Por: Milthon Lujan Monja*.
En indudable el importante rol que tienen que jugar la pesca y acuicultura en el futuro para alimentar a una población en crecimiento; sin embargo, debemos diferenciar que mientras que la pesca tiene un potencial determinado, la acuicultura no; y por ende, se requieren de políticas de desarrollo diferentes.

Quiero partir diferenciando la pesca y acuicultura; si bien son actividades que comparten el mismo medio (agua), tienen naturaleza totalmente distintas. Mientras la pesca se basa en la gestión de poblaciones pesqueras y la captura, la acuicultura se basa en el cultivo de los organismos acuáticos, tanto en infraestructura en tierra como en el agua.

Es importante esta diferenciación debido a que si queremos promover la acuicultura entre los grupos de pescadores, debemos considerar la “forma de pensar” de este grupo, que son más proclives a la explotación de los recursos sin mayor responsabilidad que la gestión de los mismos. La acuicultura demanda una mayor atención del productor, debido a que debe alimentar (de ser el caso), cuidar, reparar infraestructura, etc.

Por otro lado, como cualquier actividad humana, la acuicultura no esta exenta de generar impactos ambientales negativos o conflictos por el uso o acceso a los recursos (agua); en este sentido, se requiere seguir promoviendo los planes de ordenamiento territorial o gestión marinos costera, dependiendo del área de actuación, en donde se puedan definir la integración de la acuicultura con las demás actividades económicas que se vienen desarrollando.

Una de las principales preocupaciones es muchas veces los proyectos pilotos de acuicultura, que tienen como finalidad el promocionar la actividad, no vienen acompañados de análisis de rentabilidad, ni de la cadena de valor de la actividad; lo que frecuentemente conduce a brindar información errada a los potenciales inversionistas (micro o macro). Asimismo debemos diferenciar la rentabilidad sobre la base de economías de escala, y evaluar el potencial de asociatividad de los pequeños productores acuícolas para potenciar su desarrollo y capacidad de negociación, tanto con los proveedores como con los compradores.

La principal critica que se le hace a la acuicultura es la dependencia en la harina y aceite de pescado para la alimentación de algunas especies (principalmente salmónidos); en este sentido, se deben acelerar las investigaciones en nutrición para reducir esta dependencia, y promover la acuicultura de especies que se encuentran en los niveles más bajos de la cadena trófica debido a que estos si son productores netos de ácidos grasos omega-3.

Finalmente, creemos que la pesca y acuicultura requieren de políticas, códigos de conducta, estrategias de intervención, etc. diferentes, de acuerdo a la naturaleza de cada actividad.

*Editor Aquahoy
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Nota del editor: Esta es una versión editada del comentario enviado por nuestra organización a FAO.