SANTO DOMINGO.- Un estudio de la Fundación de Desarrollo Ecológico (Fundecol)  citado por el diario El Comercio   señala que desde que surgieron las camaroneras, desapareció el 83% de los bosques de manglar en Muisne. Otro de los problemas es la siembra de eucalipto para la exportación  y producción de papel. La zona húmeda facilita el crecimiento de estos nuevos bosques artificiales.

 

En un informe de la ONG EcoCostas consta que en Muisne existen unas 10 000 hectáreas de plantaciones dispersas de eucalipto. Estas crecen desde hace  ocho años con capital chileno.

Uno de los ambientalistas nativos de Muisne es Marcelo Cotera. Él asegura que esta localidad tenía 20 093 ha de manglares. En la actualidad hay 3 500 ha.
El dirigente recuerda que antes de la tala del manglar, unas

4 000 personas trabajaban en la recolección de cangrejos y conchas. Cotera dice que “con las camaroneras solo trabajan cuando se tala el bosque”. Luego, solo una persona se encarga de operar la camaronera, por lo que esta actividad provoca desempleo.

En cambio, el estuario de Cojimíes, al norte de Manabí, fue el último en incorporarse a la actividad camaronera en la Costa de Ecuador. Esta zona es la que más rápido perdió sus manglares.

En el estuario de Cojimíes hay unas 15 000 ha de camaroneras y 800 productores. Algunos de ellos están asociados a la Cooperativa de camaroneros Norte de Manabí, con 14 socios activos y 516 ha en producción.

Para hacer frente a la deforestación del manglar, la Fundecol  decidió incorporar, en sus rutas de turismo comunitario, actividades de reforestación del manglar de Muisne.

Asimismo, Fundecol logró que el 28 de marzo del 2003, el Ministerio de Ambiente le entregue 3 173 ha. Esta organización se comprometió en elaborar un plan de manejo para este Refugio de Vida Silvestre. El borrador del documento ya está terminado e incluye un censo camaronero.

Los empresarios se defienden

Los inversionistas de las piscinas camaroneras se defienden de las críticas de los ecologistas.

El camaronero Cristian Fontaine en declaraciones a El Comercio opinó que “las camaroneras dan más trabajo que los manglares. Además de mayores ingresos para sus trabajadores”.

Este productor cree que los ambientalistas no deben oponerse a las camaroneras. Las exportadoras no permiten el uso de antibióticos. “Las camaroneras son orgánicas”.

Fontaine es dueño de 20 hectáreas (cinco piscinas). Ahí, su producción es de 10 quintales por hectárea. En su camaronera trabaja una persona por cada cinco hectáreas.  

Otro inversionista camaronero es Marcelo Cevallos. Él asegura que no existe deforestación desde hace 20 años. Para él, debe haber equilibrio entre las camaroneras y los manglares.

Cevallos produce alrededor de unos 700 quintales anuales de camarón. Casi la totalidad de su producción anual se vende a las exportadoras. Solo el 1% se vende en el Ecuador.