Por: Anxo Lugilde
SANTIAGO DE COMPOSTELA (La Vanguardia).- El último alimento salvaje de gran consumo, el pescado de mar y de río, tiende a desaparecer de platos, cazuelas y parrillas, desplazado por los peces cultivados en granjas. En el último informe de la FAO, la rama alimentaria de la Organización de las Naciones Unidas, se calcula que en el 2006 el 47% del pescado que comieron los humanos procedía ya de la acuicultura, frente al 6% de 1970. El adelantamiento es inminente. Quizá ya se haya producido. Esta revolución de la acuicultura está rodeada de conflictos, con pescadores, vecinos de zonas costeras y ecologistas, que denuncian que agrava el daño de la pesca industrial.

Los caladeros se agotan. El documental 'El fin de la línea', estrenado el mes pasado en Londres, denuncia el colapso de los océanos. Sin embargo, las empresas lo niegan y destacan que desde mediados de los noventa las capturas mundiales de pescado se mantienen constantes, en torno a los 90 millones de toneladas, de las que un tercio se dedica a harinas. Aunque, respecto al consumo humano, acuicultura y pesca están prácticamente a la par, las capturas globales de pescado salvaje (que incluyen el destinado a harinas) son muy superiores a la producción de piscifactorías. Se calcula que en cifras totales la acuicultura igualará a la pesca hacia el año 2030. Ahora, el pescado de granja se dirige al consumo humano y registra un gran crecimiento, de un 28% entre el 2002 y el 2006, el mayor de la industria alimentaria, como destaca Pablo García, directivo de la multinacional Stolt Sea Farm.

La población mundial se incrementa y consume más pescado. Esa demanda es atendida por las granjas. "El salmón está cerca de los dos millones de toneladas, la tilapia cerca del millón, el panga por encima del millón, la dorada alcanza las 150.000 toneladas en el Mediterráneo... Hablamos de cantidades que nunca fue posible hacer en la pesca ", destaca Enrique de Llano, responsable de acuicultura de la empresa gallega Pescanova, que acaba de inaugurar en Mira (Portugal) la mayor planta de rodaballo del mundo.

Como precisa Santiago Cabaleiro, director del Centro Tecnológico de Acuicultura de Galicia, "no se puede decir que la acuicultura sustituya a la pesca, porque son complementarias. Una parte de la materia prima acuícola es pesquera y hay empresas que trabajan en los dos campos". Es el caso de Pescanova, que desarrolla una estrategia global en la acuicultura, basada en detectar las especies con mayor potencial para producirlas donde le resulte más conveniente.

El ejemplo paradigmático es el panga, un pescado de agua dulce de Vietnam, "de carne blanca y suave, con poco sabor y bajo coste porque es herbívoro", en palabras de Enrique de Llano, director de Acuicultura de Pescanova. Explica que tiene aceptación en Estados Unidos porque se parece a especies que existían en el sur. En España lo están introduciendo empresas como Pescanova.

El panga fue uno de los protagonistas de las grandes protestas del sector pesquero español de hace un año, en demanda de controles para la importación de productos de dudosa procedencia.

De Llano considera que la polémica se centraba en las cuestiones sanitarias. Afirma que si el panga se produce en buenas condiciones higiénicas, con medios avanzados, "no ha de tener ningún problema".

Pescanova habla del panga como un pescado de bajo coste, un producto low-cost cuya presencia comienza a hacerse habitual en las pescaderías, en las que el pez de granja siempre tiene un precio inferior. Lo mismo ocurre en los restaurantes, que acuñaron la etiqueta de "salvaje" para referirse a los productos procedentes de la pesca.

Tanto Pescanova como Stolt Sea Farm aseguran que sus catas a ciegas de rodaballo de las últimas décadas muestran que la diferencia de sabor "es imperceptible para el consumidor". "Nosotros decimos una cosa a favor de la acuicultura: el pescado salvaje no sabemos dónde estuvo, el nuestro sí", afirma De Llano.

El desarrollo reciente de la acuicultura tiene su base en una gran labor de investigación que el director del Centro Tecnológico gallego compara con la que hay, por ejemplo, en la electrónica: "El profesional que se aleje dos años del sector se queda desfasado". El esfuerzo se centra en incorporar nuevas especies y en mejorar las ya existentes.

Aunque hay pruebas de que los romanos ya cultivaban peces en estanques, la acuicultura industrial tiene apenas cuatro décadas, a partir del impulso que le dieron los japoneses y los noruegos. En la costa española empezaron a proliferar las jaulas en el mar para producir dorada y lubina y las plantas de rodaballo en la costa. En su informe Destrucción a toda costa, Greenpeace acaba de denunciar el peligro que representan para el litoral gallego las nuevas plantas de acuicultura, contra las que también se pronunció ayer la organización ecologista Oceana.

"La acuicultura tiene una cara B, oculta. No es una alternativa a la pesca industrial porque agrava el impacto sobre el medio, por su gran consumo de harinas, sus vertidos sin depurar y la ocupación de los mejores lugares de la costa", denuncia Fins Eirexas, secretario de Adega, un grupo ecologista gallego. Acusa a las empresas de engañar a la población al inflar los puestos de trabajo de una actividad que no requiere una gran mano de obra.

Las empresas aseguran que no contaminan, y ponen el ejemplo de reciente creación de una reserva marina en A Costa da Morte, justo delante de una gran planta de acuicultura.

En Galicia se suceden los conflictos por las piscifactorías, pero Pescanova y Stolt Sea Farm reconocen que las hay también en otras zonas, como EE.UU. o Latinoamérica, en las que se desarrolla este sector. Los ecologistas proponen que se creen granjas más pequeña, con un modelo de producción menos intensivo. Sin embargo, la tendencia parece ser la contraria, como muestra la inauguración de la planta portuguesa de Mira, que producirá 7.000 toneladas de rodaballo al año. Toda una fábrica de peces.

Fuente: http://www.lavanguardia.es /