SANTIAGO (La Tercera).- Hace apenas unos meses, un funcionario de la Brigada de Delitos Medioambientales de Investigaciones (Bridema) llegó a un centro de cultivo de salmones en Chiloé y pidió hablar con los encargados del área de producción. ¿El objetivo? Recoger, en terreno, las distintas versiones que maneja la industria sobre cómo llegó a Chile el temido virus Isa, la anemia infecciosa del salmón que se reportó oficialmente hace dos años. 

La escena, cuentan testigos de la situación, se repitió en esos mismos días en muchas empresas, como Marine Harvest, Camanchaca o Invermar, por nombrar algunas. Y en todas ellas las preguntas fueron las mismas: cuándo y cómo se propagó la enfermedad; qué medidas se tomaron y qué falló en definitiva; interrogantes que, en medio de la tramitación de una nueva ley que dará un nuevo orden a la industria, aún están sin responder.

Las diligencias de la policía forman parte de un proceso que hoy lleva adelante el Ministerio Público, tras una denuncia criminal interpuesta en febrero por la diputada UDI por Puerto Montt, Marisol Turres, y su marido, el abogado Marcos Velásquez, "contra quienes resulten responsables en calidad de autores, cómplices o encubridores" de una serie de delitos contemplados en la ley de acuicultura, referidos a la propagación indebida de plagas y la introducción de agentes contaminantes al ecosistema.

Alertados por la situación en la zona, que ha significado fuertes pérdidas económicas, una ostensible baja en la producción de salmón atlántico -el 70% de la producción chilena- y numerosos despidos por cierres de plantas, Turres y Velásquez iniciaron el caso, que hoy se tramita en Castro a cargo del fiscal Daniel Alvarado, quien también ha pedido peritajes de profesionales del sector, como biólogos marinos. Lo que se busca, dicen ambos, es saber cómo llegó la enfermedad al país y que se sancione la negligencia de los responsables. Si eso
se llega a determinar,  abogados sostienen que podría dar pie a demandas indemnizatorias.

Mientras la investigación sigue su curso, en la industria circulan distintas hipótesis sobre el origen del Isa en Chile, que van desde la importación de ovas contaminadas desde Noruega, hasta la mutación de la cepa tras años de presencia en las aguas de la X Región. Sin embargo, y pese a que el tema ha tensionado las relaciones  en el sector, nadie hasta ahora se ha atrevido a afirmar que haya un solo culpable. Por el contrario, las versiones coinciden en que la crisis tuvo que ver con una serie de factores, desde los métodos productivos hasta fallas de fiscalización por parte de Sernapesca y la ausencia de una legislación a la altura de una industria que creció muy rápido, hasta transformarse en la segunda en el mundo después de Noruega y en la tercera en Chile, detrás del cobre y de la celulosa. La suma de esos factores, resume un conocido industrial, "nos hace pensar que, igual que en el cuento, la culpa es de Fuenteovejuna".

UNA LARGA HISTORIA

Mario Montanari, dueño de Invermar, y Víctor Hugo Puchi, controlador de Aqua Chile, han señalado  que el punto de partida del Isa estuvo en un centro de la noruega Marine Harvest, que reportó el primer brote en julio de 2007 en la Isla Lemuy. Las condiciones para que el virus se reprodujera, sin embargo, estaban incubándose desde antes, afirman, en privado, algunos salmoneros. En 2006, explica uno de ellos, se instaló el Caligus, un piojo que se enquista en los peces y los debilita inmunológicamente. Eso facilitó el desarrollo de la enfermedad, a lo que se sumó el rezago de la autoridad, el SAG, en permitir el ingreso de nuevos antiparasitarios para combatir el mal. Asimismo, la localización de los centros productivos, que comparten las mismas aguas para cultivo -a diferencia de Noruega, donde la geografía forma barreras naturales entre una piscicultura y otra-, más el efecto de las corrientes y del transporte de alimentos y ovas, contribuyeron a esparcir el virus.
Según fuentes del gremio, en un primer momento no se dio importancia al reporte de Marine Harvest, pensando que se trataba de un problema puntual. "Nadie imaginó que se transformaría en una pandemia", confidencia un ejecutivo. Así, pasaron algunos meses antes de que se tomaran medidas.

Para el gerente general de Marine Harvest, Alvaro Jiménez, que el primer caso haya ocurrido en uno de sus centros, no quiere decir que el Isa haya partido ahí. Desde 2004, señala, la industria estaba mostrando una baja de productividad a raíz de enfermedades que comenzaron a matar los peces. Para hacer frente a ello, afirma, la industria aumentó el uso de antibióticos y los niveles de siembras, llegando a densidades, en términos geográficos, cinco veces mayores a las de Noruega. Su tesis es que, como lo estimó la Universidad Prince Edward Island de Canadá, el virus estaba presente desde antes en Chile, mutó y se desarrolló sin que se pudiera detectar a tiempo. Marine Harvest lo hizo, agrega, porque tenía la experiencia y las herramientas y también por un tema probabilístico: la empresa era, a esa fecha, la cuarta parte de toda la producción local.
La denuncia ante el Ministerio Público, en tanto, apunta a otra de las tesis que ha circulado en el sector: la importación de ovas contaminadas desde Noruega. Por eso, Turres y Velásquez estiman que es "esencial e imprescindible" contar con la información de las importadoras de ovas, para saber con certeza quién las vendió, si se trataba de un proveedor confiable, qué controles sanitarios hubo para autorizar su ingreso y "las razones por las cuales las autoridades de gobierno competentes no examinaron las ovas ni detectaron la presencia del virus Isa", explican en el escrito al que tuvo acceso La Tercera.

Así, el virus llegó para quedarse y contagió a todo el sector. El golpe de gracia ocurrió en el invierno de 2008, cuando estalló el Volcán Chaitén y ocho centros de cultivo, infectados con Isa, quedaron aislados. Sernapesca, para evitar un desastre ecológico por la muerte de los peces, autorizó su traslado a Quellón. "Y terminó de afectar otros centros", cuenta un empresario

Fuente: http://www.latercera.com