BRUSELAS.- Los humanos no son las únicas víctimas de las quemaduras del sol; las algas también se queman. Investigadores del Instituto Alfred Wegener han estudiado la reacción de las algas al aumento de la radiación ultravioleta y han descubierto que éstas reaccionan de forma sensible cuando reciben una dosis mayor de luz solar.

 

Aunque las plantas tienen la capacidad de realizar la fotosíntesis, que es un proceso de transformación de energía luminosa en energía química, una exposición solar excesiva puede dar lugar a demasiada energía, destruyendo los sensibles pigmentos del alga. Seguidamente, las plantas marinas enferman, les salen manchas, palidecen y se pudren.

¿Cómo se autoprotegen entonces las plantas de los rayos abrasadores del sol? Los expertos afirman que, a diferencia de los humanos, quienes pueden ponerse filtros solares y taparse con ropa, las plantas deben construir sus propios mecanismos protectores.

«Una especie de alga roja, por ejemplo, produce menos proteínas captadoras de luz roja cuando está sometida a mayor radiación ultravioleta, disminuyendo así la absorción de radiación», explicó el profesor Christian Wiencke del Instituto Alfred Wegener (AWI) de Investigación Polar y Marina, uno de los quince centros de investigación englobados en la Asociación Helmholtz. «El color rojo característico del alga se difumina y las puntas de la planta se vuelven blancas. Además, las algas producen unas sustancias que reaccionan de forma similar a la melanina en la piel humana: los aminoácidos tipo micosporina (MAA).»

Al absorber energía, las melaninas protegen a los microorganismos frente a la acción de la radiación solar ultravioleta, que puede provocar daños celulares. Debido a la degradación de la capa de ozono, que normalmente absorbe la mayor parte de la dañina radiación solar ultravioleta (de corta longitud de onda), los rayos solares penetran en el agua del mar con más facilidad, según el equipo de investigación.

Los científicos, con sede en la Base de Investigación Franco-Alemana (AWIPEV) de Spitsbergen, una isla noruega cercana a Groenlandia, investigaron sobre este tema mediante numerosos experimentos.

«Examinamos los efectos perjudiciales de la radiación ultravioleta sobre las algas y sus mecanismos protectores», explicó el profesor Wiencke. El grupo descubrió que la radiación ultravioleta dañaba la fotosíntesis de las algas y su material hereditario. El resultado es un descenso tanto en la velocidad de crecimiento de los organismos como en el índice de éxito reproductivo.

El equipo afirmó que unas dosis de radiación ultravioleta mínimas bastan para dañar e inhibir la germinación de esporas y células germinales. «Nuestras investigaciones demuestran que la distribución de ciertas especies de algas pardas se inhibe por las condiciones climáticas que crea la radiación ultravioleta», afirmó el profesor Wiencke. «Si aumenta la radiación ultravioleta las algas se desplazan a capas de agua más profundas.»

El investigador del AWI señaló que las condiciones en Spitsbergen eran óptimas para este proyecto y afirmó que lo que pretendían él y su equipo era «observar la evolución de los ecosistemas costeros marinos frente al cambio climático global».

El profesor Wiencke comentó: «El aumento de la radiación ultravioleta no es el único factor que desempeña un papel decisivo; también la temperatura del agua, que ha aumentado por los gases de efecto invernadero. Este aumento de temperatura puede apreciarse de manera singular en Spitsbergen, en el sector atlántico del Ártico.»


Para obtener más información, consulte:

Instituto Alfred Wegener de Investigación Polar y Marina .


Fuente: Cordis