(CORDIS).- Científicos de Noruega, Bélgica y Reino Unido se disponen a llevar a cabo un nuevo proyecto que determinará si el bacalao es capaz o no de sentir dolor.

 

A pesar de que los peces dan muchas muestras de ser capaces de experimentar dicha sensación, se sabe poco acerca de la reacción de su cerebro ante un estímulo potencialmente doloroso. Los investigadores utilizarán la más moderna tecnología médica para examinar el funcionamiento del cerebro del bacalao.

«La mayor parte de las personas están de acuerdo en que los mamíferos y los pájaros son capaces de sentir dolor, pero no lo tienen tan claro con respecto a los peces», según declaraciones del director del proyecto Øyvind Aas-Hansen de NOFIMA, un instituto de investigación acuícola con sede en Troms (Noruega). «Se ignora bastante sobre el funcionamiento del cerebro de los peces.»

Algunos científicos mantienen que los peces carecen de las estructuras necesarias para procesar el dolor. No obstante, estas criaturas muestran muchos de los signos asociados a la capacidad de sufrir, entre los que se incluyen ciertos comportamientos (como por ejemplo evitar un peligro y frotar una parte afectada del cuerpo), la habilidad de producir opiáceos contra el dolor y la presencia de estructuras físicas como receptores del dolor y receptores opiáceos.

El objetivo del proyecto consiste en identificar qué partes del cerebro del bacalao se activan cuando éste se expone a un estímulo potencialmente doloroso y examinar la forma de procesar dichas señales.

Los investigadores utilizarán, entre otras técnicas, resonancia magnética funcional (RMf) y electroencefalogramas (EEG) para poder observar el cerebro del bacalao.

«Este es un trabajo pionero», comentó el Dr. Aas-Hansen. «Ningún otro científico se ha adentrado en el cerebro del bacalao de esta forma.»

El Dr. Aas-Hansen tiene un especial interés en subrayar que durante los experimentos no se va a torturar a los peces. «Utilizaremos los mismos métodos que se usan en voluntarios humanos sanos», declaró a CORDIS Noticias. Esto significa que los estímulos del dolor se mantendrán a un nivel bajo para que únicamente provoquen una sensación desagradable y no un dolor agudo, explicó el científico.

No es probable que los resultados del proyecto tengan repercusiones en la legislación vigente, puesto que las normativas actuales ya tienen en cuenta medidas de precaución ante el tema y presuponen que los peces pueden sentir dolor. No obstante, el Dr. Aas-Hansen confía en que los descubrimientos engrosen la lista de argumentos para abogar por el trato «humanitario» a los peces. Además añadió que «las investigaciones comparativas sobre cómo funciona el cerebro de distintos animales pueden proporcionarnos conocimientos sobre el nuestro».

El proyecto, financiado por el Consejo Noruego de Investigación, durará tres años.
Para obtener más información, consulte:

NOFIMA:
http://www.nofima.no/

Fuente: CORDIS