Por: Manuel Barral
La Opinión, España

A CORUÑA.- Como la peor de las patologías o el mayor temporal. Así de perjudicial considera la presidenta de la Asociación Gallega de Productores de Trucha, Luz Arregui, la actitud de la Administración gallega hacia la acuicultura continental. Es contundente al afirmar que se olvida de este sector y asegura que, si no cambia la situación, muchas empresas echarán el cierre. Sobre todo por un canon de saneamiento que "nos va a impedir acceder a las ayudas anticrisis del Gobierno porque vamos a aparecer como deudores al no poder pagarlo"

 

Los productores de trucha de Galicia denunciaron la semana pasada que el cobro del canon de saneamiento que realiza la Xunta a las empresas del sector puede llevar al cierre de muchas piscifactorías. La presidenta de la Asociación Gallega de Productores de Trucha (Atrugal), Luz Arregui, asegura que la Administración gallega no muestra interés por esta actividad.

-El canon de saneamiento es el principal problema. ¿Cuántas granjas están en peligro?

-Tenemos unas 20 empresas en Atrugal y han recibido giros 15 de ellas. El importe total asciende a 550.000 euros, lo que significa darnos la puntilla en un momento clave de la economía. Ni siquiera vamos a poder acceder a las medidas anticrisis del Gobierno porque estos giros van a pasar a la vía ejecutiva y apareceremos como deudores en la comunidad autónoma cuando las empresas tienen que refinanciar sus pasivos.

-Hay comunidades y países que no cobran este impuesto. Supongo que sería lo ideal.

-En muchas autonomías exigen unos parámetros de calidad que debe tener el agua que sale de las piscifactorías y si los respetas, estás exento. En otros países el modelo es más ajustado: se calcula el tamaño de la explotación y el impacto al medio y se fijan unas cantidades. Pero de los casos que hemos estudiado, Galicia es la región europea donde se paga el canon más alto.

-Pero hay otros problemas.

-Sí. Hay una sobreoferta de pescado de Venezuela, Perú, Argentina, Chile o incluso Turquía y ha caído la demanda en España y Europa. Nosotros exportamos el 70% de la producción y no podemos competir con los bajos costes de estos productores. A esto sumamos un canon que hace que trabajemos para la Administración: las cantidades que exige superan los ingresos de una empresa en todo el año. Así, nuestra credibilidad con los bancos disminuye en el momento en que más los necesitamos para pedir créditos. Eso hace que la Administración sea el mayor enemigo del sector.

-Sin canon de saneamiento, ¿las empresas serían rentables?

-Galicia tiene compañías perfectamente viables: el primer exportador de trucha de Europa y el segundo de España. Son empresas que, con un marco administrativo adecuado, tienen todo un futuro por delante. Sólo en Dinamarca hay la misma densidad de granjas de trucha que en nuestra comunidad, porque tenemos unas condiciones naturales de las mejores que hay en Europa para este negocio.

-¿Se necesita más inversión?

-Sí. Lo que no se puede esperar es que salgamos de esto cuando la Administración realizó cero inversiones en promocionar la trucha. Y no es porque no lo hayamos pedido. La Xunta debe desarrollar sus competencias en acuicultura continental o las empresas pedirán ayudas para cerrar los negocios.

-¿Las firmas del sector son de capital gallego?

-En su totalidad, y familiares. Lo normal es que tengan cuatro o cinco trabajadores, la mitad de la propia familia. No son grandes empresas sino medianas o pequeñas.

-¿Hay alguna que pretenda ampliar su producción?

-Las que crecen lo hacen fuera de Galicia, en comunidades que apoyan la acuicultura continental.

-¿Sería factible pensar en una especie de plan de la acuicultura continental similar al Plan Galego de Acuicultura?

-Hemos querido producir otras especies, hacer una diversificación de especies como pide la UE. En el caso de la trucha fario pedimos permiso para criarla y se nos denegó sin justificación alguna. En Galicia se podría criar este tipo de trucha, esturión y otras especies, pero hace falta una Administración que respalde los proyectos. Hace tiempo ya denunciamos que el plan acuícola era sólo marino y es hora de que se acuerden de que nosotros también estamos aquí.

-¿Se sienten discriminados?

-No queremos más que otros sectores. Somos la única actividad productiva que está en la Consellería de Medio Ambiente. Allí consideran que no son el interlocutor para hablar de industria o promoción en el sector y te mandan a Industria, Pesca o Medio Rural. No tenemos a quien pedir mejoras.

-¿Hay un abandono por parte de la Administración?

-Algunos productores dicen que si la Xunta no desarrolla las competencias que las devuelva porque no podemos seguir sin interlocutor. La acuicultura continental gallega llegó a producir 15.000 toneladas al año. Ahora rozamos las 5.000 pero tiene capacidad para esas 15.000.

-¿A qué se debe ese bajón?

-A que han caído los precios, los productores bajan su producción para reducir costes, el mercado no tiene canales de venta consolidados y hay una gran presión por parte de las grandes superficies.

-En materia de subvenciones, ¿cómo está el sector en relación con la acuicultura marina?

-Tenemos acceso al Fondo Europeo de la Pesca igual que ellos pero, con el problema de las consellerías, no se han desarrollado como se debía. Con el canon de saneamiento va a ser difícil que podamos acceder a estas ayudas si aparecemos como deudores. Creo que se van a perder todos los fondos.

-¿Y qué vínculos tienen los dos tipos de acuicultura?

-Estamos juntos en la plataforma tecnológica gallega y hay contactos a nivel autonómico y nacional. Colaboramos con ellos.

-Pero en la marina hay más empresas extranjeras.

-Pero en su momento también fueron locales. Nosotros somos de una generación que empezó en los años 70 y, las que podamos, seguiremos siendo de aquí.

-En la producción, ¿cuáles son sus mayores problemas?

-No son las patologías como en la acuicultura marina. Nosotros estamos sujetos al clima: las sequías, las riadas, la calidad del agua... Pero la trucha es más resistente que todas las especies marinas y todos estos problemas se aguantan. Lo que es difícil de soportar es el inmovilismo de la Administración.