Por: Alfredo F. Ojanguren*
La Nueva España, España.

Hay quien dice que el salmón va por la senda del urogallo, la senda que conduce a la extinción. Pero ¿hasta qué punto la desaparición del salmón en Asturias es inevitable? La lista de causas de la situación que se leen en el periódico o que se oyen a la orilla del río es larga: pesca en el mar, contaminación, furtivismo, embalses, escasez de repoblaciones y exceso de depredadores, de pescadores o de canoas. Incluso el declive ha sido atribuido al cambio climático, que lo explica todo y que parece eximir de responsabilidad a los encargados de conservar nuestras especies y ecosistemas. Y, sin embargo, faltan datos que valoren la contribución de cada uno de estos factores a la desaparición de los salmones.

En cambio, hay abundante evidencia científica de que en una población en declive la eliminación de una parte de los adultos reproductores conlleva una reducción del número de individuos en la siguiente generación. Es fácil pronosticar qué pasaría si en una población de ciervos disparásemos cada año a las hembras preñadas. Algo similar es lo que se hace con los salmones: matar a los ejemplares que han sobrevivido a un período de crecimiento en el mar cuando vuelven a sus ríos de origen para reproducirse. Es cierto que en los ríos cantábricos se han capturado salmones durante siglos sin que las poblaciones se vieran afectadas. En las últimas décadas el número de pescadores en el río y la eficiencia de los medios de captura han aumentado, y con ello la proporción de peces que mueren antes de reproducirse. En 1980 en Asturias se pescaron más de 6.000 salmones, es posible que entonces hubiera sido razonable reducir la presión de pesca para mantener las poblaciones. En la actualidad evitar la extinción del salmón requiere permitir que todos los salmones que lleguen a los ríos se reproduzcan de manera natural.

La repoblación indiscriminada ha sido la principal medida para tratar de compensar la mortalidad debida a la pesca. La lógica de las repoblaciones se basa en asumir que la mortalidad de alevines y juveniles es menor en la piscifactoría que en el río. No obstante, lo que de verdad cuenta es la supervivencia hasta el momento de la reproducción, es decir, cuántos de los adultos que vuelven al río a reproducirse proceden de una piscifactoría y cuántos de la reproducción natural. Esta información, esencial para evaluar la eficacia de las repoblaciones como medida de conservación, sólo se puede obtener mediante el marcaje inequívoco de todos los peces de repoblación, lo cual no se ha hecho en Asturias.

En el caso de los salmones existe evidencia científica de que los individuos criados en cautividad tienen menor capacidad para evitar depredadores, para encontrar alimento y, en consecuencia, para sobrevivir en el medio natural. Por lo tanto, parece mala idea capturar salmones para extraerles los huevos, criarlos en una piscifactoría y devolverlos al río varios meses después convertidos en peces domésticos con reducida capacidad de supervivencia. Sin embargo, en esto consisten las repoblaciones que el Principado de Asturias y varias asociaciones de pescadores han venido realizando durante años. En el mejor de los casos sólo estarían tirando al río el dinero de los contribuyentes, en el peor, también estarían reduciendo el éxito reproductor de los salmones que sobreviven a la temporada de pesca.

En conclusión, el primer paso hacia la recuperación del salmón podría ser tan simple como permitir el máximo posible de reproducciones naturales. En otras palabras, dejar de pescar y de repoblar, por ejemplo, durante cinco años, tiempo suficiente para que se apreciaran los efectos de la medida en el retorno de adultos que pasan uno o dos años en el río y de uno a tres en el mar. Esto debería de ir acompañado de un seguimiento de la dinámica de la población para decidir el siguiente paso al cabo del tiempo establecido. Si esta estrategia se hubiera intentado hace un año, hoy tendríamos en los ríos la progenie de los 356 salmones que se pescaron en Asturias en el 2009, más la de las varias decenas que se capturaron con el fin de obtener huevos para las piscifactorías. Sin duda estaríamos más cerca de la recuperación de la especie de lo que estamos en este momento.

*DOCTOR EN BIOLOGÍA E INVESTIGADOR ASOCIADO EN EL INSTITUTO DE CIENCIA MARINA DE LA UNIVERSIDAD DE TEXAS