Barranquilla. De acuerdo a información aparecida en el Diario El Heraldo, Diez tilapias de 20 centímetros cada una y 600 gramos de peso, acabaron con dos años de total escasez y genero un grito de júbilo entre varios habitantes de la isla de Cabica.

 

A medida que corren los segundos, muchos otros peces del estanque van quedando sujetos a la atarraya, provocando una sonrisa en el rostro de Manuel Padilla, uno de los humildes trabajadores de la Unidad Productiva ‘Piscícola La Magdalena’, ubicada en este corregimiento, perteneciente al municipio de Soledad (Atlántico).

Dado este momento, Padilla se da cuenta de que su vinculación al plan de ‘Mejoramiento de Productividad de Microempresarios de la Cooperativa Piscícola, Coopipescol’, gestionado por el Instituto de Investigaciones de la facultad de Administración de Empresas de la Universidad Simón Bolívar, no fue en vano.

“Tuve la dicha de ser escogido y pude trasladarme a la Universidad para aprender las cosas que hoy me generan una gran satisfacción”, puntualiza, y al mismo tiempo reconoce la labor del dueño de la Unidad, Jaime Martínez, “con quien trabajé hasta el año pasado y fue quien me permitió conocer un poco más acerca de las técnicas correctas a utilizar en la materia”.

No obstante, reconoce que la labor en el lugar no ha sido nada fácil: “Quisiéramos trabajar no tanto ‘con las uñas’, sino poder tecnificar y hacer las cosas de forma menos rudimentaria”.

Del mismo modo, recuerda “la fatídica inundación de diciembre de 2005 a la que tuvimos que sobreponernos porque se llevó gran parte de nuestro trabajo. No pensábamos que ese día se podía presentar esa situación y tuvimos que buscar gente para que trabajara con nosotros y tratar de sacar esto nuevamente adelante”.

“A pesar de todo el trabajo realizado, aún no hemos podido sobreponernos a todo el daño ocasionado en aquel momento”, agregó.
Hoy, cuando las inundaciones han cesado un poco, quiere cumplir uno de sus más grandes anhelos que es el de mejorar su situación económica y la de su familia, a través de la producción del pescado, por ende pide la ayuda del Gobierno Nacional para poder poner en práctica todos sus conocimientos.

“Nosotros creamos nuestro propio estanque, independiente de los seis que tiene este lugar, para así poder progresar. Estamos buscando las mayores comodidades para nuestra familia. Si tuviéramos recursos de la Nación podríamos crear nuestra propia microempresa”, concluyó.

VIGILANCIA DEL PROYECTO

Un grupo de coordinadores del proyecto, el cual fue cofinanciado por el Ministerio de Industria y Comercio, a través de Fomipyme, realiza constante vigilancia en los diferentes lugares para que las labores de los capacitados se realicen de manera adecuada. La gran mayoría se ha sentido “a gusto” con el avance significativo que han tenido las diferentes unidades productivas en la región.

“El proyecto con todos los favorecidos avanza satisfactoriamente. Queremos presentar más planes que puedan calificar ante el Ministerio de Agricultura y de esta forma poder generar más empleos para los más necesitados”, resaltó Debys Betancourt, gerente de Coopipescol.

A su turno, el ingeniero pesquero Roberto Rivera insistió en que las bases dictadas por la institución les permitirán a los capacitados fabricar el alimento, que “es uno de los puntos más importantes para la producción de peces”, debido a que “éste equivale al ochenta por ciento de los costos. Si no se utiliza de manera correcta no se van a ver los resultados”.

A partir de biometrías el cuerpo de investigaciones estableció cuál era el requerimiento de alimento por etapas, lo que facilitará las labores en las diferentes unidades productivas. También se deben seguir ‘al pie de la letra’ los procesos correspondientes; el primero de ellos que consiste en trabajar con monosexos (sólo machos), y el otro en realizar la selección de la especie, es decir, que el color y el tamaño sean los más adecuados.

Sostuvo que el proceso por el cual ha tenido que atravesar ésta unidad “ha sido bastante complicado”, debido a que “las condiciones no son las más apropiadas” para ejecutar este tipo de labores.

“En este medio (estanques) se debe tener mucho cuidado con los peces porque cualquier movimiento equivocado puede generar graves consecuencias, sin embargo la labor hecha hasta el momento por Manuel Padilla y su familia ha sido la apropiada”, puntualizó.

MÁS NECESIDADES

A pesar de haber recibido la capacitación, Gladys Castro, otra de las habitantes de la isla de Cabica, asegura que “de nada nos sirve si no podemos ponernos a producir”.

“Nosotros nos sentimos orgullosos de esto que ellos nos enseñaron y queremos tener un mejor estilo de vida pero no contamos con los recursos. Estamos en una situación bastante ‘apretada’ por eso pedimos ayuda de la Alcaldía (de Soledad) para que se apersone de la crisis por la que estamos atravesando”, aseguró.

María, su hermana, indicó que “hasta el momento nos sentimos felices teniendo un solo estanque, ¿qué tal si tuviéramos seis o siete?... por ahora tenemos que conformarnos pero necesitamos una gran ayuda para que no tengamos que atravesar todos los días por esta difícil situación”.

Ambas aseguran que han hecho propuestas a los dueños de tierras aledañas al sector para ver si pueden donarlas y así poder utilizarlas en la construcción de nuevos estanques, pero las respuestas siempre han sido negativas.

Respecto a esto, la coordinadora, Ilda Estrada afirmó que “vendrán más capacitaciones para estas personas, pero lo ideal es presentarlas en un nuevo plan ante el Ministerio de Agricultura en busca de la donación de recursos físicos para que ellos puedan empezar a trabajar de manera independiente”.

“Lo que se busca es que sean adjudicados más terrenos para la construcción de otros cinco o seis estanques para que la producción de estas familias sea mensual y no semestral”, aseguró Estrada.