología de peces de la Universidad de Bergen, en Noruega, lanzó su tesis sobre la mesa: "Hay muchos tipos de virus ISA en Chile, pero sólo estudiamos algunos. De todas maneras, según el análisis de sus genomas, ellos revelan que son más o menos idénticos a un tipo de virus ISA de una compañía noruega de salmones. Esta compañía ha estado vendiendo ovas a Chile y sabemos por otros estudios que el virus ISA puede ser transmitido por la vía de los huevos".

La explicación de Nylund quedó entre cuatro paredes; sin embargo, de regreso a su laboratorio en Noruega, el científico confirmó a LND su tesis y recalcó la necesidad de que una de las industrias salmoneras más importantes de mundo tome medidas para seguir creciendo de forma sustentable. "La industria chilena tiene que hacer cambios radicales, como mantener a los peces sanos en sitios protegidos y aislados de la producción normal de salmón, separar a estos peces por cohortes [generaciones], resguardar la distancia entre ellos y mejorar el manejo dentro de las concesiones marinas", observa Nylund.

Según uno de los asistentes al encuentro, la empresa a la que Nylund aludía directamente estaba presente en la reunión. Sin embargo, no hubo reproches, ni miradas inquisidoras. Una fuente ligada a la industria intenta una explicación: "No esperes que se tiren unos encima de otros. Se protegen porque nunca saben cuándo les puede pasar a ellos".

El primer centro donde se detectó el ISA en nuestro país es propiedad de la noruega Marine Harvest, lo que ha producido suspicacias y rumores en el ambiente acuícola. "Se dice que el virus ISA partió con las ovas que importó esa empresa. No es casual que el 60% de los centros infectados sean de ellos", desliza Ricardo Casas, dirigente sindical de la filial noruega en Chile. Sin embargo, ni siquiera los científicos tienen evidencias para disparar a un blanco con exactitud.

EL QUE CONTAMINA NO PAGA

En la reunión clave de las salmoneras donde se dio la última explicación científica de peso , los representantes de la industria aclararon en parte el origen del virus. Públicamente, los empresarios se apuran en decir que esa información no tiene ninguna relevancia y que su tarea en el futuro es mejorar las condiciones para evitar la propagación de enfermedades. "Es muy difícil saber con certeza quién introdujo el virus. Todos están expuestos al problema; se debe prevenir y manejar evitando que estas situaciones en lo posible lleguen, pero una vez que están se deben administrar y contener de la mejor manera posible", comenta Roberto Tapia, gerente del Instituto Tecnológico de SalmonChile.

El Gobierno tampoco está preocupado de encontrar culpables, sino de establecer protocolos que permitan paliar los efectos del ISA. Actualmente, el Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca) está concentrando todos sus esfuerzos en un estudio que busca detectar qué elementos favorecen la propagación de la enfermedad, y en base a eso generar nuevas reglas del juego. "Lo más importante es que la industria adopte las medidas de control específicas contra la enfermedad, así como las medidas generales de manejo productivo y bioseguridad, que permitan en forma efectiva prevenir su diseminación", explica el director de Sernapesca, Félix Inostroza.

Pero no todos piensan lo mismo. Organismos medioambientales creen que es importante determinar qué empresa trajo el virus a nuestros mares. El coordinador del programa de recursos naturales de Terram, Francisco Pinto, disiente de la opinión gubernamental-empresarial y señala que sería importante identificar a la empresa para saber cuáles son las políticas de compra de ésta: quién le vendió las ovas, si es un proveedor confiable, si los huevos estaban certificados y cuáles fueron las razones para realizar la compra. "La segunda etapa es ver cómo se concretó su ingreso a Chile y por qué no se detectó la presencia del virus ISA", agrega.

Determinar el responsable serviría para no cometer los mismos errores, pero no para solucionar los daños causados, ya que la legislación chilena no sanciona prácticas que deterioren el ecosistema, a no ser que se cometa un delito medioambiental.

"El principal problema de Chile es la regulación. No podemos hacer responsable a ninguna empresa, ni hay reparaciones posibles. De ninguna forma se les puede acusar de incumplir una ley, porque esa ley no existe", lamenta el director ejecutivo de Oceana, Álex Muñoz, y rápidamente señala como principal responsable al Estado por no dictar un marco que prevenga los impactos ambientales y que responsabilice a las empresas por los excesos que se cometan.

La mesa de trabajo de acuicultura, que se creó a partir de la crisis del "oro naranjo" y que busca identificar los problemas que afectan a la salmonicultura y avanzar en sus soluciones, da una luz de esperanza siempre y cuando determine medidas concretas y no se transforme en otro consejo asesor más. "Se corre el riesgo de que esta mesa sea un intento fallido para evaluar los riesgos, lo cual sería el peor error que podría cometer el Gobierno", advierte Muñoz.

