La piscicultura, es una forma de abastecer salmón, bacalao, trucha y otros pescados populares a los consumidores, produce un estimado de 30% del pescado que los humanos consumen.

Pero esta actividad también tiene efectos negativos. La orina, materia fecal y alimento sin consumir de las piscigranjas son trasladados a grandes distancias, según los investigadores de Stanford.

Los alimentos comerciales sin consumir son trasladados por las corrientes. Y los peces en cultivo defecan y orinan, creando corrientes de desechos en el océano.

Previamente se asumía que los desechos podrían ser diluidos por el mar si las granjas se mantenían lo suficientemente lejos de la costa, manifestó Jeffrey Koseff, co-director del Woods Institute for the Environment de Stanford. Pero los resultados del nuevo software que simula la dinamia de fluidos muestra que los desechos de las piscigranjas viajan en mayores concentraciones que los creían, destacó Koseff.

Las corrientes que fluyen entre las jaulas pueden finalmente llevar los desechos a una playa pública o un ecosistema de manglar. Pero si no hay suficiente flujo de corriente a través de la jaula, la materia fecal y el alimento no consumido puede acumularse y crear “zonas muertas” en el fondo del océano.

Fuente: The Angeles Times