(El Comercio). Las provincias de Pichincha y Azuay son las principales productoras de trucha arco iris en el país. Eso se desprende del primer Censo Nacional de Piscicultura realizado, entre julio y diciembre del 2006, por el Centro de Investigaciones Acuícolas Papallacta.

 

Según el estudio, en el Ecuador se producen 983,3 toneladas de truchas al año, de las cuales 332,7 provienen de las piscinas que se ubican en territorio pichinchano (33,8 por ciento) y 190 en el azuayo (19,3 por ciento).

Sin embargo, la producción contrasta con el número de criaderos que se encuentran actualmente en las dos provincias. Azuay posee 47 plantas productoras y  Pichincha, que es la de mayor producción, tiene 26.

La diferencia en la producción, señala el responsable del censo Jaime Idrovo, se debe a que en Pichincha se realiza un trabajo más técnico y sofisticado que en Azuay, “donde la mayoría de los criaderos son artesanales y se ubican en sitios donde el agua es escasa, lo cual dificulta la actividad”.

Pero la escasez de tecnología y de apoyo técnico no está presente solamente en los piscicultores de Azuay. El técnico José Vaca dice que este es un mal que se presenta en la mayoría de las 12 provincias de la Sierra y del Oriente donde se realizó el censo.

Esto se  puede comprobar en los resultados obtenidos sobre la mano de obra calificada y no calificada que se utiliza en la mayoría de los criaderos. En los 58 876 metros cuadrados, que es el área de producción que posee el Ecuador,  se encuentran repartidos 213 criaderos. Ahí  trabajan 47 técnicos especializados y  406 operarios. “Es decir, la mano de obra no calificada predomina sobra la calificada”, asegura el experto.

El problema se acentúa en las provincias que tienen menor producción. Por ejemplo, en Sucumbíos y Cotopaxi, que poseen seis y siete criaderos, respectivamente, trabaja un solo técnico.

Mientras que en Loja, donde se encuentran 11 criaderos, tres técnicos prestan sus servicios a los piscicultores de la zona.

Lo adecuado sería, señala el experto, que cada criadero tenga por lo menos un especialista que ayude a controlar la cría de los animales, a fin de que se obtenga el mayor rendimiento posible y la producción se incremente.

Pero enfatiza que en los criaderos que poseen plantas para la obtención de levines (crías de trucha), desarrollo y comercialización, lo ideal sería que se utilicen, por lo menos, un técnico por cada etapa del proceso productivo.

Esto, a fin de que vayan corrigiendo los problemas que se presenten durante el proceso.

“Un técnico puede dar apoyo a tres o cuatro criaderos, pero lo ideal sería que se cuente con uno de forma permanente”, insiste.  

El director técnico científico de la Asociación de Piscicultores de la Sierra y el Oriente, Fabio Sala, concuerda con las afirmaciones de los especialistas, pero  dice que eso es debido a que la actividad está recién naciendo, por lo que habrá que esperar algunos años para que alcance la tecnificación y un desarrollo real.
Más resultados  

El censo se  realizó  en las provincias de Azuay, Bolívar, Cañar, Carchi, Chimborazo, Cotopaxi, Imbabura, Loja, Napo, Pichincha, Sucumbíos y Tungurahua.

Según los técnicos  del Ceniac, en la actualidad más el 80 por ciento de los criaderos son construidos y manejados de forma artesanal.

En la  mayoría de  criaderos del país  se  trabaja con huevos importados, ya que pocos tienen animales reproductores y se autoabastecen. El único abastecedor nacional de huevos a gran escala es el Ceniac.

 

Fuente: http://www.elcomercio.com