El ministro de Economía, Hugo Lavados, que preside esta instancia, señala que si bien el objetivo es apuntar a tener estándares de niveles internacionales, primero "hay que saber con precisión dónde estamos, hacer un análisis internacional comparado, tener métodos de fiscalización".

HUEVO PODRIDO

"No creo que una compañía noruega haya introducido el virus ISA a Chile a propósito, pero ellos sabían sobre el riesgo de importar huevos", acusa el científico noruego. La razón de esto, según Are Nylund, ha sido la incapacidad del país de producir suficientes ovas, y es fundamental que la industria dé un paso adelante en esta materia.

Actualmente las empresas chilenas producen ovas, pero el rápido crecimiento de la salmonicultura no permite que los huevos nacionales cubran la necesidad de la industria. Por eso los traen del extranjero. Entre enero y noviembre de 2007, Chile produjo 81% de las ovas e importó un 19%. El porcentaje varía durante el año, dependiendo de la estacionalidad. "Se podría decir que la industria en Chile se ha expandido muy rápido y no de una manera sustentable. Lo que tiene que hacer la industria chilena es producir su propio stock de huevos y asegurarse de que no estén infectados con ISA o con otros patógenos que pueden ser transmitidos por esta vía", asegura Nylund.

No sólo la importación de ovas produjo esta catástrofe para el sector salmonero. Las malas prácticas de la industria también ayudaron a expandir el virus y a cavar la tumba de la que hoy intentan salir. "Lo que estamos viendo es producto de lo que han hecho. Los centros de cultivo tienen una densidad muy alta. Acá se habla de cerca de 25 kilos por metro cúbico, cuando otros países tienen menos de 15 kilos. Cuando hay más salmones tienen menos espacio para moverse, por lo tanto están más estresados y bajan su capacidad inmunológica. Se hacen más propensos a tener enfermedades, igual que las personas", explica el coordinador del programa de recursos naturales de Terram, Francisco Pinto.

Las organizaciones medioambientales no sólo culpan a las propias salmoneras, sino también al Estado por su permisividad. "El Gobierno ha dado todas las facilidades para que la empresas sigan creciendo sin freno". Y éstas son las consecuencias", dice Pinto.

El sector salmonero exportó 2.250 millones de dólares el año pasado y sólo tardó 20 años en convertirse en la tercera industria exportadora del país. Después de tanto éxito, hoy vive su peor encrucijada: buscar nuevos mares limpios para escapar de la enfermedad, que ya involucra a 24 centros de cultivo contaminados, o cambiar drásticamente su forma de producción. Nylund advierte: "Yo creo que la industria chilena se va a recuperar de los problemas que está enfrentando en este momento, pero va a tomar algún tiempo para reestructurarse". El tiempo corre y las decisiones gubernamentales y empresariales son definitorias. ¿Pasarán el test del ISA?

A la salud del salmón

El nombre de la empresa responsable de introducir el virus ISA a Chile no le importa ni a las autoridades ni a las empresas salmoneras. Lo que sí les interesa es solucionar la crisis que vive actualmente el salmón y el desastre del ISA. Por eso, tanto Sernapesca como la industria naranja están planeando medidas para sobrevivir a la hecatombe.

En Noruega, el virus se logró controlar gracias a medidas como separar generaciones de salmones, mantener el aseo y utilizar vacunas en base a aceite para neutralizar el efecto del virus en los animales.

Actualmente, las empresas están tomando medidas de contingencia para mantener el mal bajo control y convivir con él, porque si hay algo que está claro es que el ISA estará para siempre en los mares chilenos, ya que no se puede eliminar. Sacrificar jaulas con peces infectados, delimitar zonas de cuarentena y restringir los movimientos de esas zonas son algunas de las precauciones que se han tomado. Además, el Ministerio de Economía, junto a la Intendencia de la Región de los Ríos, están haciendo un proyecto para delimitar el mar, lo que solucionaría problemas de contaminación. Así, habría una ruta para los salmones, otra para los choritos, etcétera.

A pesar de que todos han anunciado algunas medidas, hay quienes desconfían de que las salmoneras efectivamente cambien las costumbres que los llevaron a esta crisis. “Todas estas declaraciones políticas de que hay que tener mejores prácticas y la industria que aparece diciendo “en eso estamos”, son declaraciones de buena voluntad, pero en el fondo no se traduce en hechos concretos. Por ninguna parte SalmónChile asume responsabilidad”, agrega escéptico Francisco Pinto, coordinador del programa de recursos naturales de Terram.