Por: Patrick Barta
BANTAENG (The Wall Street Journal).- Los pescadores de Indonesia viven su propio colapso económico. La diferencia con los inversionistas del resto del mundo es que ellos no apostaron por valores hipotecarios sino por algo más tangible: las algas.

 

Fáciles de cultivar y valoradas por un ingrediente que es usado en la fabricación de pasta dental, cosméticos y hamburguesas de pollo, las algas marinas tropicales han ayudado a los pescadores pobres a compensar el declive de la industria pesquera.

Sin embargo, hace algunos meses, partes del mercado global de US$14.000 millones comenzaron a subir. El precio de un tipo clave de alga indonesa de repente se más que triplicó a hasta 18.000 rupiah (o US$1,80) por kilo, frente a cerca de 5.000 rupiah.

Luego, tan rápido como apareció, la burbuja de las algas explotó, agregando a esta delgada planta a la larga lista de activos mundiales, incluyendo petróleo, acciones y casa, que han perdido su valor. Para principios de septiembre, los precios se redujeron a 12.000 rupiah. Para octubre habían bajado a 10.000 y posiblemente continúen en descenso.

"Nunca antes había sucedido algo comparable", dice Asu Hasna, una agricultora de algas marinas de 42 años que vive en esta comunidad costera en la isla de Sulawesi, la cual junto a partes de las Filipinas es uno de los puntos clave de las algas tropicales. Antes, dice ella, los precios nunca caían. "Estas son malas épocas".

Pese a los declives recientes, los precios siguen siendo más altos de lo que eran hace un año. Sin embargo, las recriminaciones sobre qué salió mal están comenzando, incluyendo llamados para una mayor intervención del gobierno, esfuerzos para hacer a la industria más transparente y reformas para restaurar la confianza en el mercado.

La Asociación de Algas Marinas de Indonesia organizó una conferencia de prensa en la que su presidente le pidió a los agricultores que se mantuvieran calmados y concentrados en producir algas de alta calidad.

Poco se sabe con respecto a los factores que impulsaron el alza. A mediados del año, hordas de nuevos corredores de Indonesia y Hong Kong comenzaron a llegar a Sulawesi y otras partes, entablando relaciones con los agricultores y ofreciendo precios extraordinariamente altos.
El alga en cuestión es diferente de la variedad verde que se usa en el sushi. El alga marina de Indonesia y otros países tropicales es una variedad más amarillenta que produce un extracto llamado carragenano que es usado ampliamente como un agente para aumentar el grosor. También es útil para mantener unidas a las carnes procesadas y mantener su humedad.

Respondiendo a la demanda
Una explicación para el salto en los precios es que los corredores simplemente estaban respondiendo a la demanda de China, mientras que el suministro de algunas fuentes, especialmente la Filipinas, no estaba disponible debido al mal clima.

Otra teoría es que las compañías chinas de ingredientes estaban envueltas en una guerra comercial con algunas de ellas operando ilegalmente para incrementar el costo de las algas para así sacar a sus competidores del negocio. Otra teoría es que los especuladores y corredores vieron el auge de mediados del año en el crudo y otros commodities y creyeron que las algas seguirían el mismo camino, así que llenaron sus bodegas con la esperanza de que los precios siguieran subiendo.
Sin importar cual sea la razón, los altos precios le dieron impulso a los agricultores para apurar algas inmaduras o de baja calidad al mercado, llenando a los compradores con demasiada oferta.

Muchos agricultores dicen que los corredores codiciosos empeoraron las cosas al mezclar algas crudas con arena o cemento para incrementar el peso del producto y por lo tanto si precio de venta, lo que molestó a los compradores en China y envió a los precios en una espiral en descenso. La arena, polvo y otros contaminantes no agregan valor a las algas y deben ser removidos para obtener el carragenano.

Cuando los corredores llegaron a Bantaeng, un tranquilo pueblo costero con casas pintadas de colores pastel, sus residentes musulmanes llevaban años viviendo de la pesca, sin embargo, el número de peces había declinado. Los nativos estaban felices de pasarse a las algas, las cuales requieren poco capital semilla y generan ganancias constantes.

"Estábamos emocionados", por las algas marinas, dice Hasna, la agricultora de Bantaeng. Si no hay tormenta, dice, algunos agricultores podían ganar hasta US$2.000 al mes, y los precios nunca bajaban.

Un agricultor dice que compró una motocicleta Yamaha de US$1.300 cuando los precios subieron este año. Otros planearon nuevas adiciones a sus casas o se inscribieron para ir a peregrinajes a la Meca.

Sin embargo, cuando los precios comenzaron a bajar, estas personas tuvieron que cancelar sus viajes y recortar sus gastos.

Cumpliendo órdenes

Al ser contactado por teléfono, un hombre llamado Bago, dijo que la culpa tampoco era suya, él dijo que recibe sus ordenes de compradores en Yakarta, a los que no quiso mencionar. Luego le preguntó a un reportero si estaba interesado en comprar algas; Bago tiene 20 toneladas almacenadas en una bodega.

Tal como sucede con el desplome financiero estadounidense, hay todo tipo de ideas flotando para restaurar la confianza en el mercado. Safari Azis, presidente de la Asociación de Algas Marinas de Indonesia, dice que ha estado presionando para crear un programa de certificado de origen diseñado para forzar a los agricultores locales a mantener estándares mínimos de calidad.
Muchos otros creen que la industria necesita hacer lo que Wall Street está haciendo: Consolidarse. Iain Neish, un consultor de algas marinas de Indonesia, dice que el proceso ya está ocurriendo, con las agencias de ayuda internacional, las organizaciones sin ánimo de lucro y consultores como él mismo asesorando a los agricultores sobre cómo organizarse y forjar una industria más transparente.

"Estos auges y colapsos suceden", dice Neish. Pero a largo plazo, dice, no hay que preocuparse: Las algas son "tan buenas como el oro".

Fuente: http://online.wsj.com