Por: David Santiago Gómez Mendoza, Unimedios.
Una diminuta alga, cultivada desde 1950 con fines industriales, se convertirá en una rica fuente de proteína de alta calidad para familias campesinas de escasos recursos que habitan tierras cálidas del país. Se trata de la espirulina, un microorganismo utilizado como alimento en la piscicultura y comercializado como antioxidante en tiendas naturistas.

En los años noventa, el Programa de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) promovió su consumo como forma de combatir el hambre en países del centro y este de África, gracias a la gestión del Instituto Intergubernamental para el Uso de la Microalga Espirulina contra la Malnutrición (IIMSAM, por sus siglas en inglés), entidad vigilada por la ONU, que reúne expertos del mundo que investigan sobre las propiedades y ventajas del alimento.

Esta microalga presenta una concentración proteica del 69%, superior a la de la carne de res (22%), el pescado (20%) y la soya (30%); adicionalmente, tiene vitamina B12 y antioxidantes. Es por ello que consumidores de Estados Unidos y algunos países de Europa la incluyen en su dieta.

En Colombia, el producto aún es desconocido, aunque hay algunos importadores. Por eso, científicos del Departamento de Biología de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá desarrollaron un modelo de cultivo y cosecha para familias que vivan cerca de fuentes hídricas, ya que la reproducción de esta alga requiere altas cantidades de agua.

El trabajo se desarrolló en la granja piscícola La Terraza, de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia, en Villavicencio. El biólogo Luis Carlos Montenegro, profesor adscrito a la Facultad de Ciencias, sostiene que en la granja buscaron alternativas que reemplazaran los reactivos químicos industriales usados tradicionalmente en el cultivo de espirulina, los cuales encarecen su producción.

Por lo general, se utilizan sales de nitrato y carbonato de calcio para estimular su reproducción y crecimiento, pero en Colombia estos insumos son costosos y difíciles de conseguir, debido a que son utilizados en la fabricación de explosivos y el procesamiento de narcóticos. Entonces, el objetivo de los expertos fue buscar insumos agrícolas de fácil acceso.

Las microalgas, al ser organismos primitivos, obtienen su alimento directamente del sol (son fotosintéticas) y de las sustancias que absorben del ambiente.

En ese sentido, utilizaron un abono foliar y emplearon únicamente bicarbonato de sodio, que es de venta libre.

Cultivo y cosecha

Con el abono listo, se estableció el cultivo de microalgas. Primero, se utilizó uno con capacidad de hasta 10 litros, pero cuando el material creció, se trasladó a otro estanque con capacidad para 1.000 litros. En esta etapa, se agregó el bicarbonato y el abono foliar dentro de los ocho tanques que dispone la UN.

Luego de 15 días, empezó la cosecha. Para ello se extrajeron 500 litros de agua de los 1.000 disponibles. Posteriormente, el tanque se volvió a llenar con 500 litros nuevos, a los que se les agregó más abono. Este proceso se repitió cada cuatro y ocho días, con el fin de mantener una producción constante. El resultado de esta dinámica fueron 300 gramos de espirulina listos para ser consumidos por una familia.

El agua filtrada se reutilizó, pues mantuvo los nutrientes, lo que convierte a la propuesta en un sistema no contaminante. En esta adecuación tecnológica participan los estudiantes John Edward Cano, Hugo Andrés Martínez y Freddy Augusto Duque, del Departamento de Biología de la UN.

Como la espirulina se debe ofrecer seca para el consumo, los investigadores también diseñaron un mecanismo de filtración casero (en proceso de perfeccionamiento), en el que se utilizan telas comunes para el secado de la biomasa. En la actualidad, esta se refrigera en el sitio de cosecha y se envía a Bogotá, donde la deshidratan y muelen para producir malteadas y pastillas o para comerla directamente en diversas preparaciones culinarias.

El objetivo, agrega el profesor Montenegro, es entregar a las personas un protocolo completo de todo el proceso de cultivo, cosecha, conservación y utilización de las microalgas.

Las comunidades son el objetivo

Como la espirulina es productiva en climas por encima de los 25 grados centígrados, se busca llegar a poblaciones del Llano colombiano, la Amazonia y parte de las costas Pacífica y  Atlántica, donde se convertiría en una opción económica y nutritiva para combatir la desnutrición.

Según el Observatorio del Caribe Colombiano, con sede en Cartagena, en la Guajira hay una desnutrición crónica en menores de 5 años del 24,7%. Al respecto, la fao le ha pedido repetidamente al país tomar medidas y establecer estrategias, pues, en su informe de 2012, alertó sobre la desnutrición de cinco millones de habitantes, una situación que no ha mejorado a la fecha, sobre todo en las zonas rurales.

Esta población vulnerable se favorecería con el consumo de la espirulina, asegura el profesor Montenegro, dada la facilidad de implementar el cultivo en un patio. Además, este alimento concentra valores nutricionales similares a los de los vegetales y una proteína libre de grasas saturadas que inciden en el aumento de los niveles de colesterol y triglicéridos.

El académico, director del Laboratorio de Cultivo de Algas de la UN, añade que entre los aceites que tiene este organismo están el Omega 3 y el 6.

“Solo hay que invertir en abono y telas; es un sistema fácil de instalar. Se trata de una transferencia tecnológica que le sirve mucho a las comunidades”, enfatiza Montenegro.