(La Voz de Galicia).- Con los bajos precios que alcanza el pescado en este año de crisis, el negocio de las algas, a pesar de su estreno en las redes de comercialización hace solo cinco años, no termina de despuntar. Si en los cuatros primeros meses del 2008 se vendieron en las lonjas gallegas 45.600 kilos de argazo y golfo, en el 2009 la extracción solo llegó a 22.585 kilos, lo que supone un descenso del 50% y se acerca a valores del 2006.

En este marco, equipos gallegos apuestan por la acuicultura multitrófica integrada (cultivo de algas en combinación con peces y moluscos), dentro de un proyecto estatal que amplía el uso de las macroalgas al consumo humano, la elaboración de piensos, alimentación de peces y moluscos o limpieza de las aguas de los criaderos.

«La explotación de los recursos naturales es limitada y en Europa debemos avanzar en esa línea. Los cultivos marinos más importantes en el mundo son las algas», señala Javier Cremades, investigador de la Universidade da Coruña. Desde hace 20 años trabaja en este campo y ha contribuido a desarrollar producciones para alimentación humana como los de Porto Muíños.

«Hemos demostrado que el cultivo es viable con la tecnología para la Laminaria sacarina, con producciones comparables a China, Corea y Japón. La acuicultura en Europa es complicada porque comemos y criamos peces depredadores, y no vegetarianos», señala el experto. Respecto a cultivos experimentales que han embarrancado, advierte de que cultivar el mar tiene exigencias como las agrícolas, no todos los tiempos y lugares de una ría sirven y tampoco se asegura el éxito importando semilla de Francia.

Porque son saludables

Los mejor posicionados son quienes ya están consolidados en la comercialización de algas salvajes y pueden vivir de algo más, mientras investigan y se lanzan a cultivar especies que rinden grandes producciones para pastas, sopas y conservas. «Galicia tiene condiciones más que sobradas y la idea es introducir las algas en la alimentación, porque son saludables», dice Cremades.

A su juicio, el descenso en el volumen de algas salvajes en las lonjas respecto a hace un año no es significativo. «El frío y los temporales pudieron haber retrasado la recolección, pero no han perjudicado su biomasa; al contrario, he visto buenas poblaciones de espagueti de mar». Además, advierte de que gran parte de las recolectadas no pasan por lonja, por lo que es difícil conocer la cifra real.

Fermín Fernández, propietario de Algamar, coincide en que «aunque el mal tiempo haya rompido mucha alga, la biomasa existente es muy superior a la que recogemos». El desafío, dice, es «intentar aumentar la demanda de la materia prima salvaje y acudir al cultivo cuando sea necesario, no a corto plazo porque ahora mismo es más caro cultivar algas que recolectarlas de la costa». Sobre los efectos de la crisis, reconoce que «las algas no se contemplan aquí como un producto de primera necesidad, pero no quiero ser pesimista y esperamos aumentar este año un 10% nuestra producción, que tiene una clara orientación vegetariana y ecológica». En Galicia se identificaron más de 600 algas, de las que un centenar son comestibles. Por ahora únicamente se comercializan una veintena. Y hay problemas con el sargazo, invasora que desplaza a muchas autóctonas.

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es