Por: Miguel Á. Rodríguez
(La Voz de Galicia).- La próxima semana será clave para despejar el futuro de un sector que vive desde hace dos legislaturas pendiente de que el Gobierno autonómico defina lo que se puede hacer y dónde con sus industrias. La veintena larga de firmas que integran la nómina de la acuicultura gallega facturaron el año pasado cerca de 185 millones de euros con este negocio y produjeron casi 222.000 toneladas.

 

En los últimos tres años se han manifestado dispuestas a invertir cerca de 300 millones de euros en el fortalecimiento y ampliación de este tejido industrial. Pero el retraso del plan de acuicultura y la difícil coyuntura económica nacional e internacional comienzan a convertirse en una seria amenaza para este crecimiento.

La Xunta podría aprobar oficialmente el plan acuícola el próximo jueves, en el primer Consello de la Xunta tras las vacaciones de agosto. Tanto la conselleira de Pesca, Carmen Gallego, como el presidente del Ejecutivo autonómico, Emilio Pérez Touriño, comprometieron su palabra señalando que el proyecto superaría este último trámite antes del final del verano.

Sin embargo, el más que previsible adelanto electoral hunde a las empresas en un mar de dudas sobre la agilidad administrativa que soportarían sus nuevos proyectos. La dilación de la Xunta para definir el marco de juego ha provocado también que las firmas interesadas en acometer proyectos no hayan podido acceder este año a las ayudas europeas del FEP (Fondo Europeo para la Pesca) ni del IFOP (Instrumento Financiero de Orientación Pesquera) prorrogado del 2006.

A partir del 2008, el recorte de las subvenciones llegadas desde Bruselas será considerable y está ya anunciado. La mayor cuantía irá a parar a las denominadas microempresas, con lo que los planes de crecimiento de las grandes firmas que operan en Galicia no podrán contar con este apoyo financiero. Además de ver menguado el nivel de ayudas, y en el supuesto de que en pocos días se despeje la duda sobre la aprobación del plan sectorial de acuicultura, las empresas son escépticas respecto a la tramitación que seguirán sus propuestas. El proyecto deja en manos de Medio Ambiente y de Política Territorial las decisiones finales.

Fuentes del sector admitían ayer un «gran desánimo» respecto al futuro a corto plazo. Porque a todos estos factores de incertidumbre se une la obligatoriedad de que cualquier nueva industria se acometa en terrenos propiedad de la Xunta y adjudicados en régimen de concesión, por un máximo de 30 años. Sin embargo, aunque esta ya ha anunciado su disposición a comprarlos, no hay presupuesto suficiente.

Por si fuera poco, los empresarios calculan que el viacrucis administrativo de sus propuestas, en caso de que superen todos los filtros expuestos, consumirá no menos de año y medio. Después, las obras necesitarán otros 18 meses en el caso de los proyectos de mayor envergadura. Este escenario implica que las primeras crías no estarían en sus áreas de cultivo hasta bien entrado el año 2010, lo que retrasaría hasta el 2012 su comercialización, por la necesidad de esperar al menos 18 meses más para que las especies alcancen las tallas mínimas. La conclusión del empresariado es unánime: «Aunque se apruebe el plan -comentan-, con todos estos condicionantes muchos se lo van a pensar muy seriamente».

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es