Por: J. M. CEINOS
La Nueva España ,

Nació en Ares (La Coruña), en 1963. Estudio Biológicas en la Universidad de Santiago de Compostela, donde también se doctoró. Es investigador titular del Instituto Español de Oceanografía en la especialidad de Ecología Bentónica. Trabaja en el Centro Oceanográfico de Gijón desde noviembre de 2007. Ha publicado casi medio centenar de artículos en revistas científicas y escrito diez libros. Participó en expediciones científicas en la Antártida, África y la Patagonia, entre otras partes del mundo.

 

JAVIER CRISTOBO RODRÍGUEZ Nuevo director del Centro Oceanográfico de Gijón

Javier Cristobo Rodríguez estaba a miles de millas náuticas de España cuando a finales del pasado mes de enero se le comunicó su nombramiento como nuevo director del Centro Oceanográfico de Gijón. En concreto, participando en una expedición científica -a bordo del buque oceanográfico «Miguel Oliver», en aguas del Atlántico Sur entre las islas Malvinas y la costa patagónica de la Argentina- para estudiar los posibles ecosistemas vulnerables y así «evitar que barcos de cualquier nacionalidad arrastren en zonas que son especialmente delicadas o tienen una importancia ecológica grande».

-¿Qué es la Ecología Bentónica, su especialidad?

-Normalmente todo el mundo conoce los peces pelágicos, que son los que viven en el seno del agua pero no tienen contacto con el fondo marino, por ejemplo la sardina, el atún o las ballenas, y lo contrario de pelágico es bentónico, que son los animales que están en contacto con el fondo o tienen alguna relación con él, como las almejas, los mejillones, los peces planos que viven en el fondo... Yo me dedico más a la Ecología Bentónica y la mayor parte de los investigadores del Centro Oceanográfico de Gijón trabajan en ecosistemas pelágicos.

-Y ahora cambia las olas por el despacho...

-No soy un hombre de despacho y creo que una parte importante de nuestra labor como investigadores es buscar los datos donde se generan, aunque a veces es duro por las condiciones del mar, una expedición oceanográfica es lo menos parecido a «Vacaciones en el mar». Pero la idea del director general del Instituto Español de Oceanografía es que los nuevos directores de centros no dejemos de repente nuestras investigaciones y, dentro de lo que nos permita el cargo de dirección, que sigamos involucrados en nuestros proyectos. Pero está claro que no podré seguir al mismo ritmo, el Centro Oceanográfico de Gijón merece y debe llevar una dedicación importante.

-¿Para seguir la labor emprendida por su primer director, Luis Valdés?

-Este centro, a pesar de que es el más joven de toda la red (se puso en marcha en 2001), tiene bastante prestigio y mi intención es que siga siendo así y que mis compañeros tengan las mejores disposiciones para que puedan seguir haciéndolo. La proporción de doctores que tiene con respecto al personal total o la relación de publicaciones con respecto a otros centros quiere decir que aquí hay gente muy productiva, gente joven que está haciendo una labor increíble, aunque a veces puede que no llegue al gran público; es un centro realmente prestigioso y la idea es continuar con la labor de Luis Valdés, que no se pierda lo que ya se ganó, y mejorar si hay cosas mejorables.

-España atraviesa una fortísima crisis económica, ¿habrá menos dinero para investigación?

-Sin ninguna duda. Hace diez días tuvimos una reunión de directores de centros oceanográficos con el director general del Instituto de Oceanografía y uno de los aspectos importantes de aquella reunión fue que hay que apretarse el cinturón y saber mucho en qué se gasta el dinero, además de economizar todo lo que sea posible.

-Usted que recorrió gran parte del mundo en expediciones científicas, ¿considera que realmente es tan preocupante el cambio climático o hay mucha publicidad?

-Sin lugar a dudas que es muy importante; en el océano, en general, ya se notan cambios, pero en concreto uno de los sitios donde se está notando más es en la Antártida: la cantidad de hielo que se transforma en agua sigue una curva exponencial y es espectacular.

-Pues este invierno las nevadas en España han colapsado, incluso, Madrid...

-Pero una cosa es el tiempo atmosférico y otra la tendencia que está teniendo el clima. Estamos hablando de un cambio a nivel de todo el planeta, y los cambios que están ocurriendo en pequeños grados de temperatura que están subiendo están afectando al deshielo.

-¿El cambio climático puede incidir, por ejemplo, en que en el Cantábrico haya menos besugos o menos bocartes?

-El cambio climático se está estudiando en muchas facetas y quizá lo que más le llega al gran público es el efecto del deshielo o la subida del nivel del mar, pero afecta a todo; todavía estamos en una fase de estudiar lo que está pasando, pero es indudable que afecta a un montón de especies bentónicas, pelágicas, etcétera, y de hecho, que en una zona determinada del océano, véase el Cantábrico, suba un grado la temperatura del agua, puede provocar que especies que no son autóctonas del Cantábrico colonicen estas zonas y desplacen a las especies que ya están aquí.

-En su amplia vida laboral también trabajó en la especialidad de la acuicultura, ¿es el futuro de la pesca?

-No cabe duda de que en parte sí, aunque en un futuro inmediato no vaya a resolver absolutamente todos los problemas, pero pienso que la acuicultura es un paso más. El hombre, desde tiempos remotos, aprendió a cultivar la tierra, y el mar siempre quedó en segundo plano.

-¿Por qué?

-Conocer los procesos biológicos de una determinada especie, tratar de criarla y hacer el ciclo completo en unas condiciones de estabulación es complicado para muchas especies, pero se están consiguiendo y a medida que se avance en la investigación cada vez se van a lograr especies que se puedan cultivar en ambientes confinados. El cien por ciento del mejillón que se consume es de cultivo... El rodaballo, la dorada y la lubina también, y cada vez irán apareciendo más especies como el besugo o el lenguado.