OAXACA (Olor a mi Tierra).- La contaminación marina limita y pone en riesgo la exportación de ostión en México por los altos índices de organismos microbiológicos, que les impide cumplir con las normas de calidad internacional, señaló el investigador del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la UNAM, Alfonso Vázquez Botello.

 

En entrevista, el especialista dijo que esta situación obliga a los productores a orientar sus capturas al mercado nacional, que pueden ocasionar enfermedades a los consumidores.

Por su parte, el director general adjunto de Ordenamiento Pesquero de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca, Raúl Villaseñor Talavera, informó que México genera alrededor de 250 mil toneladas de moluscos al año, de las que 42 mil corresponden al ostión, colectado de manera silvestre en Tabasco y Veracruz, principalmente.

A pesar de los esfuerzos realizados en esos estados por purificar a los ejemplares atrapados, el volumen de exportación no es representativo en comparación con la producción nacional, reconoció Villaseñor.

Asimismo, apuntó, existen particulares dedicados al cultivo controlado del ostión, ubicados en Sinaloa y Sonora, quienes sí comercian internacionalmente con países asiáticos, vía Estados Unidos, sin precisar el número.

El director adjunto de la Comisión, refirió que no hay certificación de este comestible y tampoco se cuenta con un monitoreo permanente de contaminación de los litorales, salvo en casos de marea roja, cuando hay veda del cultivo, sobre todo en Tabasco, donde se obtiene la mayor producción.

En este sentido, Vázquez Botello puntualizó que la recolección de ostiones es una de las principales actividades pesqueras ribereñas en el mundo, y en el caso de México, ofrece grandes oportunidades de explotación con alcance global, lo que hace necesario implementar acciones para hacerla más eficiente.

Sobre todo, agregó, porque el total de la captura llega al mercado nacional y provoca problemas gastrointestinales severos, que no se tienen registrados. Este hecho refleja la grave situación de los mares nacionales a causa de la contaminación marina, que tiene múltiples causales como las descargas de aguas negras o los desechos industriales, principalmente.

Hace 15 ó 20 años se pensaba que los océanos tenían una capacidad infinita de dilución y se podía verter en ellos cualquier sustancia sin repercusión, pero esta idea ha cambiado por los problemas ambientales, apuntó.

El deterioro del entorno marino se propicia con la presencia de los elementos radioactivos, derivados de detonaciones de pruebas nucleares. Posteriormente, se fijó la atención de los especialistas en los derrames petroleros y las consecuencias del abuso de este recurso, expresó.

El petróleo principal contaminante

A la fecha, sostuvo, el petróleo sigue siendo el principal contaminante marítimo. En el proceso de extracción, refinación y, sobre todo, en la transportación, se vierten grandes cantidades al mar. En el Golfo de México, circulan grandes toneladas de crudo al día, que implican una enorme presión ecológica sobre las costas de los países de la región.

En 1981, estas actividades provocaron el derrame del Pozo Ixtoc I, que en nueve meses volcó al mar cerca de 500 mil toneladas del hidrocarburo, la dispersión más grande hasta entonces, rememoró.

No obstante, indicó, este no es el único contaminante que abordan los investigadores del ICMyL, como parte de Programa Ambiental del Caribe (PAC), perteneciente al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, dedicado a la Región del Gran Caribe (RGC).

La RGC se extiende desde las Bahamas hasta el delta del río Amazonas e incluye el Golfo de México, así como el Mar Caribe y grandes partes del Océano Atlántico. Para su análisis, se ha dividido en subregiones geográficas, refirió.

No existe una base de datos actualizada de estudios ambientales. Por ello, la evidencia de la degradación se presenta de forma individual en algunos países o subregiones. De esta manera, los problemas no sólo le competen a una nación, pues son transfronterizos al estar en aguas comunes o regionales, apuntó.

Otros contaminantes importantes son los metales tóxicos como el arsénico, cadmio o mercurio, utilizados en diversas industrias y actividades humanas, que se vierten a los ríos y son transportados por vía atmosférica hacia zonas costeras y de ahí a los océanos, detalló.

Los reservorios principales de los tóxicos son los sedimentos y después llegan a los organismos, donde se bioacumulan, precisó; la población se enferma al consumir alimentos marinos contaminados.

También los plaguicidas derivados de las actividades agrícolas y agroindustriales, llegan inmediatamente a los litorales adyacentes, comentó.

Aguas no tratadas

En primer lugar, argumentó, no existen suficientes plantas de tratamiento de aguas, lo que explica los serios accidentes de contaminación biológica en diferentes ciudades, con graves repercusiones en la salud como dermatitis, enfermedades de los ojos u oídos, y gastrointestinales, entre otras.

Con estos elementos, se deben extremar precauciones, máxime cuando el 65 por ciento de la población mundial habita en las costas.

La legislación ambiental en el país es excelente, pero no se sabe aplicar pues, pese a las múltiples prohibiciones, los problemas, en lugar de desaparecer, van en aumento, concluyó.

Fuente: http://www.oloramitierra.com.mx