Por: Milthon B. Lujan Monja.
Hace unas semanas tuve la oportunidad de brindar una conferencia en el marco de la celebración de la Semana del Biólogo en la Universidad Nacional del Santa. El objetivo de la conferencia fue orientar a los estudiantes, principalmente los que están en los últimos años de la carrera de acuicultura, a optar por proyectos de investigación aplicados y orientados al mercado como sus tesis de grado; con esto no quiero decir que la investigación del tipo básica no sea importante, sino que ambos tipos de investigación tienen sus “momentos” durante la formación de los profesionales.

Muchos de los profesionales en acuicultura que recién egresan salen con pocas posibilidades de conseguir empleo; debido a que carecen de las competencias necesarias y, en el peor de los casos, el mercado laboral es pequeño y se encuentra copado. Por otro lado, muchas tesis de investigación están orientadas a resolver problemas que la industria no considera entre sus prioridades.

En este contexto, es importante mirar la formación que se brinda a los futuros profesionales en acuicultura y evaluar algunas estrategias que nos permitan formar profesionales con un espíritu emprendedor, que al egresar de la universidad promuevan la generación de nuevas empresas y que no salgan a buscar empleo.

Al respecto, debemos diferenciar los tipos de investigación que se dan durante la vida universitaria,  de acuerdo con los estándares de acreditación de la universidades la investigación puede dividirse en: a) investigación formativa, que se da durante todos los cursos de carrera y b) investigación terminal, que se da al finalizar la carrera. En este sentido, la investigación básica se debe dar en los cursos que tienen esta orientación y que por regular, dentro de las mallas curriculares, se ubican durante los primeros años de estudio, para paulatinamente dar paso a la investigación aplicada en los últimos años.

Tradicionalmente, los intereses, en términos de investigación, de las universidades y de las empresas son totalmente diferentes. Esto nos lleva a que las universidades generen conocimiento que la industria no necesita; y por ende, la industria pierde competitividad en un mundo globalizado.  La universidad y la industria deben realizar un esfuerzo por sentarse a conversar para identificar intereses comunes, que les permitan establecer programas y proyectos de investigación que beneficien a ambos. Sin embargo, de esta potencial colaboración los estudiantes pueden sacar el máximo provecho debido a que conociendo las necesidades de la industria y orientado sus proyectos de investigación a solucionar estos problemas podrían obtener resultados, que con la adecuada orientación, les permitirá ofertar un nuevo producto o servicio para la industria.

Durante la última década se ha venido impulsando la implementación de las Incubadoras de Empresas, entes que tienen como finalidad el promover los emprendimientos de los egresados de las universidades. Esta iniciativa debe impulsarse en todas las universidades que cuentan con la especialidad en acuicultura.