Durham (Pórtland Press Herald). Con el gobierno federal impulsando el desarrollo de la acuicultura oceánica, el Golfo de Maine esta jugando el rol central en el debate, si la acuicultura en el océano es ambientalmente seguro y económicamente viable.

 

El golfo es el hogar de los mares más turbulentos del mundo y el un clima desagradable, un perfecto lugar para probar el desarrollo de jaulas de alta tecnología y el equipamiento de alimentación automatizado. Varias instituciones y empresas en Maine y New Hampshire están desarrollando equipamiento y expertos para las operaciones en el océano.

El ambiente político es igualmente turbulento. Los pescadores están preocupados de que la acuicultura a gran escala de especies como el bacalao o lenguado, pueden disminuir los precios de los peces salvajes. Los grupos de conservación, ven diferentes problemas ecológicos, como la concentración de los desechos de los peces en el área.

Otros países están adoptando tecnología desarrollada en USA y agresivamente promueven la industria, dijo Michael Rubino, quien administra el programa de acuicultura para la National Marine Fisheries Service. El tema para los políticos es si USA podría participar o se ubicara al margen. El gran desafío es ¿Queremos hacer esto o no?.

Maine una industria líder?

La experiencia de Maine en el cultivo de salmón en tierra, combinado con investigación en acuicultura realizado a la Universidad de New Hampshire y la Universidad de Maine, da  ala región la oportunidad de ser una industria líder, dijo Steve Page, presidente de Ocean Farm Technologies of Searsmont. La empresa fabrica jaulas esféricas que se exportan.

“Existe una real sinergia entre los que hacen las universidades y al experiencia de la industria del salmón, lo que da a nuestro estado una enorme ventaja en términos de la acuicultura comercial” afirmó Page.

Actualmente, cuando muchas pesquerías están en problemas y la demanda por pescado esta incrementándose, la industria de la acuicultura puede satisfacer la demanda, siempre y cuando no afecte al ambiente o a las poblaciones de peces salvajes. Moviendo las piscigranjas al océano, ellos indican que evitan los conflictos por la tenencia de los terrenos, mitigan los impactos ambientales y proveen al pez un hábitat más estable.

Pero los ambientalistas argumentan que grandes cantidades de peces salvajes, como el arenque, deben ser capturados para alimentar a los peces en las jaulas. Esto disminuye el alimento que soporta a las especies salvajes como el atún y ballenas, dijo Roger Fleming, abogado de la Conservation Law Foundation.

Para que un pez de cultivo crezca hasta una libra, debe consumir de 2.5 a 3.5 libras de harina de pescado, indico Fleming. “Esto no esta evitando la presión sobre la poblaciones de peces, pero hace cosas peores, debido a que remueve el sistema de forraje que nuestras poblaciones necesitan para recuperarse”.

La salud de las poblaciones salvajes comercialmente valiosas, como el abadejo y el lenguado, depende enteramente de la disponibilidad de peces forrajes, dijo Curt Rice, un pescador de Pórtland. “Esto tiene un delicado balance, pienso que es mejor que la madre naturaleza alimente a los peces” indicó.

Los defensores de la acuicultura, indicaron que se vienen desarrollando alimentos para los peces hechos de productos agrícolas como la soya.

Más opciones, costos mayores

El mayor impacto ambiental de las piscigranjas ubicadas en tierra, es la acumulación de los desechos de los peces en una sola área. En los condados de Washington y Hancock, donce Cooke Aquaculture esta criando cerca de 3 millones de salmones en 10 granjas cerca de la costa, las grandes mareas ayudan a sacar los desechos. Adicionalmente la empresa rota de sitio para disminuir el impacto.

Cooke, la cual se ubica en New Brunswick, en los últimos años ha invertido US$ 60 millones en proyectos de acuicultura en Maine, y ve un futuro de la acuicultura oceánica en las aguas lejos de las costas de Maine.