Por: Jorge Amar.
Río Negro, Argentina.

Mientras las pesquerías marítimas incrementan su negocio a razón de 6,3% anual con tendencia a estabilizarse, la "Acuicultura o Piscicultura" (cría de peces en cautiverio bajo entornos regulados) crece sostenidamente a 10% anual, desde 1984.

La generosidad de la geografía argentina permite pensar en que no hay una provincia desprovista de la capacidad de desarrollar esta cría en cautiverio, que hoy hace gala de fuertes vínculos con el turismo y la gastronomía.

En Chubut, Río Negro y Neuquén es popular la trucha; en Misiones, Formosa, Chaco, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe se cría pacú, surubí, langosta. En tanto, los 525 espacios lacustres bonaerenses son una promesa que espera su exploración.

Los piscicultores argentinos cultivan 14 especies en pequeños emprendimientos en armazones flotantes, estanques en áreas rurales que, a la vez que complementan el ingreso principal, diversifican la alimentación familiar.

La inversión entusiasma: un tanque australiano de 600 mil litros, con 24 metros de diámetro, 1,4 metros de profundidad, que se dedique a una producción de baja densidad cuesta $ 90 mil y entrega de 4 a 10 toneladas al año.

La FAO califica la contribución de la piscicultura como algo "esencial" para la seguridad alimentaria mundial, para añadir que en 2010 será el camino más corto para suceder a la pesca marítima y continental porque ya produce 43% del pescado -uno de cada dos platos- y en 2015 los complejos piscícolas satisfarán el incremento, que será de 179 millones de toneladas.

En la Argentina, se consume un promedio anual de 6 kilogramos por habitante por año, en tanto que en los países industrializados esa relación se quintuplica.

Si bien el negocio muestra una ecuación económica atrayente, en paralelo posee una deuda en el desarrollo de alimentación, porque se necesitan 4 kilos de anchoas o sardinas para obtener un kilogramo de salmón.

La situación de los mares y océanos aportan una explicación accesoria: desde el inicio de la revolución industrial están más ácidos, cálidos y sucios, lo que perjudica la cadena trófica. Han sido implacablemente despojados. La pesquerías mundiales poseen una capacidad de captura tres veces superior a la que tienen los cardúmenes para recomponerse, lo que equivale a certificar la desaparición de todas las especies comerciales hacia 2050.

El estado de las reservas mundiales dice que de 600 variedades relevantes y lucrativas, 52% está plenamente explotado, 21% moderadamente explotado, sólo 3% de las poblaciones marinas está sub-explotado, mientras 7% está agotado y apenas 1% se recupera.

Diversas instituciones académicas aluden al "by cacth" (pesca incidental), que agrava el saqueo junto con la pesca furtiva.

Cada año millones de toneladas de peces se descartan por la borda porque no son la "especie objetivo" que se deseaba encontrar en las redes. Así, se desechan una de cada cuatro toneladas pescadas en el mundo. La zafra del langostino en mares argentinos hoy posee un "by catch" de 5.000 toneladas de merluza, número que duplica la producción acuícola.

El descarte incrementa la población de aves marinas (albatros, gaviotas cocineras) porque con sólo los descartes del Golfo San Matías se alimentan a más de 30.000 gaviotas.

En tanto, la pesca continental aporta resultados semejantes en casi todas las cuencas hidrográficas: Paraná, Paraguay, Uruguay y la del Río de la Plata están impactadas por represas hidroeléctricas que interrumpen el curso de agua y hostigan las migraciones. En condiciones naturales en el río hay 1.000 kilogramos de peces por hectárea, pero que se reducen drásticamente a 1,4% con esa intrusión.

El sábalo es insustituible en la formación del entramado alimenticio que sostiene al surubí, pacú, dorado, que se nutren de sus huevos y larvas.

Pero las capturas exportables desmedidas ponen en riesgo a estas y otras 20 especies. En 1994, se despachaban 2.785 toneladas y en la actualidad se llega a 37.000 en ríos mesopotámicos, integradas por hembras con una talla menor a 40 centímetros, mientras que hace 10 años era de 46/48 centímetros, y que aún no se han reproducido.

La aparición de sábalos en el Río de la Plata contaminados con bifenilos policlorados (PCB, derivado del agente naranja) empleados en la refrigeración de transformadores eléctricos, motivó la prohibición de su comercialización que es atrapada en las mismas aguas que, previa potabilización, atienden el consumo ciudadano.

"El mundo atraviesa una compleja coyuntura alimentaria", advirtieron los expertos en economía reunidos en Davos a principios de año, situación que podrá conducir, junto con la crisis climática, epidemias, la escasez de agua y las catástrofes naturales a situaciones críticas que impondrán limitaciones a la gobernabilidad de los países.

* Periodista especializado en temas de ambiente y director del Centro Basura Cero del SUTHER.