México.- Después de tres casos de muerte humana por el consumo de moluscos contaminados con biotoxinas del tipo paralizante a finales de los 70, y de eventos de intoxicación en los 80, especialistas del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM analizan los moluscos que consume la población con el fin de saber qué niveles de toxinas hay en estos alimentos.

Los investigadores analizan la presencia de biotoxinas producidas por microalgas y sus efectos sobre los organismos de importancia comercial como es el caso de moluscos, crustáceos y peces.

La doctora Rosalba Alonso Rodríguez del Laboratorio de Biotoxinas Marinas del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, Unidad Mazatlán explica que la importancia de analizar los moluscos que consume la población es relevante, porque requieren saber qué niveles de toxinas tienen antes de ser consumidos.

La investigación analiza si los moluscos están contaminados con toxinas de tipo paralizante que pudiera ser un factor de riesgo de envenenamiento en la gente que lo consuma.

“Nuestro vector es un molusco llamado ostión de roca o piedra que  de acuerdo con los registros acumula toxinas y es un recurso consumido por los habitantes de Mazatlán, en el estado de Sinaloa y su  distribución abarca el Pacífico mexicano hasta Perú.

Cada tipo de microalgas produce diferentes toxinas:

Por ejemplo, las toxinas paralizantes son producidas por varios dinoflagelados y por cianobacterias que se reproducen en el agua salobre o dulce; las toxinas amnésicas son producidas por una diatomea, se presentan en zonas frías como es el noroeste de México, en Ensenada, Baja California.

De acuerdo con la especialista de la Universidad Nacional Autónoma de México, las toxinas diarreicas están causando muchos problemas en la industria de acuicultura en el Golfo de California y en el Pacifico Mexicano. Las neurotoxinas dan problemas en el Golfo de México y provocan la muerte de peces, la ciguatera se encuentra en zonas de arrecifes alrededor de las islas del Caribe y del Pacifico mexicano. Estas toxinas son de diferente origen y tienen diversos efectos sobre el humano.

La investigación realizada por especialistas de la UNAM ya identificó las toxinas Gymnodinium catenatum y Cochlodinium polykrikoides), la primera se presenta de manera específica en invierno-primavera, y la segunda en el verano provoca la muerte de peces, por ello trabajan en su control al implementar biorremediación con arcillas naturales o productos químicos comunes y de bajo costo con el fin de controlar las microalgas que producen las toxinas y que afectan la industria acuícola.

Los estudios se realizan con moluscos procedentes de la bahía de Mazatlán porque es usual que haya toxinas paralizantes en los moluscos en esa zona. En ocasiones durante el invierno los niveles aumentan  y pueden ser superiores a los permisibles en esta época del año porque la microalga se reproduce por debajo de los 25 grados centígrados,  temperatura a la que se encuentra el dinoflagelado Gymnodinium catenatum en el agua durante invierno-primavera donde la incidencia es más alta.

Los especialistas han probado tres arcillas para controlar los dinoflagelados Gymnodinium catenatum y Cochlodinum polykrikoides, y 10 floculantes-coagulantes para controlar a Gymnodinium catenatum; algunos de este amplio espectro de productos han demostrado alta eficiencia en la remoción de células, pero no actúan favorablemente sobre la remoción de las toxinas que generan las microalgas.

La doctora Rosalba Alonso Rodríguez explica que continuarán con el monitoreo de las especies y harán bioensayos en diferentes organismos de corte comercial a fin de medir la intoxicación y desintoxicación por estas toxinas en los peces, moluscos y crustáceos.

“En un periodo de tiempo largo, que pueden ser meses o semanas, alimentamos a peces, moluscos y crustáceos con microalgas tóxicas. Luego de 15 días se le retira dicho alimento, y se le da microalga nutritiva. Muestreamos a los organismos y analizamos las toxinas de manera que al término de un mes identificamos el tiempo en el cual las toxinas ingresan en el organismo y la velocidad con la que se desintoxican los mismos”, detalla la especialista.

El resultado de este trabajo arrojará información sobre cuánto tiempo tarda la microalga en liberar la toxina  y el lapso de desintoxicación y en qué nivel. “Hay que probar con todos los organismos disponibles de importancia comercial y tener información a fin de saber si son aptos para consumo humano”.

De acuerdo con la doctora Alonso Rodríguez, han encontrado niveles de toxinas por arriba del límite permisible para consumo de moluscos en los estudios realizados desde 2006; por ello, la importancia de continuar con el monitoreo de toxinas del tipo paralizante en el molusco consumido de manera regional.

Los resultados de este trabajo se comparten a los productores de pescado, camarón y moluscos, también se les dan cursos de actualización y capacitación. Además, se le informa al sector salud regional, encargado de programar la veda para el consumo de estos alimentos.

Fuente: INVDES