Por: Milthon B. Lujan Monja.
El financiamiento en I+D+i siempre fue considerada por los gobiernos de turno como un gasto, más que en una inversión a mediano y largo plazo. Sin embargo, en los últimos años este paradigma viene cambiando, debido a que toda inversión en ciencia y tecnología permite generar ingresos para el país a futuro.

Recientemente el Gobierno Peruano anuncio la inversión de S/. 560 millones (US$ 260.00 millones) solo para el año 2013,  con la finalidad de financiar proyectos y actividades en I+D+i, medida que no tiene precedentes en la historia del país. A esto debemos agregarle que la acuicultura esta considerada como una de las prioridades dentro de las líneas de financiamiento. Este nuevo escenario permitirá que muchas empresas acuícolas peruanas puedan acceder a fondos no reembolsables que les permitan mejorar su competitividad o diversificar sus cultivos.

Sin embargo, la principal limitante que se enfrentará es la carencia de un “ecosistema de innovación”; en otras palabras, que no existen las condiciones necesarias para el desarrollo de proyectos de I+D+i. De acuerdo con los teóricos de la innovación y de la triple hélice, para que exista un “ecosistema de innovación” deben estar presentes, cada uno desde su nivel de responsabilidad, el Estado, las empresas y la Academia (Universidades, institutos y centros de investigación).

Una mirada a cada hélice

El Gobierno tiene como finalidad el otorgamiento de fondos, y también la priorización de las líneas y programas de investigación en el marco del Plan Estratégico de Desarrollo del País. En el Perú, si bien existen lineamientos de políticas (Acuerdo Nacional) aun no existe una estrategia definida por sectores económicos, que permitan a los otros actores conocer y definir con detalle cuales son sus objetivos, indicadores y metas.

Las empresas acuícolas peruanas han mostrado mayor dinamismo en cuanto a la adopción de tecnología y a su adaptación a las condiciones del Perú. Sin embargo, si analizamos por sectores basados en las especies que cultivan, podremos concluir que se carece de una integración entre los diversos productores, aun cuando muchos trabajan tan cerca (geográficamente hablando) no coordinan programa o proyectos de investigación que puedan beneficiarlos.

Una experiencia interesante fue la que desarrollo la Asociación Langostinera Peruana (ALPE) para enfrentar el virus de la mancha blanca; no obstante, este esfuerzo no ha continuado en el tiempo.

Finalmente, tenemos la hélice más débil, que son la Academia. Lamentablemente son pocas las universidades, institutos o centros de investigación que se han involucrado en proyectos de I+D+i con empresas, o que han presentado propuestas a Fondos Concursables. Asimismo no se aprecia un aporte significativo en cuanto a la generación de conocimientos para continuar promoviendo el desarrollo de una acuicultura competitiva y sustentable.

En el Perú esta de moda hablar de innovación, pero la verdad es que aun no existe el “ecosistema” para promoverlo. Esto nos plantea un reto a quienes estamos involucrados en la actividad. Es hora de sentarnos a conversar y elaborar propuestas de I+D+i que beneficien a la actividad acuícola peruana.