OVIEDO (LNE).- La piscicultura asturiana, centrada en el engorde de truchas en instalaciones especiales ubicadas en las cabeceras de los ríos, se ha convertido en un ejemplo para el resto de España. El prestigio alcanzado por la actividad en el Principado se debe, en buena medida, a la iniciativa de Manuel Cabero, fundador de la empresa Piscifactoría del Alba, con tres plantas de producción ubicadas en Soto de Agues y Rioseco (Sobrescobio) y en Agüera (Grado). 

Cabero recibió esta semana, de manos del director general de Ordenación Pesquera, Ignacio Gandarias, el distintivo «Trucha de oro», que otorga cada año la Organización de Productores Piscicultores de España. El galardón reconoce la trayectoria de Cabero como pionero de la acuicultura española. La actividad en piscicultura se remonta al año 1960, en que empezó a centrarse en la reproducción, cría y engorde de truchas arco iris.

Las instalaciones se ubicaron en las cabeceras de los ríos Alba, Nalón y Cubia, donde el agua goza de una excelente calidad para la cría de la trucha. La empresa distribuye sus productos a través de mayoristas y de un canal propio. Todos los procesos relacionados con la manipulación de la trucha, tanto la producción como la comercialización, se encuentran sometidos a un riguroso control de calidad que permite garantizar unas condiciones óptimas de consumo.

Los cambios en la demanda también han ido introduciendo variaciones en la producción. Durante los primeros años de la empresa solamente se presentaba la trucha entera, con cabeza y tripa. La creciente demanda de productos más elaborados, condujo a emprender una nueva etapa. Fue entonces cuando se incorporó una línea de trucha fileteada y la elaboración de semiconservas de trucha en escabeche.

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