España.- La Universidad de Burgos acoge hoy la reunión del consorcio que marca el inicio del proyecto Desarrollo e implementación integrada de fotobioreactores de captura de gases de efecto invernadero en agroindustria (Integral Carbon), una iniciativa financiada con fondos del programa europeo LIFE+ de medioambiente. El objetivo primordial del proyecto es aplicar y demostrar la eficiencia, desde el punto de vista de la atenuación del cambio climático, de determinadas actividades agroindustriales innovadoras basadas en la captura de gases de efecto invernadero mediante el cultivo de algas autóctonas, que a continuación se utilizarán para producir un biomejorador de suelos.

El proyecto cuenta con un presupuesto de 1’2 millones de euros y una contribución de la Unión Europea de 602.636 euros para un periodo de 30 meses. La iniciativa está liderada por el Grupo de Investigación en Compostaje (UBUCOMP) de la Universidad de Burgos y en ella participan también la empresa Kepler Ingeniería y Ecogestión, con localización en Burgos, la Universidad de Valladolid, el Centro Tecnológico Nacional Agroalimentario Extremadura (CTAEX) con sede en Badajoz y la Denominación de Origen Vinos de Uclés ubicada entre Cuenca y Toledo.

La finalidad de la reunión es presentar los objetivos del proyecto así como el desarrollo y plan de trabajo que se va a ejecutar en los próximos 30 meses. Como ha explicado a DiCYT uno de los investigadores del proyecto, Jorge Miñón, si realizamos un análisis global sobre cómo se producen los alimentos (la agricultura), cómo se introducen en la sociedad (a partir de la transformación de los productos en la industria), cómo nos alimentamos y cómo esos alimentos se convierten en residuos, “vemos que existe un balance de emisiones de gases de efecto invernadero”. Sin embargo, esas emisiones “no se devuelven al suelo”. De este modo, el objetivo del proyecto LIFE Integral Carbon “es cerrar el ciclo y devolver al suelo las emisiones que se producen en este proceso a partir de cianobacterias, un tipo de algas autóctonas que están presentes en los propios suelos”, precisa el investigador.
 
El proyecto parte de los residuos que se generan en las industrias agroalimentarias. “Nos planteamos gestionarlos por digestión anaerobia para obtener mediante ellos energía eléctrica y térmica. El CO2 procedente de este proceso y de las otras fuentes de gases de la industria lo fijamos en cianobacterias, que a su vez producimos a partir de los residuos de la industria. Después incorporamos esas bacterias a los suelos en forma de biomasa, y así cerramos el ciclo”, detalla Miñón.
 
Un factor diferenciador del proyecto, añade, es que las algas que se producen son las autóctonas del propio suelo, “de forma que no introducimos una especie invasora y nos aseguramos que van a tener un mínimo impacto”. Además, si se dan las condiciones ambientales oportunas, “estas cianobacterias se van a seguir desarrollando y por tanto capturarán más CO2 y contribuirán a una fertilización sostenible”. En este sentido, las cianobacterias a diferencia de otras algas son capaces de fijar el nitrógeno atmosférico, lo que supone una mejora en la calidad del suelo y un ahorro en fertilización para el agricultor.
 
El proyecto LIFE, de carácter demostrativo, tiene como fin último desarrollar una tecnología que sea versátil y móvil y que además sea rentable para las industrias y para los agricultores. En concreto, se diseñarán dos tipos de prototipos móviles que se van a ensayar en dos localizaciones diferentes: entre julio y noviembre en la denominación de origen de Uclés, en el periodo de actividad vitivinícola en el que se generan más emisiones y residuos; y entre noviembre y mayo en la comarca de la Vera, al norte de Cáceres, donde se probará en una industria láctea productora de quesos.

Fuente: DICYT