(La Segunda Online).- Su estudio permitirá adelantarse con un promedio de 4 días, a los “brotes” de la temida marea roja.  Mónica Vásquez, bioquímica de la Universidad de Chile se ha especializado en Ecología Microbiana, y lleva más de 10 años estudiando el comportamiento molecular de las microalgas.

 

Como integrante del Grupo de científicos Milenio EMBA, ha contado con el apoyo para dedicarse a cabalidad a su estudio respecto de la marea roja que lanzará el próximo 3 de septiembre en el Hotel Don Vicente a las 10:00 horas, en Puerto Montt.

La Marea roja -como fenómeno- es uno de los más curiosos de la naturaleza, y hasta ahora no se sabe por qué se produce ni cómo luchar contra él.
 
Pero la Dra. Vásquez es clara en señalar que "más que tratar de combatir este acontecimiento natural, hay que poner las energías en descifrar su razón de existir” para tomar medidas de protección al respecto. Y añade: “Debe tener algún rol en el ecosistema que nosotros aún desconocemos. Pero lo que sí nos interesa es poder detectarla a tiempo y alertar”.

Y es precisamente esto último el tema del estudio a presentar el 3 de septiembre. En el transcurso de la investigación la bioquímica y sus colaboradores han logrado diseñar un kit de diagnóstico molecular para detectar -con un mínimo de 48 horas y un máximo de 7 días- las microalgas tóxicas que generan la marea roja. La idea es encontrar signos comunes en los genes de las toxinas llamadas Alexandrium catenella, de modo que sea posible detectarlos aun cuando se encuentren en bajas concentraciones, es decir, antes de que alcancen altos niveles de peligrosidad.

En lo concreto, es imposible evitar los “brotes” de marea roja. Pero sí se sabe que afectan la salud de quienes no toman medidas y ocasionan grandes pérdidas económicas y generan cesantía temporal a los pescadores artesanales que viven de la labor de extracción de peces y mariscos. A esto se suma el costo de la alerta de salud que se debe implementar una vez que se generan dichos brotes.

Lo que el estudio permitirá:

1. Monitorear los sedimentos para evaluar la cantidad acumulada de microalgas que hay en un area marina determinada, y que se podrían convertir en brotes de marea roja en corto plazo.

2. Advertir a los pescadores de la zona particularmente estudiada, que en el lapso de un par de semanas, no podrán realizar labores de pesca.

3. Advertir a los empresarios acuícolas donde no deben implementar nuevas instalaciones para evitar eventos de toxicidad la alta concentración de las algas estudiadas.

Tratando de descifrar el enigma

La marea roja es un raro fenómeno que da un tinte sanguinolento a las aguas en las que comienzan a flotar incontables peces muertos, que luego las olas arrojan a la playa. Del mar emanan vapores invisibles que causan escozor en los ojos y la nariz. Al inhalarlos, arde la garganta, la respiración se vuelve difícil, se sufren accesos de tos y, en ocasiones, la piel comienza a irritarse.

Es el resultado de la multiplicación veloz e inusual de minúsculos habitantes de las aguas. Se trata, principalmente, de microalgas, entre las que se encuentran los dinoflagelados. En 1957 se descubrió que uno de esa algas era la llamada Gymnodium brevis, que mide apenas de dos a tres milésimas de milímetro, pero que es capaz de reproducirse en cantidades prodigiosas, a tal grado que puede llegar a hacer espesa el agua, como si fuera sangre.    
               
Uno de sus pigmentos clorofílicos, la xantofila, ocasiona la peculiar coloración de las aguas. La xantofila es la que en otoño da a las hojas de los árboles, sus característicos colores anaranjados, amarillos y rojizos. En el caso de los dinoflagelados, cuando su concentración en el agua es muy elevada, le imparten un tono pardo, amarillento y rojizo.

Normalmente, el número de estos diminutos organismos en un litro de agua marina es muy pequeño, del orden de unas docenas. Pero cuando alcanza concentraciones de 100 mil o más, la situación se torna peligrosa. Al llegar a un cuarto de millón por litro, el agua adquiere el color típico de los mares de sangre y comienza la mortandad de peces y otros animales. Mueren de asfixia porque los dinoflagelados, con su intensa actividad biológica, consumen grandes cantidades de oxígeno y empobrecen las aguas.

Fuente: http://www.lasegunda.com