(Diario de Madryn). Desde noviembre del año 2006 la Secretaria de Pesca de la Provincia de Chubut, Delegación de Puerto Madryn realiza intensos controles para determinar la calidad ISO de los productos que se extraen del mar: mariscos para su comercialización y consumo.

 

En la década del ’80 lo que se realizaba eran controles de las toxinas paralizantes, medidas preventivas de la Marea Roja.
Actualmente los controles son mucho más minuciosos cuyos costos aproximados por año son de $500.000 a $600.000.

En diálogo con El Diario de Madryn Eduardo Mota, Director de innovación Tecnológica de la Secretaria de Pesca manifestó que “las campañas que se realizaban marcaban primero la presencia de fitoplacton generadores de toxinas, y después la correlación que había entre esa presencia de fitoplacton y la ocurrencia de toxinas en los mariscos”.

En la zona del Riacho o en la costa por ejemplo, se encuentran bancos de mejillones o vieyras que a veces el mismo mar lleva hacia la zona y la gente los recolecta y los consume corriendo peligro por el grado de toxicidad que puede tener el alimento sin los controles adecuados.

Esto lleva a que los controles iniciados por la presencia de marea roja, se intensifiquen aún más desarrollándose las campañas de clasificación de zonas que no sólo evita problemas de muerte sino otros inconvenientes desde el punto de vista que hace a la salud y al consumo.

“Además de la toxina paralizante, existen las toxinas diarreicas, las amnésicas y por eso hoy el tema ha superado lo que es marea roja y actualmente se hace un análisis mucho más minucioso de las aguas y mariscos. Las toxinas que se relevan son todas: amnésicas, paralizantes, y diarreicas y se hacen otro tipo de análisis buscando la calidad del producto, pero en un aspecto mucho más amplio”, agregó el director de innovaciones.

En este momento, los controles que se realizan abarcan tanto productos de exportación como así también los involucrados en el mercado interno.

“Hoy para poder comercializar estos productos se requiere estar trabajando en la certificación de las aguas. Desde el punto de vista de comercialización la Unión Europea establece como norma exigible, para los que extraen de bancos naturales como aquellos que  tienen emprendimientos de maricultura en los cuales la provincia está encaminada a fomentar, si no hay una clasificación de zonas no se pueden comercializar.  Esto también amplía las expectativas de productos puesto que los pescadores pueden ampliar su planta de productos”, informó Mota.

La clasificación de zonas que conlleva a la certificación de aguas abarca desde que se extrae el marisco hasta el momento que llega al consumidor, “es un control  muy minucioso. Hay un concepto de trasabilidad del producto que se busca, para poder identificar bien el producto que se está consumiendo.

Clasificar zonas es una forma de trabajar el molusco no sólo controlarlo”, explicó Mota al tiempo que agregó “asegurar las buenas prácticas de manejo, elaboración, recolección y el transporte, y se tiene que determinar el alcance. La provincia a determinado que el alcance de la certificación ha dispuesto, va desde el momento que se recolecta hasta el momento que llega a una planta procesadora. Con esto se asegura la calidad del producto, significa además controlar y monitorear la posición de las embarcaciones y sus partes de captura, ya que se implementa un sistema satelital. Se controla el estado sanitario de las embarcaciones, para otorgar los permisos de pesca con control del SENASA. Y que los medios de transporte también estén autorizados por el SENASA”.

El programa comprende cumplir con un manual de procedimientos –parecido a lo que es normativas de calidad ISO-, con uso adecuado de documentación que marcan la trasabilidad, la etiqueta marca la zona de pesca, la especie la empresa que lo pescó y esa se adjunta a la guía y queda como registro. Esto se hace por embalaje cada 40kg. Se realiza este procedimiento”.

Los antecedentes a este proyecto era el programa de monitoreo de marea roja, que determinaba la presencia de toxinas paralizantes, la frecuencia de esto era mensual. Hoy los controles se hacen semanalmente, la frecuencia de control ha aumentado.

Las estaciones de muestreo eran Puerto Lobos, golfo San José, el Golfo Nuevo, Rawson, Camarones, y Caleta Malaspina y Golfo San Jorge hoy estas se mantienen pero los puntos de muestreo son distintos.
 
El Programa
“Una de las cosas que se muestrean es por un lado las toxinas y por el otro el fitoplacton que genera las toxinas permitiendo de esta manera generar un plan de contingencia.

Generamos un plan de acciones preventivas, contingencia y correctivas”, expresó Mota.

Los programas de muestreo son de toxina paralizante cuyos controles son semanales, toxinas amnésicas cuyos controles se realizan mensualmente, y las toxinas diarreicas con controles quincenales”, explicó Mota.

Los análisis son confirmados dentro de las 24 horas con laboratorios de referencia que son los que trabajan bajo normas ISO que aseguran que los valores encontrados sean los mínimos. “Nuestro programa de clasificación apunta a tener un valor A y esto es una ventaja comparativa con el resto del mundo”, agregó. Estos controles implican un costo de entre 500.000 y 600.000$ por año.

Las clasificaciones que resultan B y C requieren una nueva purificación lo cual conlleva mayores costos.

Fuente: http://www.diariodemadryn.com