Desde 1930 hasta fines de los 80, las capturas de la langosta de Juan Fernández han experimentado abruptas fluctuaciones. Hasta ahora, se desconocen las causas que hay detrás de esas variaciones, pero la respuesta podría estar en los resultados de un reciente proyecto Fondecyt de investigación en ecología marina y oceanografía, el primero de su tipo en Chile, que pretende entender los factores que afectan la abundancia de la especie.

 

El proyecto apunta a estudiar las larvas y los juveniles, más que los individuos adultos, por ser esta la etapa más vulnerable de la especie. De los cientos de miles de larvas que se liberan en el agua, sólo unas pocas llegan a convertirse en adultas, en un proceso de crecimiento, hasta alcanzar el tamaño de extracción comercial, que dura entre 8 y 9 años. Conocer científicamente los procesos que hay detrás del éxito de las larvas para incorporarse a la población adulta es fundamental para contribuir al conocimiento biológico de esta especie, recurso fundamental para la poblaciónde la isla.

El proyecto contempla varios meses de trabajo en la isla Robinson Crusoe, entre noviembre y marzo. Allí se ha montado un laboratorio donde se observan y analizan algunos de los factores que no son medidos directamente en el fondo marino. El equipo de trabajo está conformado por el investigador principal, Álvaro Palma, del Centro de Estudios Avanzados en Ecología y Biodiversidad y profesor del Departamento de Ecología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile; el co-investigador Carlos Gaymer, de la Universidad Católica del Norte, Coquimbo, y otros seis ayudantes de investigación.

Se trata de un proyecto Fondecyt sobre la ecología del recurso y su nexo con la oceanografía que afecta a esa isla, la más grande y la única habitada de las islas del archipiélago de Juan Fernández.

La langosta de Juan Fernández (Jasus frontalis) no existe en el continente. Sus larvas llegan desde el planton y permanecen al vaivén de la corriente de agua por aproximadamente dos años. Es la etapa más vulnerable de la especie, y de la que se sabe poco. Por eso el desafío es saber lo que hay detrás de ese proceso y por qué tan pocos individuos logran llegar a la etapa adulta. Este proyecto les permitirá a los científicos entender tanto el mundo físico en el que ocurren los cambios como también sus interacciones biológicas.

Ésta es la primera vez que se hace un estudio oceanográfico-ecológico de la zona. Contempla trabajar en Robinson Crusoe durante cuatro años, en períodos que se extienden de noviembre a marzo, que corresponde a la época reproductiva de la langosta. Para ello un grupo de investigadores jóvenes explorará el fondo marino buceando para censar y medir individuos, y colocar colectores diseñados especialmente para atraer a las larvas (filosomas) y postlarvas (puerulus) e insertar marcas electrónicas con las que obtendrán información sobre la población de langostas. Además, los investigadores medirán una serie de variables físicas, tanto oceanográficas, a través de censores de temperaturas y corrientes, como meteorológicas, mediante una estación que fue instalada en uno de los cerros de la isla.

"Queremos conocer las causas que producen las variaciones en las capturas a lo largo del tiempo", señala Álvaro Palma. Según datos de la Subsecretaría de Pesca, en 70 años -entre 1930 y fines de los 80-, las extracciones sufrieron una fuerte caída, especialmente el 2003, para luego volver a repuntar. Este estudio espera dilucidar estas incógnitas y poder pronosticar el futuro de este apetecido crustáceo, de cuya captura viven más de 100 pescadores y sus familias en la isla.

Pequeña y vulnerable

La langosta de Juan Fernández (Jasus frontalis) es una de las siete especies del género Jasus que están distribuidas en el hemisferio sur. Al igual que todas estas especies, la langosta de Juan Fernández atraviesa por una serie de etapas antes de convertirse en una langosta pequeña. Lo que sale del huevo es una larva (filosoma) que pasa cerca de dos años en la columna de agua sujeta a las condiciones oceanográficas para luego transformarse en otro estadio del ciclo, el puerulus, el que se transformará en juvenil una vez que se asiente en el sustrato (al fondo del mar, cerca de la costa). Este pequeño y vulnerable juvenil es el que tiene que crecer por espacio de varios años para transformarse en el adulto que entra a las trampas de los pescadores.

En éste, como en otros organismos marinos (locos, lapas, erizos, jaibas), ocurren muchas pérdidas en el proceso desde que salen del huevo hasta que son adultos.

Fuente: Universia