Bogotá, Colombia.- Un experimento realizado en la U.N. determinó que las especies de microalgas Chlorella y Scenedesmus ayudaron a remover hasta un 70 % de materia orgánica y metales pesados de aguas contaminadas.

Hallada esta capacidad, expertos del Departamento de Biología de la U.N., se han dado a la tarea de utilizar estos organismos en dos escenarios habituales en contaminación hídrica: las aguas de las casas y las que pasan por pequeñas poblaciones y ciudades en general.

La Chlorella es un alga microscópica celular que tiene el tamaño aproximado de un glóbulo rojo; es la planta que contiene la mayor cantidad de clorofila y tiene la capacidad, gracias a la fotosíntesis, de convertir sustancias inorgánicas en materia orgánica.

Por su parte, la Scenedesmus es una de las algas más sencillas que existen, siendo un género formado por alrededor de cien especies. Puede habitar tanto aguas dulces como saladas, dada su fácil acomodación a cualquier entorno.

Con ambos organismos se hizo experimentación inicial en laboratorio, donde se aplicaron al agua para confirmar que absorbieran material dañino. Los óptimos resultados permiten que puedan usarse en pequeños acueductos, pero la proyección es transportar el método de remoción a nivel urbano.

“Por un lado, el líquido se enriquece de oxígeno y se disminuye la presencia de elementos pesados. Este es un trabajo no solo hecho en Colombia, sino también a nivel mundial, organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) promueven esta actividad en países africanos”, explicó el profesor Luis Carlos Montenegro, durante la reciente sesión de la Cátedra José Celestino Mutis.

Pero no es la única aplicación en la que la U.N. trabaja.  Este docente e investigador, lidera también un proyecto centrado en la producción de algas unicelulares como hematococos, que generan antioxidantes utilizados en farmacología y cosmetología.

De igual forma, se sigue trabajando en la parte alimenticia gracias a la espirulina, a través de la promoción de su cultivo, cosecha y consumo en familias campesinas colombianas. El trabajo inicial se hizo en la granja piscícola La Terraza, en Villavicencio.

Cianobacterias y toxinas

Dentro de los invitados a la reciente sesión de la Cátedra, que este año centra su atención en tres temas fundamentales: estudios biológicos y la seguridad alimentaria, estudios ecológicos y medio ambiente para el beneficio de la comunidad, y biotecnología y sociedad, también intervino Vítor Vasconcelos, director del Centro de Investigación Marina y Ambiental (Ciimar) y docente de la Universidad de Porto (Portugal), quien habló de las cianobacterias y toxinas originarias de estos microorganismos.

Estas se producen desde genes del ADN de las cianobacterias, aunque no todas las generan. Sin embargo, se convierten en un problema de salud por los efectos que producen. Uno de ellos son las hepatoxinas, que afectan el hígado; las otras son neurotoxinas, que se encargan del sistema nervioso.

Las cianobacterias y sus toxinas asociadas están presentes en embalses, lagos y ríos sin corriente muy fuerte, puesto que prefieren ambientes más tranquilos con luz y nutrientes.

“La mayoría de las intoxicaciones humanas son crónicas, por lo que debe hacerse un monitoreo en el agua, más aún cuando se usa para riego o consumo”, afirmó el profesor Vasconcelos.

Fuente: Universidad Nacional de Colombia