Por: Milthon B. Lujan Monja*
Recientemente el Banco Mundial y FAO acaban de publicar el informe “Fish to 2030: Prospects for Fisheries and Aquaculture” en donde se destaca que para el año 2030, la acuicultura deberá producir el 62% del pescado consumido en el mundo (y también parte de la harina de pescado). Lo cual es una noticia alentadora para los que estamos involucrados en el sector; sin embargo, también implica una serie de desafíos que deben ser superados para hacer realidad lo pronosticado.

De acuerdo con el informe, para el año 2030, Asia representará el 70% del consumo mundial de pescado. También se estima que para el año 2030, China producirá el 37% del pescado mundial y consumirá el 38% del pescado que se consume en el mundo, lo cual convierte a China, y quizás a otros países de Asia, en importadores netos de alimentos hidrobiológicos. Si analizamos, los resultados del estudio, desde el punto de vista de oportunidades comerciales, podemos concluir que los mercados del futuro para la acuicultura en el año 2030, se concentrarán, en orden de importancia, en: China (57 millones de toneladas), Sudeste de Asia (19.3 millones de toneladas), Europa y Asia Central (16.7 millones de toneladas), Norteamérica (10.6 millones de toneladas) e India (10.0 millones de toneladas).

De acuerdo con el informe, una característica importante del sector es que el pescado es altamente comercializado en los mercados internacionales. De acuerdo con FAO, el 38% del pescado producido en el mundo fue exportado en el año 2010, lo que implicaría un desbalance en el abastecimiento y demanda regional de pescado, y el comercio internacional provee un mecanismo para resolver estos desbalances. Sin embargo, esto nos lleva a reflexionar sobre la seguridad alimentaria en los países productores (principalmente en vías de desarrollo).

Por otro lado, el informe indica que Latinoamérica y el Caribe incrementará su producción de pescado a casi 22.0 millones de toneladas para el año 2030; sin embargo, el consumo caerá ligeramente de 5.24 a 5.20 millones de toneladas para el mismo año. Asimismo se destaca que el consumo per cápita de pescado disminuirá en Japón, Latinoamérica, Europa, Asia Central y África al sur del Sahara.

En términos de especies, el informe indica que se espera un crecimiento acelerado en el abastecimiento de especies como la tilapia, carpa y el pangasius. La producción mundial de tilapia se espera que se duplique de 4.3 a 7.3 millones de toneladas entre los años 2010 y 2030; sin embargo, de acuerdo con las tendencias actuales, creemos que el pangasius esta emergiendo como una de las principales especies, con algunos países asiáticos y latinoamericanos promoviendo o evaluando el cultivo de este bagre.

Mientras que la demanda por harina y aceite de pescado se hará más fuerte, debido a la expansión de la acuicultura y el estancamiento de las capturas pesqueras globales; el informe pronostica que para el período 2010-2030, se espera un incremento de los precios de 90% para la harina de pescado y de 70% para el aceite de pescado. Este escenario nos indica que a futuro los costos de producción de las especies acuícolas que dependen de la harina y aceite de pescado para sus dietas se elevará, lo que nos plantea dos alternativas: a) identificar alternativas a la harina y aceite de pescado, un campo en donde se ha avanzando de forma considerable, y b) cultivar especies del nivel más bajo de la cadena trófica en donde el incremento de los precios de la harina y aceite de pescado no tendrán impacto en los costos de producción.

Entre los desafíos se encuentra la sostenibilidad ambiental. Según el informe en muchas parte del mundo, y para ciertas especies, la acuicultura se ha expandido a expensas del ambiente natural, como es el caso del cultivo de camarón en los bosques de manglar. Asimismo, el informe destaca que mientras que la proporción de especies que no necesitan ser alimentados con dietas artificiales (por ejemplo los bivalvos) ha declinado, las especies de los niveles tróficos más altos (peces carnívoros y crustáceos) se han incrementado durante las últimas décadas, lo que generará una mayor demanda de insumos como la harina y aceite de pescado para la producción de dietas comerciales, a pesar de que el uso de la harina y aceite de pescado por unidad de pescado de cultivo producido ha disminuido de forma sustancial.

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