Por: Jorge Varela Márquez
(El Heraldo).- La “Certificación”, “Sello verde” o “Ecoetiquetado” en la acuacultura del camarón (como en otras empresas), tiene como objetivo lograr un desarrollo sostenible de la industria, garantizando un producto sano, respetuoso del ambiente y la sociedad, adquiriendo un precio mayor pagado por el consumidor responsable.

 

Pero la Certificación es realizada con cierta negligencia por Organizaciones de países consumidores; mientras tanto, un “consorcio” formado por el “Fondo Mundial para la Naturaleza” (WWF), Banco Mundial, la “Red de Centros de Acuacultura de Asia pacífico” (NACA), FAO, UNEP y otros, desde el 2006 ha elaborado los “Principios Internacionales para una Responsable Acuicultura del Camarón” y realiza desde el 2007, un proceso de consultas con productores, algunas ONG, técnicos, científicos y otros, en África, Belice, Ecuador, y en Bangkok.

Los resultados pueden verse en, www.worldwildlife.org/shrimpdialogue

Los “Principios” forman la base, para desarrollar “criterios” orientados a reducir los impactos negativos de la industria. A estos se aplican “indicadores” que miden la extensión de los impactos, y por último se desarrollan estándares que explican cuantitativamente si un “principio” es logrado.

La sociedad civil, organizada en “redes de trabajo” en Asia, África, Latinoamérica, Europa y Estados Unidos, por su parte, ha expresado su preocupación directa, frontal o veladamente, tanto en contra de la acuicultura industrial del camarón como en contra de la “certificación”, lo cual puede leerse en sus “declaraciones”, elaboradas en reuniones de consulta también en África, Europa, Asia y Latinoamérica, (léalas en: www.coddeffagolf.net ó www.coddeffagolf.org ).

Las ONG acusan a otros “certificadores” ya en operación, de erigirse sobre las leyes nacionales y de ignorar la opinión vinculante de las comunidades locales, pescadores y otros usuarios; de no considerar los delitos socio ambientales y económicos, cometidos durante el establecimiento de la industria desde hace más de treinta años y aún ahora; y otros argumentos que concluyen en que más que “Certificar el camarón” se “Certifica la impunidad”.

Pero, no se atacan los “principios”, los que presentan ciertos vacíos, pero pueden ayudar a mitigar los impactos. Aunque parezcan ex temporáneos, deben mejorarse y aplicarse, pero no con la visión de conducir, al menos por ahora, a la “certificación”, pues eso transforma en un premio, el cumplimiento de una obligación generalmente ignorada desde su génesis.

Gobiernos y camaroneros por un lado y sociedad civil por el otro, parecen estar de acuerdo en contra de la certificación. Los primeros porque no desean obedecer más “principios” que los económicos de corto plazo, y los segundos… Porque lo saben… aunque…

Fuente: http://www.elheraldo.hn