Por: José María Olmo
CARBONERAS (Gaceta).- Los caladeros de los países occidentales agonizan, pero España ha comenzando a ver la luz en otro túnel, el de la acuicultura marina —la producción controlada de peces y moluscos—, que puede reportarle mayor rendimiento y mayores ingresos. El futuro del sector parece transitar por esta alternativa a la pesca tradicional. La progresión de las explotaciones españolas no ha dejado de crecer en la última década y en especies como la dorada o la lubina las piscifactorías marinas representan ya más del 93% de las capturas totales.

España aún ocupa el puesto 17 en el ránking mundial, liderado por China, líder destacado, e India, Indonesia, Filipinas y Vietnam, que forman el quintento de cabeza. Pero los valores de la producción nacional son significativos y se mantienen en constante crecimiento. En 2007, esta industria produjo en suelo español 40.260 toneladas de pescado de crianza, un 10,6% más que en el año anterior, y generó ingresos en primera venta por valor de 253 millones de euros, según datos de la Asociación Empresarial de Productores de Cultivos Marinos (Apromar), que agrupa a las empresas del sector. En 2008, la producción subió hasta las 46.000 toneladas y sólo la crisis económica puede amortiguar nuevos incrementos en 2009

El comportamiento de la acuicultura marina contrasta con la sobreexplotación de los caladeros, las limitaciones de Bruselas, los nuevos repartos geoestratégicos y el aumento de costes de las flotas, que están reduciendo la pesca extractiva de algunas especies a niveles prácticamente residuales.
 
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO en sus siglas en inglés) predice que la producción alimentaria deberá aumentar un 50% en los próximos años para cubrir el incremento de la demanda mundial, y parte de la solución pasa, según esta organización, por el impulso de esta industria, que aún está lejos de alcanzar su máximo potencial. La FAO destaca en sus informes la eficiencia energética de la acuicultura marina, su reducido impacto ambiental, el valor nutricional de sus peces, la seguridad alimentaria de la cadena de producción, la competitividad de su precio final y la regularidad de sus explotaciones.
 
Las tres especies con mayor éxito en los mercados mundiales son la laminaria japonesa, la ostra japonesa y la carpa plateada. La incipiente industria española se ha especializado en otras tres especies muy presentes también en el resto de países mediterráneos, dorada, lubina y rodaballo, con una elevada demanda en el mercado nacional. Dorada y lubina, especies más aptas para aguas cálidas, se explotan en las costas del mediterráneo, Andalucía occidental y Canarias, y el rodaballo, necesitado de un hábitat más frío, en el litoral cantábrico y en la costa atlántica gallega.

Investigación

El sector trabaja en permanente colaboración con los centros de innovación y tecnología para salvar los obstáculos que la naturaleza presenta a la producción intensiva de peces. La acuicultura ha recurrido al enriquecimiento del agua con oxígeno para aumentar el volumen de producción, a la vacunación emprana para reducir las bajas y a la calefacción de las piscinas de preengorde para acelerar los procesos de cría. La acuicultura vive instalada en el I+D+i.
 
La dorada es la especie más producida en España. La industria española ocupa la tercera posición en el ránking mundial de este pescado de crianza con una cuota del 14,8%, por detrás de Grecia (52,9%) y Turquía (15,9%). En 2007, las piscifactorías españolas generaron en 22.320 toneladas de dorada, con un valor de mercado de 95,9 millones de euros, según cifras de Apromar. La Comunidad Valenciana cultivó el 34,4% de la dorada española; Canarias, el 25,5%; Andalucía, un 18,1%; Región de Murcia, el 13,3%; y Cataluña, el 8,7%.
 
La lubina es la segunda especie más importante para el sector nacional, con una producción en 2007 de 10.480 toneladas de este pescado de crianza que generaron en primera venta de 52,1 millones de euros. También en esta especie España ocupa la tercera posición del ránking mundial de productores, con una cuota del 9,8%, por detrás de Grecia (37,7%) y Turquía (34%). Por comunidades, la lubina tiene más peso en Canarias, que acapara el 31,7% de la producción total nacional, seguida de Andalucía  (30,7%), la Comunidad Valenciana (18,1%), Región de Murcia (15%) y Cataluña (4,5%).
 
El rodaballo es el tercer pescado más producido en España, con 6.080 toneladas en 2007 que catapultan a la industria española hasta el primer puesto de la clasificación mundial de esta especie, con una cuota del 77%. El valor de la primera venta reportó, en el mismo periodo, 58,4 millones de euros. Galicia produce el 94% de los rodaballos de crianza españoles, a mucha distancia de Cantabria (4%), Asturias (1%) y País Vasco (1%).

Nuevas especies

Los acuicultures españoles buscan nuevas especies para salver la saturación de dorada y lubina que comienza a apreciarse en el mercado nacional y que, unida a la crisis económica, ha empujado los precios a la baja, rebasando incluso los costes de producción.

La industria ha vuelto la vista a especies como la corvina, la anguila, el besugo o el lenguado, implantadas en España pero con gran margen para su expansión. Las explotaciones deberán salvar primero problemas técnicos (la anguila no puede criarse en cautividad por lo que la industria se abastece de alevines silvestres), la escasa implantación en los mercados de algunas de estas especies (la corvina crece a buen ritmo pero tiene escasa acogida en los hogares) y la necesaria diversificación de la industria (el besugo sólo se produce en una empresa de Galicia).
 
La innovación también pasa por encontrar piensos más económicos, sustitutivos de los peces pequeños que se emplean habitualmente como alimento y que obligan al sector a continuar dependiendo de la pesca extractiva.
 
El margen para la expansión de la industria es claro. La Unión Europea (UE) es el mayor consumidor mundial de productos pesqueros —España es el segundo país, con 37 kilos/año/habitante—pero sus flotas y piscifactorías abastecen cada año un menor porcentaje de su propio mercado, principalmente, por el dencenso de la capturas. La UE importa actualmente cuatro veces más de lo que exporta, generando un desequilibrio en su balanza comercial 13.800 millones de euros. La producción de la acuicultura española no está creciendo a la velocidad que debiera para aprovechar la oportunidad que le ponen en bandeja los mercados.

Fuente: http://www.gaceta.es