Por: Pablo López
SANTIAGO (El País).- De las más de 3.000 bateas que flotan en las rías pende algo más que un plato de comida. Ajeno al conflicto entre productores y conserveros, el mejillón, que sale de las aguas gallegas a razón de 300.000 toneladas al año, se mantiene inmune a la mayoría de las enfermedades. Semejante resistencia no podía pasar inadvertida para la ciencia.

 

Tratándose de una especie tan gallega como el mejillón, no es de extrañar que su estudio se realice en el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo (IIM), donde un equipo de científicos trata de desentrañar las claves de su capacidad inmunológica y sus aplicaciones médicas.

"El mar, además de basurero universal, puede resultar una estupenda despensa de medicinas", ironiza el profesor Antonio Figueras, director del grupo de Patología de Organismos Marinos del IIM, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Es el grupo que trata de avanzar en el mejillón como antibiótico natural, y no sería la primera vez que la farmacia se nutre del mar. Sólo hay que recordar lo ocurrido con la trabectedina, conocida comercialmente como Yondelis, derivado de un compuesto marino con eficacia en el tratamiento del sarcoma de tejido blando avanzado.

En realidad, la aportación del mar a la biotecnología está repleta de ejemplos notables. "Los cangrejos herradura producen un péptido que inhibe la replicación del virus de inmunodeficiencia humana, con ensayos preclínicos tan eficaces como los medicamentos más utilizados contra el sida. Los tiburones originan la escualamina, una sustancia con propiedades antibióticas y antifúngicas. Y las células urticantes de las medusas y de las anémonas sirven para suministrar medicamentos de forma poco dolorosa y eficaz", relata Figueras.

El descubrimiento que permitió considerar las posibilidades antibióticas del mejillón fue una nueva clase de péptidos antimicrobianos, denominada myticina C. "El hallazgo supone un importante avance en el conocimiento del sistema inmune de estos bivalvos y permitirá mejorar la resistencia a enfermedades y desarrollar tratamientos preventivos para estos y otros animales; incluidos los humanos, por supuesto", explica el profesor del IIM.

Los péptidos antimicrobianos son pequeñas moléculas presentes en la gran mayoría de organismos, que actúan como antibióticos naturales. "Forman parte del sistema inmunitario innato, no específico, que se encarga de defender al organismo de todo lo que éste no reconoce como propio", agrega Figueras. Dado que los mejillones no son capaces de desarrollar inmunidad adquirida, y por lo tanto no pueden ser vacunados, "el conocimiento de su sistema innato es de vital importancia para la prevención y tratamiento de sus posibles enfermedades".

La investigación forma parte del proyecto europeo Imaquanim para mejorar la resistencia a enfermedades de las especies más importantes en la acuicultura comunitaria: salmón, trucha, lubina, mejillón y ostra. En él participan universidades y organismos públicos de investigación de 17 países. No es el único proyecto internacional del equipo de Figueras, quien coordina la investigación del Consolider Aquagenomics, integrado por 80 doctores de distintas universidades españolas, el CSIC y el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria.
El objetivo: estudiar y optimizar diversos aspectos relevantes en el cultivo de tres especies clave en la acuicultura española: el rodaballo, la dorada y la lubina, desde una perspectiva genómica y biotecnológica.

El estudio de las propiedades antibióticas de los mejillones abre una nueva vía a una especie cuyo cultivo supone casi el 90% de la acuicultura española. Eso sí, con paciencia. Es el inicio de un proceso complicado, que debe superar los férreos controles necesarios para licenciar la molécula para su uso médico o veterinario. El paso previo para que el mejillón pase de la mesa a la farmacia.

Fuente: http://www.elpais.com