MADRID.- El comportamiento del delfín mular (Tursiops truncatus) empieza a parecerse al que tendría un lobo en el mar, sólo que su ganado son piscifactorías del litoral español. A los daños en los viveros, que preocupan a la industria, se unen las bajas entre estos mamíferos por culpa de las redes, lo que alarma a los ecologistas. Un equipo liderado por un español busca conciliar ambas preocupaciones con unos aparatos que los alejen de las granjas marinas.

El director del Instituto para el Estudio de los Delfines Mulares (BDRI), el biólogo Bruno Díaz, define a esta especie como un depredador muy inteligente. "El mular es un oportunista; el clásicoFlipper va a por el pescado que queda atrapado en las redes de los pescadores", dice. Con la sustitución de la pesca tradicional por la piscifactoría, los delfines están cambiando sus hábitos. "Los viveros empiezan a ser sus nuevos supermercados", añade Díaz.

En realidad, los delfines rara vez entran en las jaulas de las granjas marinas de lubinas, rodaballos o doradas. Pero su cercanía provoca tal estrés que eleva la mortandad de los peces. Para evitar el daño, el BDRI, situado en el norte de la isla italiana de Cerdeña, está probando unas barreras sonoras desde febrero. Los aparatos, diseñados por la empresa española Ingeniería y Ciencia Ambiental, emiten sonidos periódicos a una intensidad que, sin dañar al delfín, resultan tan molestos que este se va a buscar su alimento a otra parte.

"Los dispositivos que estamos probando no tienen nada que ver con el sónar, que sí es una bomba que destruye a los animales", aclara este biólogo coruñés, que lleva una década estudiando el comportamiento de los delfines en Cerdeña.

Cuatro proyectores

Cada aparato tiene cuatro proyectores que emiten sonidos en rango de frecuencias entre los 10 KHz y los 15 KHz y 145 decibelios de intensidad sonora. "Nunca metería en el agua aparatos de más intensidades, que pudieran provocarles daño físico", aclara Díaz. El alcance, de hasta 1.000 metros alrededor de la granja, permitirá espantar a los delfines que se acerquen.

El gerente de la empresa que ha creado las barreras sonoras, Fernando Mariño, cuenta que "tras dos años de diseño y pruebas en acuario, ahora tocaba el mar abierto". La ría de Vilagarcía de Arousa y las aguas de Cerdeña son los dos escenarios elegidos. "Se busca probar su eficacia en dos ecosistemas tan diferentes, uno atlántico y otro mediterráneo, con el mismo depredador", explica.

La industria también está muy interesada en que la cosa funcione. Para el presidente de la Fundación Acuicultura de Andalucía , Juan Manuel García de Lomas, "como ocurre con el lobo, el delfín parece muy bonito desde fuera, pero puede ser muy dañino para nosotros, igual que el lobo para los pastores,". Sólo en el litoral andaluz hay seis polígonos flotantes de peces que llevaron a los mercados 4.500 toneladas de pescado el año pasado.

El BDRI seguirá con los ensayos hasta junio, cuando se evaluará la eficacia de las barreras sonoras. El siguiente paso es su comercialización. Pero el director del BDRI no las tiene todas consigo. "Me gustaría equivocarme, pero el mular es muy elástico, adaptativo y listo", dice Díaz. Podría ocurrir que, como ya ha pasado con otros sistemas usados en redes, "los delfines se terminen habituando al sonido". Igual que la campana de los perros de Pavlov, las barreras podrían tener el efecto contrario y, en vez de alejar a los delfines, indicarles el camino hacia un suculento banco de peces.

Fuente: http://www.publico.es