Diario Digital Agrario, España

La Unión Europea es el mayor consumidor mundial de productos pesqueros, representando el 27 por ciento del global de las importaciones mundiales, por un valor de 15.800 millones de euros. En este contexto hay que situar la producción acuícola, una fuente cada vez más importante de pescado de calidad que representa en torno al 18 por ciento del volumen total actualmente comercializado en la Unión Europea.

 

El sector ha crecido a un ritmo del seis por ciento anual durante los últimos diez años, fundamentalmente en la producción de peces marinos, por lo que se espera terminar 2008 con una producción de más de 1,7 millones de tm.

A pesar de este fuerte crecimiento, la acuicultura europea no es capaz aún de cubrir su propia demanda interna; ya que importa anualmente cerca de 800.000 Tm (equivalentes de peso vivo), de las cuales 600.000 Tm son de salmón noruego y chileno en fresco sin procesar; 200.000 Tm son otros pescados de agua dulce como pangasius o tilapia procedentes de Asia, África y América Latina y que llegan en forma de filetes congelados; y 20.000 Tm son de peces marinos como dorada y lubina, procedentes de Oriente Próximo y África. Las aportaciones apenas superan las 50.000 Tm, principalmente de salmón, en fresco o ahumado originarios de Escocia e Irlanda.

Retos en los Mercados

Las líneas maestras del desarrollo de la acuicultura en la Unión Europea fueron detalladas hace algunos años por la Comision Europea en el documento denominado Estrategia para el Desarrollo Sostenible de la Acuicultura Europea, el cual está sirviendo como referencia para toda la nueva legislación sobre acuicultura.

En dicho documento se señalaba que, a pesar de un potencial de desarrollo positivo, la acuicultura de la Unión Europea debía todavía resolver algunos problemas, sobre todo en lo que respecta a la aceptación de los consumidores y los requisitos de protección de la salud, la inestabilidad de los mercados o el impacto medioambiental.

En este sentido la acuicultura como actividad productora de alimentos todavía presenta la típica inestabilidad de los precios de mercado de las jóvenes industrias agroalimentarias que conocen un rápido crecimiento. La oferta no está aún bien acoplada a la demanda y se producen bajadas importantes de precio; el valor medio en la comercialización de los peces de acuicultura europeos pasó de 3,49 €/Kg en 2006 a 2,95 €/kg en 2007.

Además, existe todavía un importante desconocimiento de los consumidores sobre las características de los productos acuícolas.

Las campañas generales de promoción son instrumentos importantes para abrir nuevos mercados y para ampliar los existentes, pero la ayuda pública concedida mediante el IFOP se ha revelado insuficiente, ya que los costes siguen siendo demasiado altos para los subsectores ''pobres'' de la acuicultura y es casi imposible financiar campañas transnacionales.

Por otra parte, los acuicultores deben luchar contra la extendida opinión pública de que los productos de la acuicultura, o bien no poseen la misma calidad nutricional u organoléptica que los provenientes de capturas, o bien pueden estar contaminados con productos químicos perjudiciales, algo que, habiendo sido cierto en ocasiones, no resulta frecuente. Otro aspecto importante tiene que ver con el manejo sanitario en las explotaciones acuícolas; en este sentido, cabe destacar que la primera legislación comunitaria relativa a la sanidad animal en la producción acuícola se adoptó en 1991.

Actualmente, existe una normativa detallada y armonizada que cubre los aspectos de sanidad animal en la producción acuícola. La normativa primaria prevé condiciones que regulan la comercialización de animales y productos de la acuicultura, así como medidas para el control de determinadas enfermedades.

Retos medioambientales

Por otra parte, en algunas zonas la acuicultura se enfrenta a un grave problema con la opinión pública a causa de sus efectos negativos para el medio ambiente; emisión de contaminantes o su impacto en la biodiversidad.

El efecto de las emisiones de nitrógeno y fósforo procedente de los excrementos de animales de cría o de desperdicios de alimentos de explotaciones individuales es, por lo general, de pequeña importancia si se compara con la entrada global de nutrientes de una región en masas de agua abiertas, pero puede ser significativo en la zona de la explotación y en sus alrededores inmediatos. El impacto en la biodiversidad depende del número y de la extensión de las explotaciones y de su localización. En zonas con numerosas piscifactorías, el enriquecimiento en nutrientes y el riesgo de eutrofización son problemas de gran importancia.

Otro de los aspectos a controlar tiene que ver con la demanda de juveniles de especies salvajes, como anguilas o atún rojo, que puede poner el peligro la situación de estas poblaciones, que ya se encuentran excesivamente explotadas. Los cruces entre los peces tránsfugas y las oblaciones nativas pueden causar daños a largo plazo debido a la disminución de la diversidad genética.

Por otro lado, la introducción de especies foráneas puede amenazar la biodiversidad si las especies exóticas liberadas o tránsfugas se instalan en el nuevo ambiente, o también pueden acarrear la introducción de enfermedades, tanto para las poblaciones cultivadas como para las especies salvajes.

Asimismo, muchas de las críticas al desarrollo de la acuicultura tienen que ver con su demanda de el espacio.

El reciente crecimiento de la acuicultura, especialmente en el litoral, donde ya se concentra gran número de actividades, la convirtió en la recién llegada que perturba la situación establecida durante mucho tiempo entre los usuarios existentes.

Documento del futuro europeo

Todos los aspectos anteriores han sido abordados en los últimos años, pero precisan de una urgente adaptación. Se prevé que la Comisión Europea presente en 2009 un informe sobre el futuro de la acuicultura en el ámbito comunitario para “identificar” los problemas burocráticos vinculados a la ubicación de las piscifactorías y de implantación de I+D+i, así como los problemas derivados de la competencia con otros países productores (especialmente asiáticos) que introducen sus productos en los mercados europeos, apostando por el volumen y el bajo coste, pero no por los controles de calidad.