Investigadores de la Universidade de Santiago (USC) asesoran a la principal empresa tailandesa exportadora de atún en conserva en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a través de la puesta en marcha de la huella de carbono en el etiquetado de los productos, que permitirá al consumidor conocer los riesgos climáticos asociados a su compra.

Según explicó la coordinadora del proyecto, Almudena Hospido, se trata de "ayudar, desde la perspectiva de la sostenibilidad, a compañías que comercializan sus productos en la Unión Europea". Así, pretenden introducir el etiquetado de huella de carbono, que está muy extendido en países como Reino Unido y Francia.

El grupo de la USC se centra en transferir conocimiento a empresas de alimentación tailandesas en lo referido a la aplicación de la huella de carbono como "instrumento eficaz" a la hora de desarrollar productos de bajo nivel de contribución al calentamiento global y también como elementos de respuesta a la demanda creciente por parte de los minoristas y consumidores europeos.

Además de la USC trabajan en este proyecto otros dos centros de investigación europeos --el Instituto Nacional para la Investigación Agronómica de Francia y la Universidad de Surrey (Reino Unido)--, dos universidades tailandesas y tres empresas destacadas del sector de la alimentación en el país asiático.

HUELLA DE CARBONO

La huella de carbono es una herramienta de cálculo que determina la cantidad de gases de efectos invernadero que se emiten a la atmósfera a lo largo de todo el proceso de producción e incluso en el momento del consumo. Así, buscan estimular la reducción de las emisiones ya que, con este nuevo etiquetado, en el momento de la compra el consumidor "es consciente" de su contribución al cambio climático según decida comprar uno u otro producto.

Los investigadores gallegos emplean técnicas de análisis del ciclo de vida, que consisten en estudiar todo el proceso que sufre el producto: producción, transporte a la fábrica, procesado, contaminación asociada al envase y al etiquetado, transporte al supermercado, así como la etapa de uso por parte del consumidor. Según explicaron, se trata de información "útil" para el usuario final, para que en el momento de la compra "tome una decisión consciente del impacto ambiental que se ocasiona".

Así, los investigadores gallegos visitaron la empresa tailandesa y las diferentes fábricas asociadas a la misma y están recogiendo datos de un año de producción, con el fin de conocer las emisiones y los residuos que genera, en este caso concreto, el proceso de fabricación de atún en conserva, tanto directa como indirectamente.

REPERCUSIÓN

La finalidad última, según resaltaron, consiste en conocer cómo repercute en el cambio climático, estudiando los seis gases que contribuyen al efecto invernadero. El cálculo de la huella de carbono le sirve a la empresa a nivel interno, según precisaron, para identificar en qué punto del proceso de fabricación se produce una mayor carga ambiental para, en consecuencia, tratar de minimizar las emisiones.

Además, el equipo de la USC pretende aplicar esta y otras herramientas de gestión ambiental al sector acuícola gallego. "Si las empresas europeas se están preparando para obtener la huella de carbono, queremos ayudar a las firmas gallegas en la evaluación de sus sostenibilidad, con el fin de garantizar que no se vena penalizadas en el mercado internacional", concluyó Almudena Hospido.

Fuente: http://www.que.es/