Por: Antonio Figueras*

El País , España

Alrededor de un 35% de los productos pesqueros que se consumen en el mundo proceden de la acuicultura, según datos de la FAO, y este porcentaje sigue incrementándose paulatinamente.

 

El 70% de los caladeros internacionales se encuentra en estado de sobreexplotación y el nivel de capturas actual procedente de las actividades pesqueras ha llegado prácticamente al máximo que puede alcanzarse. Además, el continuo encarecimiento de la pesca debido a la imparable subida del precio del combustible hace que el futuro de esta actividad sea cada vez más complicado.

Parece razonable pensar que el consumo de los productos de la pesca tiene que fundamentarse cada vez más en la acuicultura, lo que confirma las altas expectativas de crecimiento para las producciones acuícolas en un futuro próximo. España es el tercer país consumidor de pescado del mundo con 35 kilogramos por persona y año, por detrás tan solo de Japón (45 kilogramos por persona y año) y Noruega (40 kilogramos por persona y año).

La acuicultura es una actividad de creciente importancia para la Unión Europea y para España debido, entre otras razones, al impacto de esta actividad sobre el empleo en comunidades litorales.

En la actualidad la producción mundial de acuicultura supera los 30 millones de toneladas (sin incluir las plantas acuáticas), de los que 18 millones proceden de la acuicultura continental -sobre todo la cría de carpas en Asia- y 12 millones de la acuicultura marina.

Europa es el segundo continente en producción acuícola, caracterizándose las especies que se producen por su elevado valor económico. España está situada en el puesto 14 de la clasificación mundial. Su acuicultura marina supera las 300.000 toneladas (que se reducen a 53.900 si se excluye el mejillón), lo que supone el 24% de la producción pesquera española.

Para conseguir la producción económicamente rentable de animales sanos con un impacto ambiental limitado es necesario mejorar las tasas de crecimiento y la eficacia de la alimentación y reproducción, disminuyendo las pérdidas causadas por las enfermedades, mejorando la respuesta inmune, las técnicas de diagnóstico y las medidas profilácticas. La biotecnología puede acelerar la consecución de estos objetivos.

Es interesante señalar que en el desarrollo de la biotecnología aplicada a especies acuícolas, España todavía no ha perdido el tren, entre otras causas porque este área está en su inicio en los países avanzados de nuestro entorno (EE UU, Canadá y Noruega). Además, existen en nuestro país grupos de investigación punteros trabajando en aspectos biotecnológicos aplicados a la acuicultura, como es la búsqueda de caracteres genéticos (relativos a la reproducción, el crecimiento y la resistencia a las enfermedades), para mejorar, sin descartar la manipulación genética, la producción de las especies.

Recientemente estos grupos se han agrupado bajo un Proyecto Consolider-Ingenio 2010 (Aquagenomics) concedido en la convocatoria de 2007, con el fin de aumentar la masa crítica para potenciar su productividad, creando núcleos científicamente fuertes y competitivos.

Espero que este esfuerzo sirva para algo.

*Antonio Figueras es científico en el Instituto de Investigaciones Marinas (CSIC) en Vigo.