(La Tercera).- No basta con el paladar para identificar si una pasta de machas enlatada o una paila marina congelada tiene en verdad los mariscos seleccionados que dice contener. La genética ha desarrollado sofisticadas técnicas para determinar la originalidad de estos productos, lo que hoy es una exigencia en los países desarrollados y que Chile podrá cumplir con la creación del primer banco genético de especies marinas en Latinoamérica.

 

Este proyecto -impulsado por el Centro de Biotecnología de la Universidad de Concepción- será un laboratorio donde se guardarán, a bajísimas temperaturas, muestras de ADN de todas las especies marinas comerciales que habitan las costas de Arica a Punta Arenas.

El registro de estas secuencias permitirá identificar -aunque esté cocido, ahumado o molido- si el producto que se está vendiendo es realmente lo que dice ser. Aún más, esta tecnología permitirá saber a qué especie exactamente pertenece y de qué localidad viene el animal. Esto se logra mediante la identificación de "marcadores moleculares", es decir, secuencias de genes que al ser únicos pueden predecir el lugar de origen. "Nuestro trabajo es buscar una porción de genes que asegure que los choritos que dicen ser chilenos no son de cualquier otro país, por ejemplo", afirma Cristian Gallardo, investigador del Centro de Biotecnología y director del proyecto.

A esto se le llama "trazabilidad genética". Y hoy es una exigencia que imponen países de la Unión Europea y Estados Unidos, para asegurar que los productos que pasan sus fronteras no estén contaminados o contengan químicos con alguna intención terrorista. "La discusión en Chile todavía no comienza, pero internacionalmente es un tema de alta relevancia", afirma Pilar Haye, académica del Departamento de Biología Marina de la Universidad Católica del Norte y coinvestigadora.

Debido a sul rol en la exportación de pescados y mariscos en el mundo, Chile será el cuarto país en contar con esta tecnología. "Sólo existen tres bancos genéticos de animales marinos: uno en Estados Unidos, otro en Europa y el tercero en Japón", explica Cristian Gallardo.

El proyecto, que tiene un costo un millón de dólares y es financiado por Corfo-Innova e inversionistas privados, servirá, además, para monitorear los cambios en los genes que producirá, por ejemplo, el calentamiento global de los océanos en las especies. O para verificar si los recursos están sobreexplotados, si se comprueba, por ejemplo, que los animales están disminuyendo su variabilidad genética.

Fuente: http://www.latercera.com