De la marea roja se sabe poco. De lo que sí hay certeza es de la alta mortalidad que produce y del impacto económico y social que provoca en las comunidades de pescadores artesanales del sur del país.

 

En Chile, los registros del fenómeno son bastante antiguos. Aunque se detectó por primera vez en 1972 en Magallanes, XII Región, hay estudios que confirman que ha estado en la zona desde mucho antes. Las condiciones de luz y temperatura de las aguas australes favorecen el crecimiento de la microalga productoras de toxinas, el dinoflagelado Alexandrium catenella, cuyo veneno paralizante provoca la muerte de las personas que consumen mariscos contaminados. Hoy son muchos los lugares entre la región de los Lagos, Aysén y Magallanes, donde la extracción de mariscos (cholgas, choritos, almejas) está vedada.

La necesidad de investigar sobre el fenómeno llevó a Conicyt a convocar a concursos Fondef específicos para el Programa de Marea Roja. Se inició el 2004 y el año pasado, en el segundo concurso, la Pontificia Universidad Católica de Chile obtuvo su primer proyecto: “Desarrollo de microarreglos de oligonucleótidos para la detección e identificación de microalgas productoras de Veneno Paralizante de Mariscos”, en el que participa también el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) y la empresa Roche, bajo la dirección de la Dra. Mónica Vásquez y la colaboración del Dr. Rodrigo Gutiérrez, también profesor del Departamento de Genética Molecular y Microbiología.

La investigadora llegó hace dos años a la Facultad de Ciencias Biológicas para continuar los estudios de las cianobacterias de agua dulce, un grupo de bacterias que produce el mismo tipo de toxinas que las microalgas marinas que causan el problema de la marea roja. Hoy, luego de intensos estudios fisiológicos y genómicos, su grupo de trabajo logró identificar mediante el secuenciamiento todos los genes de una cianobacteria productora de toxina paralizante, un trabajo que está a punto de ser publicado internacionalmente. Ahora, lo que los científicos UC esperan dilucidar con el reciente proyecto Fondef es si los genes que se encontraron en la cianobacteria de agua dulce son los mismos que están presentes en los dinoflagelados que causan la marea roja o las floraciones de algas nocivas. Y con esto desarrollar una herramienta de detección de microalgas toxicas.

Los dinoflagelados son un tipo de microalgas marinas de las que existen más de 4000 especies descritas, de las cuales aproximadamente un 2% produce algún tipo de toxinas. La mayoría de estas microalgas tóxicas son dinoflagelados del género Alexandrium. En Chile, el organismo responsable del fenómeno conocido como marea roja es Alexandrium catenella. Este dinoflagelado produce un tipo particular de toxinas que provoca lo que se conoce como el síndrome paralizante y es mortal si las personas no son atendidas de inmediato.

El proyecto comenzó en abril de este año. Su objetivo para los próximos tres años será desarrollar una herramienta molecular que pueda detectar de manera fácil y rápida la presencia de Alexandrium catenella, incluso de unas pocas células, de manera que pueda ser utilizado en programas de monitoreo de marea roja.

"La idea es encontrar marcadores en los genes de Alexandrium catenella, que nos permitan detectarlos aún cuando se encuentren en bajas concentraciones y que sean específicos, de tal manera que reconozcamos solamente a Alexandrium catenella. Para esto, se toman muestras de agua o sedimento y se extrae el material genético de todos los organismos presentes en la muestra", explica la Dra. Vásquez.

Según la investigadora, con este estudio se podría dar la alerta de los brotes con algunos días de anticipación, dependiendo de la frecuencia del muestreo. La idea de esta tecnología es ser capaces de detectar la presencia del organismo productor de toxina, aún cuando éste se encuentre en bajas concentraciones.

Los registros de aparición de brotes de la microalga indican que estos pueden desarrollarse, llegar a un máximo y decaer en tiempos tan breves como una o dos semanas. Sin embargo, también hay casos de lugares con presencia de Alexandrium persistentes, en que siempre se detectan pocas células, pero nunca llega a producirse el brote. "El punto es que los métodos que hoy en día se ocupan para determinar la presencia de estos dinoflagelados son muy poco sensibles basados en identificación y recuento al microscopio, en que sólo se pueden detectar cuando alcanzan un número de células elevados, lo que en algunos casos prácticamente corresponde a estar detectando el brote en su máximo nivel. En cambio, la herramienta que queremos desarrollar durante este proyecto va a permitir detectar la presencia de Alexandrium aunque esté presente en bajas concentraciones", concluye la profesora Vásquez.

Fuente: Universia.cl