(El Diario). Quién hubiese creído, apenas cinco años atrás, que Entre Ríos, la provincia que la naturaleza definió antes que el hombre y cuya redundancia inspiró a Juanele, iba un día a carecer de uno de sus principales recursos?; ¿qué hubiéramos respondido si nos proponían compartir un negocio vinculado a la crianza de peces, tierra adentro, nada menos que en Entre Ríos?

 

Las respuestas son obvias y se constituyen en barreras decisivas. Contra esas barreras, y algunas otras, debió luchar Sebastián Almará cuando unos cuatro años atrás se interesó, por un programa de televisión sobre un emprendimiento, por la producción ictícola en su ciudad, cuando nadie lo había intentado todavía.

Comerciante del rubro de cotillón, padre de dos hijos, pescador de todos los fines de semana, había adquirido una pequeña chacra a un par de kilómetros del centro de la ciudad, cuando sintió de golpe que se le estaba presentando un hobbie para mantenerse en contacto con la naturaleza llamado a modificar su relación con los peces.

PRIMEROS PASOS. Al tiempo que buscaba en internet y hablaba con especialistas -en la zona la información no abunda-, aprovechó unos viajes a Misiones y Posadas para comprobar in situ cómo era un esquema que ya iba tomando forma en su cabeza. Así conoció el principal establecimiento, el de Rosamonte, en Misiones, a pesar de que todos coincidían en el riesgo que significaba intentarlo en esta zona, dónde los inviernos son más fríos y con aguas más frías que aquellas donde se reproducen estas especies. El primer paso ya había sido dado. Sólo restaba convencer a Olga, su mujer, que lo miraba con el ceño fruncido al tiempo que lamentaba cómo la lancha se iba llenando de telarañas en el garage. Y peor aún, la inquietud se había convertido en obsesión.

“Viendo un programa de Brasil se me metió el bichito, porque vi cómo sacaban surubí, pacú, boga, dorado en la misma laguna. El primer año probamos con carpas, en 2005, y anduvo bien. Entonces probamos con pacú, que es el pez estrella de criaderos. Nuestra ciudad no es la ideal para la cría de pacú, que es de zona templada cálida, y empezamos con todo en contra. Todos me decían que era difícil”. Asegura que cuando terminó ese programa levantó el teléfono y arregló con la producción para coordinar una visita a criaderos de Misiones, y cuando lo vio dijo: “Esto me gusta, me apasiona”. Y así empezó una historia que todavía nadaba lejos de la crisis del recurso ictícola y las vedas oficiales.

El sábado pasado, Sebastián, su hijo Diego y Víctor, quien se encarga de cuidar sus piletas, realizaron la primera cosecha de pacúes, con cerca de 300 piezas de más de 1,5 kilogramos, que si bien todavía no tendrán destino comercial -ya que requiere habilitación oficial e infraestructura- servirán para agasajar amigos y probarse que su sueño de producir peces de criaderos en Paraná, se corporizaba dentro de su orgullo.

PRUEBAS. “Quienes sabían me dijeron que cualquier pez se podía criar, pero el frío del agua y heladas más frecuentes, hacían peligrar la producción, ya que el pacú es un pez muy delicado, porque cuando la temperatura baja de cierto grado, no come, y luego se muere, a pesar de que puede pasar todo el invierno sin comer. Empezamos con una prueba con carpas, que es un pez mucho menos vulnerable, y luego nos lanzamos a hacer pacú, y hoy estamos en condiciones de tener la primera producción”, se ufana Almará cuando hace una mirada retrospectiva, parado sobre la media hectárea de peces de espejo de agua, con cinco piletas, a las que agregará en breve algunas más; asegura que la inversión no fue tan grande, sólo un tajamar, traer desde el norte los alevinos (en su auto en bolsas inyectadas de oxígeno) y mucha horas hombre. Con el tiempo fue disponiendo de mayores recursos a medida que crecía en expectativas y piletas con peces que requieren alimentos balanceados, pozo de agua, sistema de oxigenación, y cubrirlas con malla, ya que el pacú, casi inmovilizado en invierno y todavía pequeño, estaba siendo depredado por biguás, y otras aves.

Sebastián asegura que asistió a congresos y cursos y se comenzó a conectar con otros productores, y entiende que en la provincia existen dos criaderos más, uno en Ramírez y otro en Nogoyá. Su hobbie se estaba convirtiendo en una actividad productiva.

