(La Nación). Langostas, locos y lenguados. Hoy se pueden exportar peces, crustáceos y mariscos vivos gracias al trabajo del Centro de Investigaciones Marinas de Quintay de la Universidad Andrés Bello.

 

Hoy es posible degustar en algún restaurante de Beijing una langosta fresca extraída desde el Archipiélago de Juan Fernández, comer locos chilenos en Tokio, o un lenguado en Madrid. Todos ellos fueron transportados vivos y sin agua por vía aérea y permanecieron en esa condición en piscinas o acuarios del restaurante de destino, donde los clientes pueden escogerlos antes de ser cocinados.

La tecnología que permite este avance -que implica más ganancias para pescadores y empresas exportadoras- fue desarrollada por el Centro de Investigaciones Marinas de Quintay (Cimarq), perteneciente a la Universidad Andrés Bello.

El centro comenzó con investigaciones que buscaban preservar y manejar recursos como locos, lapas y erizos. Pero a petición de pescadores y empresarios, crearon una nueva tecnología que les permite exportar productos marinos vivos a puntos tan distantes como Asia y Europa.Todo comenzó hace siete años, con un proyecto de estudio sobre fisiología de la langosta. El conocimiento del metabolismo de esta especie permitió la elaboración de protocolos de manejo que interesó a la empresa privada.

Hace dos años partieron las primeras 645 especies vivas para ser comercializadas en Hong Kong. Hoy se realizan al menos dos envíos semanales por sobre las mil unidades.

“A la hora de exportar, los precios son más atractivos si el recurso se mantiene vivo”, explica Diego Ramírez, director del Cimarq. Se pueden exportar langostas, locos, lapas, congrios, anguilas y hasta lenguados vivos.

La llave tecnológica es el transporte en seco. “Para que el producto llegue vivo, hay que exportarlo en seco; se podría hacer en containers con agua, pero es mucho más caro, porque el agua pesa” y más peso es más gasto.
Procedimiento

Para conseguir un exitoso traslado en seco es necesario poner a las especies en hibernación, porque si bien los recursos de la costa chilena tienen cierta tolerancia a permanecer fuera del agua, es por poco tiempo. “Nosotros conseguimos que estos recursos estén hasta 60 horas fuera del agua”, dice Ramírez.

Primero, se selecciona el lote o partida y se practican distintos análisis para asegurar una óptima calidad, incluido un examen de sangre para saber el nivel de estrés. “Si el resultado muestra altas cantidades de proteína hemolinfáticas, el animal está estresado, no aguantará un viaje como esté y llegará muerto”, señala.

Luego, se acondiciona el producto con agua microfiltrada y esterilizada en la que permanece de 8 a 20 horas. Concluida esta etapa se lleva a la seudohibernación. “Bajamos gradualmente la temperatura del agua, con el propósito que el metabolismo de los animales disminuya permitiendo que puedan vivir más horas fuera del agua”. Finalmente se empaca, asegurando que los animales mantengan humedad y concentración de oxígeno al interior de la caja.

Las langostas, por ejemplo, son embaladas en cajas de plumavit con virutas de álamo -para amortiguar golpes y reducir el estrés- con un sobre de gel pack o hielo seco, que mantendrá una baja temperatura durante las 40 horas promedio que puede durar el trayecto aéreo a Hong Kong.

Para cada especie animal y talla, Cimarq creó protocolos diferentes. “Los animales marinos poseen una temperatura similar a la de su medio, por lo que la temperatura corporal varía según el lugar desde donde se extraiga”, dice Ramírez.

El caso de los peces es distinto porque son más delicados. El lenguado, la anguila y el congrio tienen metabolismos distintos, por lo que el proceso desde la hibernación hasta el empaque es diferente.

CAJAS DE ÚLTIMA GENERACIÓN
“Para el transporte se utilizan desde cajas de cartón hasta cajas de polietileno con ciertos accesorios como gel pack o fundas aluminizadas aislantes”, explica Ramírez.

Cuando el producto llega a su destino, se debe elevar la temperatura de a poco, no puede dejarse directamente en la piscina o en el acuario en el que permanecerán porque morirían de estrés. Por eso es necesario transferir tecnología también al cliente, para que los incorpore al medio de manera natural.

Con esta tecnología es posible exportar casi cualquier especie porque todos los animales tienen mucho potencial. Además, el paquete tecnológico se puede llevar a otros lugares. “Todavía falta desarrollo, pero sin duda que marcará la forma de exportar y de hacer negocio”, dice Ramírez.

Fuente: http://www.lanacion.cl