Bogotá, Colombia (Agencia de Noticias UN).- El 50% de las especies de macroalgas halladas en el cayo Quitasueño son nuevos registros para Colombia y el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Una de estas se asocia con contaminación y calentamiento global.

Este es uno de los principales resultados de la tesis de pregrado desarrollada durante tres meses en la Sede Caribe de la Universidad Nacional de Colombia por el biólogo Fredy Duque.

“Este banco ha sido poco estudiado debido a su aislamiento geográfico y a que los pocos estudios realizados se enfocan casi exclusivamente en recursos pesqueros y energéticos”, destaca Duque, cuya investigación obtuvo el reconocimiento al Mejor Trabajo de Grado durante el primer semestre de 2013 en el Departamento de Biología de la U.N.

De las 128 especies de macroalgas, 69 son algas rojas (Rhodophyta), 26 algas verde-azules (Cyanobacteria), 18 verdes (Chlorophyta) y 14 algas pardas (Ochrophyta).

Del total de algas encontradas, el 52% son nuevos registros, de los cuales 48 especies son para Colombia y 18 especies lo son para el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Mientras las algas rojas halladas representan el mayor número de especies encontradas, las verde-azules conforman el mayor porcentaje de nuevos registros (63%).

Asimismo, dentro de los nuevos registros para el país, dos son nuevos registros para el Océano Atlántico: Sphacelaria californica (Sauvageau) y Gayliella taylorii.

En cuanto a las cianobacterias, el joven investigador destaca que se trata de bacterias muy primitivas cuya presencia en los ecosistemas marinos se convierte en indicador de que está pasando algo en detrimento de las aguas.

Duque encontró especialmente la especie Lyngbya, la cual se asocia con el vertimiento de aguas residuales, contaminación y calentamiento global entre otros.

Ante esta situación ha surgido la inquietud: ¿por qué esa especie está en Quitasueño, si es un área marina protegida?

El biólogo recomienda en su trabajo de grado la realización de estudios sobre su magnitud, sobre la calidad del agua y sobre la cobertura de los corales, para poder entender mejor los procesos ecológicos que están actuando en los arrecifes y su posible relación con todas las variables del cambio climático global.

“Me refiero a aspectos como el aumento de la temperatura del agua, el aumento del CO2 atmosférico o el cambio del pH”, menciona.

En su opinión, estos primeros estudios permitirán esclarecer, un poco más, cómo podría ser la respuesta ecológica, fisiológica y biológica de algunos géneros de cianobacterias ante el cambio climático global.