(Cordis).- Un nuevo estudio financiado con fondos comunitarios y llevado a cabo por investigadores del Reino Unido ha arrojado luz sobre la evolución de unas minúsculas criaturas que viven en las profundidades de los océanos sometidas a altas presiones.

 

Los investigadores estudiaron la temperatura y la tolerancia a la presión de los embriones de mejillón atlántico (Mytilus edulis) para adquirir una mejor comprensión sobre su capacidad de adaptación al cambio de las condiciones ambientales.

La investigación se financió mediante el Sexto Programa Marco (6PM) de la UE como parte de los proyectos MOMARNET («Monitorización de los entornos Hidrotérmicos del fondo marino en la dorsal mesoatlántica») y MARBEF («Biodiversidad marina y mecanismos de ecosistemas»). Los descubrimientos se publicaron en la revista Proceedings of the Royal Society B.

La presión, una propiedad física que afecta a las interacciones moleculares y, en consecuencia, a todos los procesos biológicos del planeta, tiene una relación directa con la profundidad. Los autores del estudio explican que la «sensibilidad a la presión que tienen las enzimas, las proteínas estructurales y los sistemas basados en membranas difieren de forma significativa entre las especies de aguas someras y las especies abisales».

De acuerdo con el estudio, «los hábitats de las especies marinas se definen a menudo en relación a unos límites superiores e inferiores relacionados en último término con la tolerancia a la presión de los organismos». Las primeras etapas de la vida de los invertebrados que viven en las profundidades abisales de los océanos proporcionan a estos minúsculos animales la oportunidad de colonizar nuevos hábitats debido a que su rango de tolerancia a la profundidad difiere en cada fase de su desarrollo.

La temperatura también es un factor primordial que determina dónde son capaces de vivir las especies. Además, el rango de tolerancia a las temperaturas también varía a lo largo del desarrollo de los invertebrados de las profundidades marinas. De acuerdo con el estudio, esto puede «afectar a la supervivencia y a la capacidad de una especie para colonizar nuevos hábitats». La temperatura afecta al ritmo del metabolismo y, por consiguiente, al crecimiento, desarrollo y supervivencia de las larvas.

Mediante la utilización de equipos de alta presión, los investigadores estudiaron los efectos de la presión y la temperatura en el desarrollo embrionario y larvario del M. edulis. El suyo es el primer análisis del desarrollo de este animal que incluye el rango de tolerancia fisiológica a la temperatura y la presión al completo.

El M. edulis, un mejillón que se encuentra en multitud de costas rocosas, es una especie invasiva muy extendida que rara vez se encuentra a profundidades inferiores a los cuarenta metros. Es, no obstante, un pariente cercano del Bathymodiolus azoricus y del Bathymodiolus childressi, de los que se sospecha han evolucionado en varias ocasiones (con momentos de cambio de hábitat). Hay indicios que demuestran que el Bathymodiolus azoricus ha experimentado una evolución progresiva desde los ecosistemas someros hasta los profundos.

Los investigadores recopilaron muestras de mejillón atlántico en Southampton (Reino Unido), las mantuvieron en un microentorno en el laboratorio e indujeron su reproducción. Sometieron a los mejillones a una serie de condiciones de presión y temperatura y anotaron sus efectos. Los descubrimientos más importantes realizados consistieron en que las temperaturas previas a la reproducción pueden afectar a la tolerancia fisiológica de la progenie, que la disminución de la temperatura frena el desarrollo embrionario y que era posible conseguir un desarrollo adecuado del embrión a una presión de entre una y quinientas atmósferas (la máxima aplicada en el experimento).

«Según estos resultados, sería posible estimar que la distribución de la profundidad máxima teórica de los embriones del M. edulis es, al menos, de 2.000 metros a las temperaturas empleadas en las pruebas», según se afirma en el estudio. Es razonable pensar, concluyen, que la invasión de las profundidades oceánicas por el M. edulis es posible, a la vista de las tolerancias a la presión de sus embriones y larvas. Sus descubrimientos tienen implicaciones para la biodiversidad marina, la cual es esencial para el desarrollo sostenible del turismo, las industrias pesqueras y la acuicultura.

MOMARNET y MARBEF han recibido cerca de 11,3 millones de euros de financiación comunitaria para integrar la investigación sobre la biodiversidad dentro de un esfuerzo mayor, contribuyendo así al cumplimiento de las obligaciones jurídicas contraídas por la UE en la Convención sobre la Diversidad Biológica y las convenciones OSPAR y de Barcelona, y también contribuyendo a la aplicación de distintas directivas comunitarias (Directiva sobre Aves, Directiva de Hábitats y Directiva Marco del Agua). El centro de excelencia MARBEF se centra en los efectos que plantea el aumento de la presión por parte de los humanos sobre la biodiversidad marina, lo que ampliará nuestro conocimiento sobre cómo los ecosistemas marinos se adaptarán al cambio climático.

Para obtener más información, consulte:

Universidad de Southampton
 

Fuente: http://cordis.europa.eu