APOYOS. Dice que no acudió al Estado porque no estaba seguro de que pudiera producir pacú, aunque sí se capacitó con distintos organismos oficiales.

“Yo apuntaba al pacú, pero hoy hay diversificación. Tengo boga, sábalo y dorado, que también es complejo. Estamos haciendo una prueba con el dorado, que hasta ahora viene bien ya que con ninguna especie tuvo muertes naturales. Un problema importante es la alimentación, y hay una empresa en Santo Tomé que provee el alimento de buena calidad. El pescado necesita más del 30 % de proteínas, y el alimento debe ser muy especial. Son caros y ricos en proteínas”.

Actualmente posee pacúes de entre 1,2 y 1,5 kilos que son los que buscan los restaurantes. Cuando son más grandes se venden en pescaderías.

“En la cosecha del año que viene quiero llegar a hacer 5 mil kilos de peces por hectárea, es decir que estaría en condiciones de generar 10 mil kilos. Para eso debería ingresar en una nueva etapa de inversión con una sala de faena con la habilitación del Senasa y todos los requisitos, con cámaras, y estaría ya en condiciones para Semana Santa de 2008. También estamos diagramando hacer la reproducción de estos peces en laboratorio, y los centros especializados están en el norte, y allí hay un problema de traslado de alevinos, un costo alto de flete”, dice Almará, quien denominó a su emprendimiento Pezcampero.

El emprendedor ya se propone integrar su cadena , pensando también en la comercialización, e ingresar en la investigación y el desarrollo, e incluso asesorar a otros a partir del know how adquirido, ya que considera que cuántos más haya como él más protección tendrá la fauna natural.

Posiblemente esta sea la simiente de una nueva estirpe de emprendedores, incluso muchos de ellos reconvertidos de las canoas y espineles, para que en el futuro su sustento siga estando vinculado a los peces, pero esta vez tierra adentro, tan luego en Entre Ríos.

EL DATO

ESPECIES
Son las que actualmente se producen en el establecimiento Pezcampero, ubicado en Paraná. Hay cuatro variedades de carpa, boga, sábalo, dorado pacú y tilapia, todas con características distintas de comer. Hay piletas exclusivas de pacú, otras piletas que son de policultivo, que se compensan porque una come lo que deja el otro y no hay competencia por el alimento.


Ensayo y error

Sebastián Almará cree que con lo que aprendió junto a los peces, a fuerza de ensayo y error, y el aporte que puede hacer el Estado, la ciudad y la provincia podrían encauzarse en esta alternativa productiva. “Yo tuve algunas dificultades ya que no tengo agua natural, por lo que tengo que traerla de pozo, y eso implica bomba y electricidad. Hoy tengo una producción semi intensiva, es decir, un pez cada cuatro metros cuadrados de espejo de agua, pero vamos camino a una cría intensiva, para hacer un pez por metro cuadrado. Lograr en menor espacio mayor cantidad de especies y piezas”, dice el hombre que entre alevinos, juveniles y adultos posee unas 12 mil piezas, que algún día serán insumo para atender al turismo y satisfacer la demanda interna.

“El secreto del agua es oxigenarla, porque depende de cada especie la demanda de oxígeno. Algunos requieren un mayor porcentaje de oxígeno en el agua, y otros menos. Hay que tener en cuenta que los peces ensucian el agua, hacen sus heces y se va contaminando el agua, todo eso se maneja con especies que limpian la laguna, y con renovación y control de calidad, control del PH, alcalinidad, oxígeno disuelto, etc”, dice el hombre que ya habla como un experto, a fuerza de poner el principal recurso para que el emprendimiento se desarrolle: la atención permanente.

Para destacar

- La tilapia es un pez de aguas cálidas. En el invierno se la debe cambiar a unas piletas especiales en un galpón porque con temperaturas bajas, muere. Dicen que es un pez muy antiguo, y el que multiplicó Cristo en Galilea. “Es muy antiguo y el de mayor producción mundial en criadero. Hoy lo tenemos para alimentar a los dorados, por la rápida y continua reproducción que tiene.

- Los peces se controlan cada 15 días en cuanto a talla y peso, y se regula la ración diaria. Un pez come el 3 % de su peso diario. Sobre esto hay estudios importantes realizados por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, pero para climas más cálidos.

Fuente: http://www.eldiariodeparana.com.ar