COQUIMBO (Universia).- Cuando el profesor Luciano Chiang les pidió a sus alumnos del último año de la carrera de Ingeniería de la Universidad Católica de Chile, construir un vehículo submarino, como parte de los trabajos del curso "Diseño mecatrónico", pensaba sólo en una tarea para explorar conceptos robóticos.

 

A poco andar, surgió el requerimiento de una empresa fabricante de mallas y estructuras metálicas para jaulas de salmones. Había que desarrollar un proceso de limpieza para solucionar uno de los mayores problemas que enfrenta la industria del salmón en Chile: la capa de crustáceos, algas y variada fauna marina que se adhiere a las mallas con el riesgo de hundirlas, además de frenar el crecimiento de los peces.

"Les propusimos construir un robot. Queríamos desarrollar un dispositivo piloto para comprobar que el concepto de limpiar con un submarino podía funcionar", señala Luciano Chiang. Iniciaron el proyecto el 2005, con un grupo de alumnos de la Escuela, y capital semilla de sólo 4 millones de pesos. Un año y medio después probaron un prototipo que demostró ser capaz de hacer el trabajo.

Lo que ahora tenemos, dice, es un vehículo submarino que opera remotamente, y que sirve para limpiar estructuras sumergidas, como muelles, barcos o jaulas de salmones, hasta 50 metros de profundidad. Es lo que se llama un ROV (Remotely Operated Vehicle), un vehículo que opera bajo el agua, comandado desde la superficie a través de una consola con un joystick, parecido al que usa un computador, y que, además, tiene una cámara de video donde el operador observa y maneja el trabajo que hace el robot bajo el agua.

"Parece simple, pero la tecnología es compleja. Requirió de muchas horas de trabajo. Hay que pensar que el proyecto partió de la nada, de un trabajo de investigación para que los alumnos exploraran algunos conceptos de robótica, y hubo que explorar y analizar muchas alternativas. La primera vez que botamos el vehículo a una piscina no sabíamos si iba a funcionar, después, con más confianza, lo probamos en Quintero y luego en Puerto Montt, con el apoyo logístico de la Armada", comenta el profesor del Departamento de Ingeniería Mecánica y Metalúrgica.

Con aproximadamente 50 kilos de peso y 50 centímetros de diámetro, su estructura es de plástico y tiene dos propulsores con hélices que le permiten desplazarse en el agua. En el interior de ella guarda dos motores que impulsan el movimiento de una ristra de escobillas sobre la malla de las jaulas, una cámara de video y un cable por donde recibe la energía eléctrica que le trasmite un generador desde la superficie.

"Este robot es la semilla para desarrollar la tecnología de los vehículos submarinos, pero todavía falta perfeccionarlo para que sea un producto comerciable", dice Chiang.

Ahora, la próxima etapa es mejorar el sistema con mecanismos más sofisticados y explorar otras funciones para el vehículo, pero todo eso requiere de financiamiento.

Para ello, la Escuela de Ingeniería postuló el año pasado a un concurso de proyectos Fondef junto con la Armada de Chile y la empresa Inchalam. Por el momento esperan los resultados del certamen, una posibilidad que les permitiría avanzar en el desarrollo de una innovación tecnológica que puede ser un aporte importante para la industria del salmón en Chile.

Amplias perspectivas

El desarrollo del robot submarino significó el trabajo de dos alumnos tesista, Cristián Reichert y Gabriel Aulestia, durante ocho horas diarias por más de un año, y de otros 10 estudiantes durante todo un semestre.

La capacidad de trabajo del robot es enorme. Dependiendo de las condiciones climáticas, marítimas y del trabajo del operador, podría funcionar unas 200 horas mensuales, y en ese lapso limpiar entre 50 y 100 jaulas.

En cada jaula demoraría entre 2 y 4 horas, todo un récord, ya que un buzo experimentado podría hacer el trabajo en una semana.

El consumo de energía eléctrica del vehículo es bajo, similar a lo que gasta una máquina de cortar pasto.

Fuente: http://www.universia.cl