Por: Milthon Lujan Monja
Es por todos conocidos que la pesquería de anchoveta sustenta una de las principales industrias reductoras del mundo, la de producción de harina y aceite de pescado. La harina de pescado es el insumo más demandado para la producción de piensos, tanto para la industria acuícola como ganadera (particularmente para la crianza de porcinos).

A principios del mes de febrero, Marco Espino, asesor del Ministerio de la Producción (Produce), indicó que: “el mar peruano entrará aproximadamente en el 2025 a una fase cálida que hará decrecer los volúmenes de anchoveta...”; sin embargo, Espino también estima que en cinco años más se sentirán los primeros efectos de ese cambio de régimen de frío a cálido. Sin duda, estos cambios tendrán grandes consecuencias en la disponibilidad de la anchoveta, y por ende, en la producción de harina y aceite de pescado, generando un incremento, aun mayor, de los precios de estos insumos.

Por otro lado, un reciente estudio de la Universidad de Stanford concluye que el crecimiento de la acuicultura en China pone en riesgo la sustentabilidad de las pesquerías debido a que muchas de las especies de peces silvestres, que sustentan la pesca industrial reductora, están plenamente explotadas o sobreexplotadas. Aun cuando estas conclusiones han sido rechazadas por IFFO, aun persiste la idea, sobre todo por la campaña de algunos grupos ambientalistas, de que la acuicultura es la causante de los problemas de las pesquerías.

En este sentido, debemos preguntarnos ¿Cuál será el nivel de desarrollo de la industria acuícola si disminuye la disponibilidad de harina y aceite de pescado procedente de la anchoveta u otras especies pelágicas?

Indudablemente las especies acuícolas más afectadas serán las carnívoras, como el salmón, la trucha, lubina, dorada, lenguado, camarón, por citar algunas; cuyas dietas contienen un porcentaje importante de harina y aceite de pescado. El impacto se dará principalmente en los precios de las dietas, lo que generará un incremento en los costos de producción, los mismos que a su vez forzarán a un aumento en el precio final del producto acuícola. Si consideramos que el consumidor en la diferentes regiones del mundo, y sobre todo después de los últimos años de crisis económica, es muy sensible al precio para tomar una decisión de compra, la demanda por estos productos acuícolas podría disminuir.

Este nuevo escenario favorecería a las especies cuyos piensos no incluyen, o en una proporción muy baja, harina y aceite de pescado. La demanda por estas especies se podría incrementar debido a que el consumidor continuará demandando alimentos de origen acuático por sus beneficios para la salud.

En el ámbito mundial se vienen realizando importantes esfuerzos para buscar reemplazos a la harina y aceite de pescado, con algunos resultados alentadores sobre todo en el uso de residuos del procesamiento de la industria pesquera, el empleo de plantas terrestres modificadas genéticamente o microalgas; no obstante, a viabilidad comercial, pero sobre todo la regularidad en el abastecimiento, podría ser un “cuello de botella” a resolver en el futuro cercano.

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