VIÑA DEL MAR.- Seminario del Centro Oceantártico de la U. Andrés Bello, analizó cómo en un mundo globalizado las corrientes marinas, ciclos migratorios de peces, salinidad y temperatura de las aguas o zonificación para crianza de especies, condicionan los límites que el hombre ha trazado en el mar.

Chile se encuentra en un momento  de desarrollar  la industria de los cultivos marinos offshore o mar afuera  como una oportunidad en el corto plazo generando beneficios que los promotores de este negocio  asocian a la  solución de  los conflictos del borde costero, la reducción de los efectos en el medio ambiente,  a beneficios a las comunidades costeras, y equilibrando el déficit en la balanza comercial, debido al creciente consumo de productos del mar.

Tal conclusión fue expuesta el marco del Seminario Límites Marinos: Criterios en un mundo globalizado, organizado por el Centro de Estudios Oceánicos, Insulares y Antárticos, Oceantártico, de la Universidad Andrés Bello en el que participaron académicos, investigadores y representantes de instituciones públicas y privadas vinculadas a los temas marítimos y su proyección. En el encuentro se analizaron  nuevos límites biológicos, físicos y oceanográficos como corrientes marinas, ciclos migratorios de peces, salinidad y temperatura de las aguas, las cuales condicionan las fronteras que el hombre ha trazado en el mar.

Felipe Hurtado, ingeniero pesquero e investigador de la Escuela de Ciencias del Mar de la Universidad Católica de Valparaíso, expuso las posibilidades que representa la crianza de organismos marinos mar afuera bajo condiciones controladas, en ambientes expuestos y de alta energía de océano, técnica de cultivo que nace como opción para satisfacer la creciente demanda mundial de consumo de productos marinos, generando, a su vez, nuevas alternativas de empleo.

Advirtió que en plazo más reciente nuestro país tiene a su alcance una opción importante, pero en el mediano y largo plazo 5 a 15 años, esta condición pasará a ser una necesidad. Sin embargo, expresó que a esa altura las respuestas no van a ser inmediatas por lo que países como EE. UU y  la Unión Europea estarán en condiciones superiores para producir mayores cantidades de especies hidrobiológicas a un costo ambiental menor, por lo que serían más competitivo frente a nuestros productos, si es que su interés sería el salmón. Además estos países tienen mayor cantidad de recursos para invertir a un riesgo.

Situación en Chile

En Chile la acuicultura offshore como tal no existe en operación, sin embargo cultivos de salmones existen en zonas expuestas en mar abierto y a profundidades por sobre los 60 m.  

El investigador puntualizó que no existe una política clara respecto al desarrollo de esta tecnología, ya que la reglamentación actual no considera explícitamente el cultivo mar afuera.  “En la reglamentación que define las áreas aptas para la acuicultura y que corresponde a espacios geográficos definidos según la Ley General de Pesca y Acuicultura, no considera espacios geográficos mar afuera sino más bien costeros”, detalló Felipe Hurtado.  

Además,  no existen cartas zonificadas, de manera que se minimicen los conflictos entre usuarios; hay carencia de estudios que caractericen las posibles zonas de uso, según un análisis físico, químico y biológico, agregó el ingeniero pesquero.

No obstante, hizo presente que aún quedan zonas cercanas a costa eventualmente explotables por el sector acuicultor,  pero que ante la amenaza que representa la aparición de crisis sanitarias como la del virus ISA-caligus en los salmones, los cultivos offshore aparecen cada vez más interesantes.

Expresó que en conclusión, la Acuicultura Offshore puede dar una solución ante las necesidades de la población mundial de contar con creciente cantidades de proteínas de origen marino, uno de los propósitos cruciales de la FAO para enfrentar la amenaza de hambre en el mundo. Igualmente, ofrece la posibilidad de mitigar los impactos ambientales de otras pesquerías, exige un fuerte desarrollo tecnológico para las necesidades de equipamiento, comunicación y búsqueda de nuevas especies y plantea la necesidad de elaborar un nuevo marco legislativo.

Fuente: Universidad Andrés Bello